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Archive for the ‘Bilbao’ Category

Aurresku del alcalde en Begoña

Siendo alcalde de Bilbao, recuperé una tradición con motivo de la fiesta del 15 de agosto, que se celebra en Begoña al comienzo de la Aste Nagusia.

El aurresku es un baile de saludo y de respeto que habitualmente se baila a la Autoridad o a la persona a la que se quiere mostrar un respeto.

La Virgen de Begoña tiene una gran fuerza para todos los vizcainos. Aunque el verdadero día de la Virgen de Begoña es el 11 de octubre, sin embargo, el 15 de agosto es el día de la gran fiesta y se celebra en Begoña. Desde pequeño había sentido un gran respeto por esa tradición. Recuerdo siendo niño, con 8 ó 10 años, cómo bajaban cuadrillas de jóvenes de Gorliz hacia Plencia, donde se les unía más gente con el fin de llegar a Begoña, caminando toda la noche para recorrer los 25 ó 30 Kms. de distancia.

Había oído algo en relación con una vieja costumbre de que la autoridad bailaba un aurresku, precisamente en Begoña. Por más que quise enterarme solo pude descubrir que a principios del siglo XX algún alcalde lo bailaba, pero nada más.

En la explanada situada detrás de la Basílica, tras la misa, solía tener lugar un acto cívico en el que participaban la Banda de Música, la de Txistularis y diversos grupos de danzas. El comienzo del acto, como es habitual en el País Vasco, consistía en un aurresku de honor, bailado por un dantzari.

El 15 de agosto de 1987, recién elegido alcalde de Bilbao, quise dar una interpretación distinta al baile tradicional, acorde con el sistema democrático, que significara que, si bien a lo largo del año, el aurresku se bailaba en honor de las autoridades, una vez al año, coincidiendo con el comienzo de las fiestas, iba a ser la primera autoridad municipal la que lo bailara en honor y respeto del pueblo, mostrando que es el pueblo y no la autoridad, el verdadero titular del poder, que lo ejerce mediante el ejercicio del voto libre. Así lo dejé escrito en mi libro “La política de otra manera” (1993, pág. 104):

Bailo al pueblo de Bilbao, reconociéndole que si tengo autoridad como alcalde es porque es ese mismo pueblo quien me la otorga

Y añadía:

“Le quise dar un significado de acuerdo con la democracia que vivimos. Un alcalde tiene que ser de todos. No sólo de los de su partido. No sólo de los que le han votado. Sino de todos y de todas. Y esa regla debe valer siempre, aunque cueste el cargo. El alcalde representa a toda la ciudad y su trabajo debe servir al interés general de los vecinos y vecinas” (pág. 98).

Así lo hice los años en que tuve el honor de ser alcalde de Bilbao (1987-1990).

La expectación era enorme y debo decir que para bailarlo ante varios centenares de personas que se arremolinaban en la plaza de detrás de la Basílica, había que ensayar duro. Yo lo hice en el ayuntamiento, en la alcaldía, aprendiendo los pasos de Ramón, experto dantzari y de los txistularis Boni y Mikel.

En mi caso, la forma de bailarlo era vestido de chaqué, como entendía que corresponde a la solemnidad del acto, situado en el centro de la plaza, bailándolo solo, sin compañía. Con alguna excepción, los siguientes alcaldes han continuado la tradición, aunque variando algo el modo de la danza, yendo el alcalde el aurreskulari (el bailarín que va por delante, el primero), acompañado de un segundo dantzari, como lo ha hecho el nuevo alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto.

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Fecha, autoridad que otorgó la carta puebla y demás circunstancias de la fundación de Bilbao son datos que resultan poco conocidos por lo que  merece la pena tratar de aclararlo.

Dejo para otra ocasión el análisis del contenido específico de la carta y fuero aplicable.

I

Se suele dar por hecho y es comúnmente admitido por todos, incluida la propia institución municipal, que la carta puebla fundacional de la villa de Bilbao fue otorgada por Diego López de Haro V, el 15 de junio de 1300, tal y como consta en el documento conservado en el Archivo Histórico Municipal de Bilbao.

Sin embargo, dicha afirmación debe ser matizada con otros hechos históricos que también tuvieron lugar en esa época de la Edad Media.

En junio de 1288, el entonces señor de Bizkaia, Lope Díaz de Haro, quien además de señor de Bizkaia era también  vasallo del rey de Castilla, en base a las muchas otras propiedades que disponía dentro del reino de Castilla, fue muerto en Alfaro en una emboscada que le preparó su cuñado, el rey Sancho IV, influenciado por su esposa María de Molina y varios ricos-hombres del reino.

