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Archive for the ‘Actualidad’ Category

Dentro de la semana de la arquitectura organizada para conocer edificios emblemáticos de la ciudad, los arquitectos de Madrid van a rendir homenaje al arquitecto navarro Francisco Javier Sáenz de Oiza por considerarlo “maestro de maestros de la segunda mitad del siglo XX”.

Así lo ha anunciado hoy la presentadora bilbaína Ana Blanco en el telediario de TV1, añadiendo la periodista Sara Ramos Soriano que Sáenz de Oiza “rompió esquemas” en la arquitectura en 1955 con la basílica de Aránzazu en Oñate, y después la sede del Banco de Bilbao en Azca y el edificio de Torres Blancas, ambos en Madrid. La información ha concluido con el dato de que se exponen 400 planos originales y 60 maquetas de Oiza. No sé si el proyecto del cubo de la Alhóndiga de Bilbao se incluye en esos planos y maquetas de la exposición. Por ello y para aportar información documentada escribo esta entrada.

Pues bien, el arquitecto navarro fue contratado por el ayuntamiento de Bilbao en los años 1988 y 1989 para que desarrollara arquitectónicamente, junto con Jorge Oteiza y el también arquitecto bilbaíno Juan Daniel Fullaondo, el centro cultural de la Alhóndiga, que queríamos convertir en una “factoría de arte” en expresión feliz de Oteiza. Nos presentaron un proyecto inicial muy innovador, rompedor, con dos cubos y un paralelepípedo que unía ambos edificios en el aire, que lo tuvimos que ir modificando para cumplir los numerosos requisitos que nos iban imponiendo desde una denominada Comisión técnica nombrada por el Gobierno Vasco a través de la Consejería de Cultura. Tras un largo período de cambios y adaptaciones a las exigencias de la citada Comisión, se celebró una reunión en el interior del edificio de la Alhóndiga, en la que el máximo dirigente del PNV, con dos arquitectos amigos suyos y Michel Unzueta, trató de mediar para que hiciéramos alguna modificación más al objeto de conseguir los necesarios permisos. A la reunión asistí junto con Saénz de Oiza pues deseábamos seguir adelante con el proyecto, aceptando numerosos cambios que no modificaran sustancialmente el proyecto Oteiza-Oiza-Fullaondo.

De la supuesta mediación no tuve más información. No sé con quién habló el dirigente del PNV ni siquiera si lo hizo personalmente, pero si gestionó con las autoridades del Gobierno vasco no sirvió de nada. Al final nos denegaron los permisos. Sobre esta cuestión se puede leer varias entradas de este blog en las que fundamento mi posición como promotor del proyecto en calidad de alcalde de Bilbao, y las claves políticas del proyecto y de su rechazo por las autoridades vascas. Véase capítulo I(gestación), II, III, IV(centrado en la argumentación técnica de Sáenz de Oiza), V y VI(mi dimisión como alcalde de Bilbao).

En esas entradas explico con detalle el proceso y destaco la manifiesta contradicción que supuso la denegación del permiso para el cubo de la Alhóndiga, siendo una iniciativa pública, con la autorización para derribar un edificio de características análogas y edificar dos torres dejando tan solo un pequeño recuerdo de la fachada del edificio antiguo, de iniciativa privada. Por cierto, también habíamos aceptado esa fórmula de conservar un trozo de la fachada, aunque recibimos la enésima respuesta negativa. Hoy se podría añadir el caso de las torres que se han construido ya en Bilbao, de altura igual o superior a nuestro proyecto, dado que la altura era, supuestamente, uno de los argumentos “técnicos” que utilizaban para no permitirnos construir.

El navarro Sáenz de Oiza fue el arquitecto director del proyecto, con el asesoramiento y apoyo del también navarro Jorge Oteiza (que ya habían participado conjuntamente en la basílica de Aránzazu)  y del bilbaíno Daniel Fullaondo. Todos de prestigio reconocido, además de vascos.

Me alegro mucho de este merecido homenaje que los arquitectos de Madrid hacen a Francisco Javier Sáenz de Oiza (q.e.p.d.) y transmito mi enhorabuena a toda su familia.