Lope Díaz de Haro tenía un hermano, Diego López de Haro, una hija, María Díaz de Haro, casada a su vez con el infante Juan de Castilla y un hijo,  llamado también Diego López.

A partir del asesinato de Lope Díaz de Haro, el señorío de Bizkaia entró en una situación compleja y conflictiva en cuanto a su titularidad.

Primero, el hijo de Lope Díaz, y luego su tío, Diego López de Haro, trataron de recuperar el Señorío por las armas, concitando el apoyo de las casas-fuertes y castillos de Bizkaia. Sin embargo, el rey de Castilla, Sancho IV, ocupó Bizkaia por medio de sus mílites. En 1294, lo transfirió por la vía de hecho a su hijo Enrique, en expresión del ejercicio de soberanía sobre un territorio, Bizkaia, que había ocupado por las armas.

Por ello, Diego López de Haro tuvo que esperar su ocasión propicia, que se presentó en 1295, tras la muerte de Sancho IV y los disturbios surgidos en la minoridad de su hijo, Fernando IV.

Así, en 1295, Diego López de Haro con su gente y con el apoyo de otros ricos- hombres como los Lara, se fue a Bizkaia y lo tomó para sí, sin resistencia de ningún tipo, iniciando de esta manera el mando sobre el señorío.

Por su parte, María Díaz de Haro, por ser hija del asesinado Lope Díaz, se consideraba con derecho al Señorío. Ella y su marido, el infante don Juan, reclamaban para sí el señorío de Bizkaia; y, aunque en junio de 1300, don Juan llegara un acuerdo con Diego López de Haro , por el que don Juan y su esposa María Díaz de Haro renunciaban a Bizkaia a cambio de otras propiedades en Castilla, el contencioso no se resolvió.

Diego López de Haro el V, empezó a ejercer de señor de Bizkaia y en una de sus primeras resoluciones, en concreto del 15 de junio de 1300, fundó la villa de Bilbao, en tierras que habían pertenecido a Begoña, mediante carta puebla “con complacencia de los vizcaínos”, tal y como lo exigía el derecho consuetudinario.

El litigio por el señorío de Bizkaia siguió, no obstante, su curso. Diego López de Haro era el señor de Bizkaia y actuaba como tal, pero su sobrina, María Díaz de Haro, nunca renunció al Señorío.

Por fín, tras numerosos intentos fracasados con la mediación del rey de Castilla Fernando IV (así consta en sus crónicas), las partes acordaron que Diego López de Haro siguiese como titular del señorío (con “Vizcaya é Orduña é Balmaseda é las Encartaciones”) en toda su vida y, a su muerte, heredaría su sobrina María Díaz de Haro.

Dicho acuerdo tuvo que ser ratificado por las Juntas Generales de Arechabalaga en el verano de 1037, enmendando otro anterior en el que se había dado el visto bueno al hijo de Diego López de Haro como heredero de su padre.

De esta resolución se puede colegir como acreditado el ejercicio de la  soberanía sobre el territorio vizcaino por parte de las Juntas Generales:  acuerdo de ratificación de nombramiento de la primera autoridad del señorío, tomado voluntariamente por los miembros participantes de las juntas.

Se da la circunstancia que es la primera vez que aparece documentado un acto de dichas Juntas, lo que permite afirmar que, aunque se escriba y se afirme mucho de su relevancia e importancia histórica, así como de sus muy destacadas competencias, lo cierto es que, lamentablemente, se acredita muy poco, dado que la falta de fuentes documentales es muy sobresaliente, al menos en años anteriores a estos primeros del siglo XIV.

 II

Tras el fallecimiento de Diego López de Haro en 1310, María Díaz de Haro tomó posesión del señorío en Gernika en la primavera de 1310.

No se sabe muy bien por qué, pero sea porque los bilbainos tuvieran dudas acerca de la legitimidad de la fundación de Bilbao (otorgada en 1300 por Diego López), sea porque la nueva señora de Bizkaia cuestionaba la legitimidad del ejercicio del poder por parte de su tío (en coherencia con el conflicto sucesorio que había permanecido abierto más de una década) , el 25 de junio de 1310, María Díaz de Haro otorgó nueva carta-privilegio de fundación a Bilbao.