 

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De izquierda a derecha, Jon Intxaustegui, Jorge Oteiza, Francisco Javier Sáenz de Oiza, José María Gorordo y Juan Daniel Fullaondo. Jorge Oteiza celebraba su 80 cumpleaños.

 

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Portada del proyecto técnico de Sáenz de Oiza

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Una de las numerosas páginas del proyecto

 

 

 

 

 

 

 

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Tan solo 200 años nos separan de la fecha en que el Consulado de Bilbao (1511-1829) fundara, en su última fase de existencia, la Escuela de Comercio de Bilbao, posteriormente llamada, entre otras denominaciones, Escuela de Altos Estudios Mercantiles como figura aún en el edificio de la calle Elcano de Bilbao, en la que se impartían clases de Peritaje, Profesorado e Intendencia Mercantil. En 1972 pasó a integrarse como Escuela Universitaria en la Universidad del País Vasco /Euskal Herriko Unibertsitatea, denominándose en la actualidad, a partir de 2016, Facultad de Economía y Empresa, Sección Elcano.

Una de las causas que motivaron su creación fue el vacío que había creado la supresión  el año 1800 de la Escuela de Dibujo patrocinada por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País (RSBAP), lo que hizo que el Consejo de la Villa (hoy diríamos el ayuntamiento) acudiera al Consulado de Bilbao para que colaborase con el mantenimiento de la misma; además de ello, el Consulado se propuso abrir por su cuenta cuatro cátedras: dos de comercio, una de francés y otra de inglés, según un plan elaborado en 1804, que culminó con la aprobación del proyecto en agosto de 1818, celebrándose las correspondientes oposiciones en diciembre de dicho año. Los cuatro titulares de las cátedras consulares fueron Alberto Lista (matemáticas), Anselmo Alfonso (dibujo), Antonio del Olmo (francés) y Francisco Feraut (inglés). El 1 de marzo de 1819 se celebró la apertura de la Escuela de Comercio de Bilbao, con un discurso del prior del Consulado, Manuel María de Aldecoa, y la lección inaugural corrió a cargo de Alberto Lista.

Lamentablemente la Universidad nunca ha sido una de los puntos fuertes del País Vasco, pues mientras en Bolonia, París, Palencia, Salamanca o Valladolid, por citar unos pocos ejemplos, disfrutaban de estudios universitarios desde varios siglos antes, nosotros tuvimos que esperar muchos años, lo que sin duda ha tenido sus consecuencias. No pretendo hacer ahora un análisis sobre las razones de la incomprensible y lamentable ausencia de centros universitarios entre nosotros, pero estos son los datos, de los que no nos podemos sentir especialmente orgullosos. Tan solo se puede añadir la existencia anterior de Escuelas de Náutica en Bilbao, Plentzia y otros lugares del País Vasco. En la época de la fundación de la Escuela de Comercio no habían nacido ni la Escuela de Ingenieros, ni la Universidad de Deusto, ni ninguna otra facultad universitaria.

Estudié el bachillerato en el Instituto de Bilbao y de aquella época recuerdo que la sede de la Escuela fue utilizada como Facultad de Ciencias Económicas antes de trasladarse a Sarriko, pues el “Insti” (entonces el único de Bilbao, hoy llamado Instituto Miguel de Unamuno) estaba en el edificio adyacente, el que da a la calle Licenciado Poza. También tuve relación con la Escuela en mi época de alcalde de la Villa.

Por la Escuela de Comercio han pasado muchos alumnos y profesores. Conocí a varios de ellos, a los directores José Luis Berasategui (último alcalde de Bilbao del franquismo) o Ramón Sala, que también fue director gerente del periódico La Gaceta del Norte, con quien compartí algunas gestiones relacionadas con la compra de papel en mi época de Deia; de más recientemente, conozco a varios profesores, entre ellos mi amigo Alfredo Buruaga, que ha impartido clases de Derecho Tributario durante 39 años.

Felicito a la Escuela por su bicentenario dedicado a la enseñanza. Zorionak.
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Principios del siglo XIX. Tras la publicación de las Noticias históricas de las tres provincias Vascongadas  del canónigo Juan Antonio Llorente en 1806 y 1807 (4 tomos), con el objetivo de preparar y fundamentar la abolición de los fueros vascos por parte del gobierno de Godoy, se encendieron todas las alarmas en el País Vasco, pues parecía inminente la abolición.

En el caso de Bizkaia, desengañados de la actuación e intenciones del gobierno de Madrid, las autoridades forales se pusieron a escrutar a intelectuales e historiadores que pudieran impugnar los argumentos histórico-jurídicos de Llorente y justificar la validez y calidad de los fueros. Se fijaron en Francisco Aranguren y Sobrado, consultor perpetuo del Señorío; Colón de Larreategui, antiguo corregidor, y en el benedictino fray Domingo de Lerín y Clavijo (que no era vizcaíno como lo creyeron todos los historiadores, incluido Mañaricua, sino que había nacido en Cádiz). Colón de Larreategui se excusó.

Aranguren y Sobrado, tras vencer obstáculos administrativos, logró publicar en 1807 su obra, Demostración del sentido verdadero de las autoridades de que se vale el doctor don Juan Antonio Llorente, réplica al primer tomo de Llorente, quien a su vez contestó a Aranguren, con un quinto tomo de sus Noticias históricas, publicado en 1808, que quedó sin respuesta porque tanto Aranguren como Lerín fallecieron dicho año.

Por otra parte, los diputados generales dirigieron una carta al benedictino fray Domingo de Lerín el 30 de junio de 1807, en la que le solicitaban su colaboración para defender los fueros que estaban siendo atacados, “con la envidia disfrazada con los intereses de la felicidad común”. Lerín, benedictino en San Millán de la Cogolla, contestó no solo que aceptaba el encargo sino que, además, sospechando que se le iba a llamar, había adelantado parte del trabajo con diversas notas.
Lerín también mantuvo correspondencia con Aranguren. En carta de 22 de abril le animaba a que publicara su segundo tomo:

“No dudo que ya no será necesario ventilar los fueros en juicio; los que quedarán comprobados en el hecho de jurarlos nuestro amado monarca y se lo recelará nuestro antagonista (LLorente) y acaso vistas las cosas mudadas se detendrá en publicar el cuarto tomo, que hace cinco meses ofreció; por lo mismo soy de parecer que urge diese Vd. cuanto antes al público su segundo tomo , para satisfacción de este que ha leído la obra de Llorente y también para hacerle vomitar todo cuanto tiene recogido y podamos saber de una vez el repuesto general de sus armas. Téngolo por muy conveniente” .

Poco antes, Lerín había expresado a Aranguren su confianza en que

“si el señor Jovellanos lee con reflexión cuanto hay escrito, y puede aumentarse, contra lo escrito por Llorente, no dudo mude de dictamen”.

Los hechos no dieron la razón a Lerín, porque no se conoce que Jovellanos “mudara de dictamen”, sino mas bien al contrario.
El benedictino añadía que:

“… si yo fuese un hombre que pudiese disponer de mi persona, con el acceso que puedo prometerme de dicho señor (pues hay motivos) yo le haría ver con razones y con mis mamotretos o papeles lo contrario; pero amigo, soy un pobre religioso colocado en un rincón y sin libertad para el caso” .

Lerín mostraba optimismo en el éxito de la respuesta a Llorente, pues disponía de información abundante y criterio sólido, pero también reconocía sus limitaciones y sus miedos.

Lerín hizo su trabajo y, supuestamente, entregó el original a los rectores de la Diputación Foral. Sin embargo, el hecho es que dicho documento no aparece a día de hoy en los archivos forales. El ilustre historiador Andrés de Mañaricua lo desconocía el año 1975 como lo reconoce explícitamente en su principal obra, Historiografía de Vizcaya.
Además, al no poderse leer lo escrito por Lerín, surgió la duda, extendida entre os historiadores, de que Aranguren pudo haber plagiado a Lerín. Uno de los que lo sospechó fue Arguinzoniz, como se verá a continuación.