El contenido de la carta fundacional es el mismo que la de don Diego, con el añadido de que “el camino que va de Orduña a Bermeo”, e iba por Echavarri, “que vaya por aques de mi villa de Bilbao y no por otro”, y ordenaba que “cualquiera que tomase otro camino que éste designado, que lo retuviesen y tomasen los merinos y preboste de Bilbao cuanto llevare y con él hicieren lo que por bien tuvieren…”.

  III

El primer fundador de la Villa de Bilbao, Diego López de Haro, V del nombre, fue llamado también el Intruso, por la poco ortodoxa o al menos conflictiva manera de suceder a su hermano Lope Díaz de Haro; aunque quizás no debería sorprendernos pues el método de acceder al poder era bastante habitual en los reinos y señoríos de la Edad Media…

La Villa de Bilbao fue fundada en dos ocasiones, la primera en 1300, por Diego López de Haro el V o el Intruso, y la segunda en 1310, por María Díaz de Haro.

¿Cuál de las dos fundaciones debe considerarse como la auténtica?

Sería interesante investigar la evolución de los acontecimientos ya que en la actualidad se asume sin matizaciones como acto legítimo el de la fundación por parte de Diego López de Haro, lo cual, como queda recogido, no se compadece con rigor a los hechos tal y como acontecieron.

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Merece la pena recordar la historia de los Consulados (de mar y terrestres) y su relevante papel en la economía y el derecho, privado y público, de cada una de las circunscripciones en que desplegaron sus competencias y actuaciones.

El 21 de julio de 1494, se creaba el Consulado de Burgos por los reyes Fernando e Isabel:

“… damos licencia, poder y facultad y jurisdicción a Prior y Cónsules de los mercaderes de la ciudad de Burgos, que ahora son y serán de aquí adelante, para que tengan jurisdicción de poder conocer y conozcan de las diferencias y debates que hubiere entre mercader y mercader, y sus compañeros y factores sobre el trato de mercaderías, así como sobre trueques y compras y ventas, y cambios y seguros, y cuentas y compañías que hayan tenido y tengan, y sobre fletamentos de naos, y sobre las factorías que los dichos mercaderes hubieren dado a sus factores, así en nuestros reinos como fuera de ellos…”.

 

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En el caso de Bilbao, tenían los mareantes (marinos), maestres de naos y mercaderes su Cofradía, puesta bajo la advocación de Santiago, instituida desde tiempo inmemorial y a imitación de las conocidas en otros pueblos, hasta que  Juan de Ariz, en nombre de un grupo de comerciantes de Bilbao (fiel y diputados de la contratación), solicitó y obtuvo su despacho por medio de Carta real, dada en Sevilla el 22 de junio de 1511. Poco antes se había creado en 1489 la Casa de Contratación de Vizcaya en Brujas.

Su impulso estaba basado en la idea de dotar a los comerciantes organizados de jurisdicción, distinta de la del cuerpo de regidores (esto es, la del ayuntamiento):

“Que en la dicha Villa de tiempo inmemorial a esta parte existían las figuras de fiel y dos diputados, que son un cónsul mayor y dos menores y una Universidad de Mercaderes y Maestres de naos y Tratantes, los cuales se suelen elegir y nombrar por dicha Universidad cada año, de la misma manera como se eligen y nombran prior y cónsules por la Universidad de Mercaderes de la ciudad de Burgos y en la misma forma y manera tienen su Sello como Universidad aprobada y tienen sus Ordenanzas usadas y guardadas y confirmadas….”.

“Un alegato de los mercaderes de la Villa, en pleito con la Universidad de Burgos a mediados del siglo XV, afirma asimismo que la antigüedad de aquella institución, poniendo la calificación de sus rectores en un privilegio del Rey don Enrique, por el que se les autorizaba para titular a los jueces y mayordomos de su cofradía con un nombre conveniente cual quisieren, y ellos usaron el denominarlos fiel y diputados, “porque así como el uso de los reinos de Castilla y de León es nombrar a sus jueces de mercaderías priores y cónsules, semejantemente el de los países de Vizcaya y de Guipuzcoa es nombrarlos fiel y cónsules“. También son conocidas la absorción de la importancia mercantil de la nación de Vizcaya en Brujas por los mercaderes de Bilbao, sustituyendo con el nombre de la Villa, a finales del siglo XV, la antigua denominación de aquella asociación de negociantes; y las expresiones puestas por el Rey Católico (1504) en la confirmación de las treguas de los osterlines y alemanes con los negociantes de Castilla y de dicha nación de Vizcaya establecidos en los Estados de Flandes, en el cual testimonio se declara que los cónsules de los mareantes de Castilla se llaman “cónsules de Castilla” y los de Vizcaya son nombrados “cónsules de Bilbao“.

Merece la pena recordar el inicio de la carta del rey Fernando:

Damos licencia y facultad a los Cónsules de la universidad de los capitanes y mercaderes, y maestres de naos, y tratantes de la Villa de Bilbao, que ellos entre sí, cerca del trato de sus naos y mercaderías y lo tocante a ello, se rijan y gobiernen por la pragmática de suso contenida, y capítulos en ella insertos, que fue dada a los Prior y Cónsules y mercaderes de la ciudad de Burgos, bien así y tan cumplidamente como si fuera dada a los dichos Cónsules y universidad de la dicha Villa de Bilbao… les doy poder cumplido con todas sus incidencias y dependencias, anexidades y conexidades…”

La institución, cuya existencia estaba probada desde “tiempo inmemorial”, pasó entonces a denominarse Consulado, Casa de la Contratación, Juzgado de los hombres de negocios de mar y tierra y Universidad de Bilbao.

El Consulado de Bilbao, así instituido, emprendió un crecimiento y desarrollo tal que, como afirma Teófilo Guiard y Larrauri, “a los pocos años pudieron sobrepujar en medios y fondos al ayuntamiento que les dio el ser“.

Muy favorecido en la contratación mercantil por el puerto y el empuje de sus gentes, al cabo de unos pocos años, el Consulado de Bilbao desplazó al de Burgos y fue capaz de asumir para sí los privilegios generales otorgados al concejo de Bilbao.

Quedó también instituido el Juzgado de la Contratación de Bilbao, disponiendo de jurisdicción privativa. Fue considerada tan privativa dicha jurisdicción que

“todo recurso a la real Chancillería de Valladolid y a los Consejos de Castilla y de Guerra deberían ser desestimados, mandándose remitir las causas al Juzgado de la Contratación de Bilbao, facultad de jurisdicción reasegurada mayormente por una R.C. dada en Toledo el 8 de octubre de 1560 y otra despachada el 11 de noviembre de 1592”.

Usando de dicha jurisdicción, el Consulado de Bilbao conocía privativamente:

– de todos los pleitos y diferencias entre mercaderes y sus compañeros y factores, sobre sus negociaciones de comercio, compras, ventas, cambios, seguros, cuantes de compañías, fletamentos de naos, factorías y otros asuntos que se detallan en sus Ordenanzas.

Posteriormente, el 2 de diciembre de 1737, el rey Felipe V otorgó una nueva disposición que recogía y ampliaba las competencias del Consulado de Bilbao en relación con su Jurisdicción y con el orden de proceder en primera, segunda y tercera instancia. En los apartados 6 y 7 se recogen parte de los valores ínsitos en el Consulado de Bilbao:

“En cuando en dicho Consulado deben determinarse los pleitos y diferencias de entre las partes breve y sumariamente, la verdad sabida y la buena fe guardada por estilo de mercaderes, sin dar lugar a dilaciones, libelos ni escritos de Abogados..ni guardar la forma y orden del Derecho…”.

Consolidada la jurisdicción del Consulado por las ejecutorias reales ganadas y afirmado el régimen interno con la sucesión de Ordenanzas particulares y generales promulgadas, el Consulado tomo sobre sí funciones de carácter público, ejecutivo y de policía, como la reparación de los caminos y calzadas de su tráfico, obras y limpieza de la ría y barra y servicio del puerto, posición de boyas, señales en peñas del río, luces, socorro de lanchas-avisos y corsarios que protegiesen el litoral cuando los lances de guerra (véase en la Novísima Recopilación, Tomo Noveno, editada en Madrid, 1850).

Camilo de Villabaso, en su obra “La cuestión del Puerto de la Paz y la Zamacolada” (1887) afirma, refiriéndose al Consulado de Bilbao, que:

“… sin su existencia en la historia puede dudarse de si esta Villa hubiera alcanzado el grado de actividad mercantil, de riqueza, de vitalidad y del esplendor en el que actualmente la contemplamos…”.

Pedro de Medina, en el “Libro de grandezas y cosas memorables de España” escribía en 1566 que:

“la villa de Bilbao es pueblo noble, rico, abastado y de mucha calidad porque en esta Villa principalmente se hallan tres cosas con que un pueblo es noblecido, que son asiento de tierra, abundancia de mantenimiento, trato de gentes y mercaderías; todo esto se halla en esta Villa…”.

Mientras que Andrés Poza (el “Licenciado Poza”), decía en 1587 :

“… aquí es gente ilustre y magnífica en su trato; contratación grande; mucha riqueza; hombres y mujeres muy bien tratados….”.

Con todo, una de las aportaciones más universales del Consulado de Bilbao fueron sus conocidas Ordenanzas, en especial, las Ordenanzas de Bilbao de 1737, auténtico Código de Comercio que estuvo en vigor en diecinueve países de Iberoamérica hasta bien entrado el siglo XIX.

La Constitución de Cádiz de 1812, y, especialmente, sus principios uniformizadores, dieron al traste con las facultades y actuaciones de los Consulados, hasta que, en 1866 se crearon las Cámaras de Comercio y, en paralelo, nuevos cuerpos para la gestión de los puertos (hoy en día Puertos del Estado), desmembrando en dos instituciones (Cámaras y Puertos) lo que hasta entonces había sido una, y, sobre todo, eliminando las competencias jurisdiccionales y gubernativas.

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El 15 de junio de 1300 fue fundada, por primera vez, la villa de Bilbao por parte del señor de Vizcaya, Diego López de Haro. Hoy hace 713 años. Un año antes había fundado también la villa de Plencia.

Diez años más tarde, en concreto, el 25 de junio de 1310, volvió a ser fundada la villa por María Díaz de Haro, mediante carta-privilegio similar a la de Diego López, pero sin hacer la más mínima mención a la de su antecesor.

El que Bilbao fuera fundada dos veces tiene una explicación histórica, cuyo origen fue la disputa sobre a quién correspondía el señorío:

– al tío, Diego López de Haro, que había  “tomado” de facto el señorío en el año 1295, tras el asesinato de su hermano Lope Díaz de Haro en Alfaro en 1288 (fue muerto por orden directa del rey de Castilla, Sancho IV), aprovechándose de la situación incierta en cuanto a la titularidad del señorío;

– o a la hija de Lope Díaz, y sobrina de Diego López, María Díaz de Haro, quien tras un acuerdo transaccional con su tío, avalado por las Juntas Generales de Vizcaya, accedió al señorío a la muerte de Diego López de Haro, en 1310 y repitió el acto fundacional.

Debe decirse que Diego López  de Haro pasó la mayor parte de su vida fuera de Vizcaya, territorio del que, a pesar de ser su señor, no dejó nada escrito, por él o por algún cronista,  que acreditara sus actuaciones en beneficio de los vizcainos, o la actividad de las Juntas Generales de Gernika, debiéndonos remitir a lo que los cronistas reales dijeron de él, en su calidad de vasallo de los reyes, no como señor de Vizcaya.

Murió en 1310, en el cerco de Algeciras,  acompañando al rey de Castilla, Fernando IV, en plena actividad militar, guerrera y de conquista, que fue en lo que destacó en su vida, por tierras de Castilla principalmente.

En síntesis, sin perjuicio del positivo impacto económico que tuvo la constitución de Bilbao como villa en el comercio y la actividad naútica, pocas cosas dejó hechas Diego López de Haro por las que tengamos que recordarle y reconocerle los vizcainos.

Por tanto, la celebración de hoy 15 de junio, no es del todo pacífica, ni por el recuerdo de un señor del que se desconoce todo en relación con Bilbao y Vizcaya y por la repetición del acto fundacional de la villa, diez años más tarde, que cuestionaba la legitimidad de la primera fundación por parte de Diego López de Haro.

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 I

La villa de Bilbao fue fundada dos veces:  primero por Diego López de Haro, V, el Intruso, mediante Carta Puebla, el 15 de junio de 1300, comentada en otra entrada anterior

Estatua de Diego López de Haro, obra del escultor valenciano Benlliure, situada en la Plaza Circular, inicio de la Gran Vía bilbaina

No fue Diego López quien asentó propiamente la población. Bilbao existía como puebla marítima ocupada por mareantes y pescadores, en los que se basó la repoblación. La comodidad del sitio, la hermosa ría que la bañaba en el curso de dos leguas largas convidaba a la organización de una puebla que diese vida y energías al movimiento naviero que existía, y el comercio supliera la esterilidad de la tierra, sólo rica en mineral de hierro, escasamente explotado. En la parte en que se hizo la nueva puebla existían únicamente algunas casas torre, la iglesia de Santiago (hoy en día, la catedral de Bilbao) y algunos labradores y pescadores (Labayru, “Historia General del Señorío de Bizkaya“, Tomo II, 1897).

Diego López erigió Bilbao con complacencia de los vizcainos, llenando una de las condiciones que exigieron siempre los de la tierra a sus señores, esto es, que no se edificase puebla de ninguna villa sin su consentimiento (Ley 8.ª libro 1.º del Fuero).

Repitió la fundación diez años después María Díaz de Haro, otorgando nueva carta-puebla, con expresiones semejantes a la primera y omitiendo la referencia  a la concedida por don Diego.

Siguiendo al historiador José Ángel García de Cortázar, la evolución medieval del casco urbano de la villa conoció tres momentos fundamentales: el primero, el de su creación, en el que Bilbao constaría de tres calles: Somera, Francos o Artecalle y Tendería; en un segundo momento, a partir de 1425, se conoce un primer ensanche con cuatro calles: Pesquería o Belosticalle, Carnicería, Barrencalle la susera y Barrencalle la yusera (Barrencalle Barrena). Sumadas, daría lugar a la denominación del Casco Viejo (Bilbo Zaharra), con su núcleo inicial que ha permanecido hasta nuestros días: Siete Calles (Zazpi Kale).

Luego, hacia 1480 y en adelante, tendría lugar un segundo ensanche, con la creación de la calle Bidebarrieta, Cruz y Ascao.  Otros especialistas agrupan las dos primeras fases en una, la correspondiente a la formación de las Siete Calles.

Área de Bilbao sobre la que se fundó la villa en 1300. A la izquierda de la foto sobresale la catedral de Santiago, en el centro, el Teatro Arriaga y a pie, la torre de la Casa Consistorial

II

¿Por qué se fundó dos veces? ¿Quiere decir que la primera fundación de la Villa fue nula?

La explicación es sencilla. En 1288, a la muerte de Lope Díaz, conde de Haro y señor de Vizcaya, asesinado en Alfaro, tuvo lugar una grave disputa para la sucesión en el Señorío.

María Díaz de Haro era hija de Lope Díaz, por lo que, en base a una mayor proximidad de grado, reclamaba el señorío. Diego López de Haro, hermano de Lope Díaz,  lo hacía en base a que no había existido precedente de que el señorío recayera en una mujer.

Los vizcainos, que en el caso de fallecimiento de línea eran los propios jueces, respecto de la libertad de aquel señorío, sentenciaron por Diego López, declarándole su señor y jurándole por tal según su fuero…” (de acuerdo con Pimentel, en sus “Reparos históricos a la Historia de Ferreras“, citado en “Historia de los Fueros de Navarra, Vizcaya, Guipuzcoa y Álava“, de Amalio Marichalar y Cayetano Manrique, segunda edición facsímil, de la segunda edición corregida y aumentada de 1868).

Fueron por tanto los mismos vizcainos quienes dirimieron la cuestión.

Diego López de Haro tenía un hijo, Lope Díaz, que era a quien le correspondía suceder a su padre en el señorío de Vizcaya.

No obstante, al rey de Castilla, Fernando IV, convenía, por razones políticas, que el señorío pasase al infante don Juan, casado con María Diaz de Haro, por lo que trató de que Diego López de Haro variase la sucesión y no le heredara a su muerte su hijo, Lope Díaz, como señor de Vizcaya.

La variación de la sucesión está documentada en un acto oficial en el que no interviene el rey, sino los hombres buenos de Vizcaya y asiste, tan sólo en calidad de testigo, el merino mayor de Castilla, Sancho Sánchez de Velasco. Lo recoge así la “Crónica General“:

“Hizo D. Diego juntar a todos los homes buenos de Vizcaya en aquel lugar donde suelen hacer el ayuntamiento cuando toman Señor, que es en Arechabalaga; y estando allí todos juntados, contóles D. Diego todo el hecho en cómo pasara… y ellos respondieron, que, pues lo él por bien tenía, que lo harían ellos; mas que bien sabía de cómo habían hecho homenaje a D. Lope, su hijo, para después de su vida del o a sus hijos, y que cómo podían hacer tantos homenajes. Entonces D. Lope habló con estos hombres buenos y díjoles… que les quitaba el homenaje que le habían hecho: y desde ellos esto vieron recibiéronla por señora en aquella manera que lo solían hacer a los otros señores que fueron de Vizcaya, y hicieron pleito y homenaje de se lo cumplir”.

El rey Fernando IV hizo cuanto pudo para lograr que el hijo de Diego López de Haro, Lope Díaz, renunciara a la sucesión, halagando a éste con grandes mercedes, pero el hecho cierto es que, tal y como se aprecia en el texto transcrito, en la renuncia de D. Lope, hijo de D. Diego, y la consiguiente sucesión de doña María Díaz de Haro, para nada interviene el rey, no hay mandato alguno a los vizcainos ni apariencia siquiera de la menor coacción.

Don Diego Lopez de Haro murió en el cerco de Algeciras en 1309 y los vizcainos tomaron por señora enseguida y, conforme a lo jurado, a doña María Díaz, mujer del infante D. Juan, “en aquel lugar que es acostumbrado según el fuero de Vizcaya, así como lo suelen hacer a todos los señores de Vizcaya” (texto de la colección diplomática de Fernando IV, citado por Marichalar y Manrique, 1868).

En recuerdo, Bilbao dedica desde 1879 su Gran Vía a D. Diego López de Haro (arteria principal de la Villa que va desde la Plaza Circular, Plaza de Federico Moyua o Plaza Elíptica, hasta la Plaza del Sagrado Corazón) y a Doña María Díaz de Haro , a quien se puede considerar como “cofundadora” de la Villa, una de sus calles principales, perpendicular a la Gran Vía desde donde arranca para extenderse hasta la calle Autonomía.

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Fui alumno (y después profesor) de la Universidad de Deusto, de “La Comercial” (en donde estudié, becado por la Fundación Vizcaina Aguirre, Ciencias Económicas y Empresariales) y de “La Literaria” (Derecho).

Hoy la Universidad de Deusto cumple 125 años, los mismos, por cierto, que la Cámara de Comercio de Bilbao, en donde fui Secretario-Director mediante un concurso público con bases aprobadas por el Ministerio de Industria y Comercio y trabajé varios años, y a la que he dedicado varios artículos en este blog.

En homenaje a la Universidad de Deusto y en recuerdo de algunos de los profesores, principalmente jesuitas (padre Bernaola, Chacón, Arza, Colinas Aguirrebengoa, Urrutia, Ostolaza, etc.) cuelgo aquí unas fotos de los dos edificios, el principal o “Literaria” y “La Comercial”.

Desde las aulas se veía la ría, y la ría entonces (años 70) estaba llena de barcos.

Hoy todo eso ha cambiado.

Mencionaré de manera especial al padre Bernaola, de Markina, director de La Comercial. Era muy exigente con sus “chicos” (las chicas entonces empezaban a estudiar en La Comercial, como es el caso de Isamari Zarauza actual alcaldesa de mi villa natal, Plencia, Begoña Revuelta y Maite Belausteguigoitia),  pero gestionaba admirablemente, de manera muy directa, tanto la enseñanza como la colocación posterior de sus alumnos, los de “La Comercial”.

Recuerdo que accedí a mi primer trabajo en la empresa “Echevarria S.A.” por su mediación. Inicié mi trabajo y el primer día, el de mi incorporación, me llamó Bernaola para que fuera a su despacho y me dijo que dejara “Echevarria” y optara a otro trabajo en Galletas Artiach. Así lo hice y, por medio de Amador Ferruelo, entonces responsable de selección  de la empresa de selección y formación ICSA, fui contratado para asumir las funciones de “controller” en Galletas Artiach, entonces participada en un 75% por la multinacional Nabisco.

Lo curioso es que en el documento de mi vida laboral figuro con ¡un día! en mi primer trabajo, Echevarria, S.A. Anécdota llevada a cabo bajo la estricta supervisión del padre Bernaola.

Y más curioso aún es que, muchos años después, siendo alcalde de Bilbao, convertimos en parque los terrenos de Echevarria, en Begoña.

 

La Comercial“, en la que hice la licenciatura en Ciencias Económicas y Empresariales y luego fui profesor una decena de años, primero de Contabilidad, como auxiliar de José Ignacio Arrieta y luego de Organización y Dirección de Empresas, junto con Francisco Simeón.

A la Comercial, que siempre ha tenido gran prestigio académico y profesional, venían alumnos de muchos lugares distintos al País Vasco, como Catalunya, Valencia, Madrid, Canarias, Castilla, etc.;  incluso tuvimos un compañero mexicano, Justino López Barrera, con el que mantengo aún correspondencia por medio de internet.

“La Literaria”, edificio principal de la Universidad de Deusto. A la derecha se aprecia el puente “Padre Arrupe“, en homenaje a Pedro Arrupe, que fuera Prepósito General de la Compañía de Jesús

El puente es peatonal, de madera, y permite el acceso desde la “Avenida de las Universidades” a Abandoibarra, la zona portuaria recuperada, donde se encuentra, además del Guggenheim y la torre Iberdrola, la Biblioteca de la Universidad de Deusto, así como el Rectorado de la Universidad del País Vasco Euskal Herriko Unibertsitatea.

La Universidad aparece en la parte superior de la imagen, en el centro.

 

A la izquierda de la ría, Abandoibarra, zona recuperada del puerto y regenerada, que forma parte del nuevo Bilbao. A la derecha, la “Avenida de las Universidades“; al final, la Universidad de Deusto.

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Decía el escritor y periodista catalán Juan Mañé y Flaquer que el paseo del Arenal bilbaino es…:

el mejor adorno de Bilbao y motivo de legítimo orgullo para los bilbainos“, que

ocupa un espacio casi triangular comprendido entre el Nervión y las calles del Arenal y de la Estufa. Cerca de 300 árboles, robustos robles, corpulentos tilos, hermosos castaños de India, majestuosos plátanos y graciosas acacias, forman siete espaciosas calles y otras de menores dimensiones...”.

Esto lo escribió Mañé y Flaquer en 1876, en el III tomo de su obra “El Oasis. Viaje al País de los Fueros“, dedicado a Vizcaya.

La Aste Nagusia (Semana Grande) de Bilbao, cada vez más conocida y concurrida por cientos de miles de bilbainos y visitantes, concentra lo más popular del programa de actos en el recinto del Arenal.

Ahí se agrupan las txoznas, representantivas de las comparsas, asociaciones y cuadrillas de la Villa, que comparten con el ayuntamiento la programación y organización de las fiestas desde los albores de la democracia. El sistema de organización festiva, no exento de momentos de discrepancia e incluso de tensión, entre ayuntamiento y comparsas, es, no obstante, todo un ejemplo de participación popular, que ha sabido mantenerse y adaptarse a los tiempos durante más de 30 años.

Es cierto que hay sectores políticos y sociales a los que les gustaría que las comparsas tuvieran menos influencia en las fiestas, pero es más cierto que el sistema funciona muy razonablemente, por lo que, a mi juicio, debe continuar así en el futuro, con este grado de cooperación.

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Símbolos de las fiestas hay muchos. En el Arenal permanecen dos que para mí tienen un recuerdo especial. La escultura de Balendin Enbeita, uno de los bertsolaris más significativos del siglo pasado, que dedicó su vida a la difusión de nuestra lengua milenaria por medio de un original espectáculo de improvisación, un debate, cantado y versificado, entre varios contendientes, sobre las más diversas materias, muy arraigado en la cultura popular que durante muchos años fue el casi único procedimiento de difusión oral del euskera y de la cultura vasca.

El ayuntamiento le dedicó este merecido homenaje. 

Muy cerca de donde se encuentra el busto de Enbeita, en la Plaza de Santiago, se pueden escuchar los versos de los bertsolaris más reconocidos de la actualidad. Quizás habría que acercar el busto de Enbeita a la Plaza de Santiago o, mejor, las actuaciones de los bertsolaris llevarlas al Arenal, al lado de Enbeita.

 

En un lateral del quiosco del Arenal, se colocó en su día una obra escultórica en  recuerdo del que fuera director de la Banda Municipal de Música, Urbano Ruiz Laorden.

Los conciertos de la Banda de Música y la actuación de los bertsolaris, son, sin duda alguna, dos de los actos más representantivos de las fiestas de Bilbao.

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El “tilo”  (árbol tiliáceo muy frondoso, cuyas flores son la tila) siempre fue uno de los símbolos del Arenal, poblado en otros tiempos por numerosas especies arbóreas, como nos recuerda Mañé y Flaquer. Siendo alcalde de la Villa planté un tilo en el año 1989, en un lugar destacado del Arenal que, posteriormente, fue sacrificado en una renovación urbanística de la zona. Incluso un pequeño bar del Arenal se denomina “El Tilo“, lugar al que acompañé más de una vez a Jorge Oteiza, que gustaba de visitar para contemplar los bellos frescos del pintor Juan de Aranoa en su interior. ¡Lástima que permanezca cerrado!

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