II

Antonio M. de Arguinzoniz (1844-1891) quiso dar a conocer y popularizar la figura de Lerín. Había comentado a su amigo, el historiador Carmelo Echegaray, que:

“tenía el propósito de dar a luz unos apuntes críticos escritos por Lerín, en contra de Llorente y sus impugnadores, con el principal objetivo de dar a conocer al benedictino Lerín, quien, por encargo de la diputación de Vizcaya, escribió cuatro cuadernos, que sirvieron al consultor Aranguren para su obra”.

Dolía a Arguinzoniz que “el nombre de fray Domingo de Lerín yaciera sepultado en profundo olvido”.
Con estas palabras dichas a Echegaray, Arguinzoniz sembró la duda, pues podría pensarse que Aranguren había utilizado los trabajos de Lerín sin citar la procedencia, o dicho de otra manera, parecía que Arguinzoniz acusaba de plagio a Aranguren.
Una cosa es que Aranguren y Lerín tuvieran relación, lo que es obvio, porque ambos habían recibido el encargo de la Diputación para impugnar las tesis de Llorente y se carteaban, como se ha visto, pero otra bien distinta es la acusación de plagio.

En sus confidencias a Echegaray, Arguinzoniz da una explicación que podría justificar el oscuro papel de Lerín. Según Echegaray, debido a “causas que honraban su delicadeza moral y que no me parece discreto revelar, le habían detenido (a Arguinzoniz) en su afán de popularizar la figura de un hombre, a quien todos los euskaldunas somos deudores de sincera gratitud” . Dicho con más claridad, que “Aranguren no citó al hasta hoy casi ignorado religioso por expresa voluntad de este que, sin duda, temía las iras de Godoy”.

Fidel de Sagarminaga niega la existencia de plagio, al menos por lo que se refiere al primer volumen de Aranguren, pues constata que “la cooperación del padre Lerín no pudo ser utilizada por Aranguren en el primer tomo que publicó en Madrid en 1807, según se acredita por el memorial que este dirigió al Señorío desde Madrid el 13 de agosto de dicho año 1807, acompañando doscientos ejemplares de su primer tomo”.

Mañaricua sigue la tesis de Sagarminaga, aunque, con prudencia, agrega:

“Aranguren y Lerín mantuvieron correspondencia y solamente cuando se hallen los papeles del padre Lerín podremos ver si dependen de ellos los escritos de Aranguren” .

Afortunadamente, recientemente se ha podido localizar una copia de los “papeles de Lerín” en el archivo de San Millán de la Cogolla. Previa transcripción, se editó un libro en el año 2015 por parte de las Juntas Generales de Bizkaia.

De ahí que ahora ya se pueda conocer y examinar lo que escribió el benedictino gaditano, con la aclaración de que el libro proviene de una copia de los textos de Lerín, al no poderse conocerse el original, desaparecido.

Acerca de Lerín, su currículo y sus trabajos, me referiré en otra entrada.

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La investigación defendí el pasado 22 de junio en la Facultad de Filosofía y Letras y el Instituto de Simancas de la Universidad de Valladolid ante el Tribunal compuesto por el doctor José María Monsalvo Antón, catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Salamanca, presidente; doctor Juan Carlos Martín Cea, profesor titular de Historia Medieval en la Universidad de Valladolid, secretario, y doctora María Luz Ríos Rodríguez, profesora titular de Historia Medieval en la Universidad de Santiago de Compostela, vocal. Fui dirigido por la doctora María Isabel del Val Valdivieso, catedrática de Historia Medieval de la Universidad de Valladolid y presidenta de la Sociedad Española de Estudios Medievales (SEEM). El trabajo mereció la calificación de sobresaliente cum laude por unanimidad.

A la espera de la próxima edición de un libro, adelanto unas líneas que, a modo de síntesis, explican su contenido:

El trabajo está centrado en el análisis de la controversia que enfrentó a principios del siglo XIX a Llorente, Aranguren y Lerín sobre las características de la relación jurídico-política del señorío de Bizkaia con la corona de Castilla durante la Edad Media y el origen y naturaleza jurídica de los fueros vascos.

Sigue el orden metodológico establecido por Llorente, de manera que la primera parte versará sobre lo que él llama “estado civil antiguo”, la segunda, “origen de los fueros” y la tercera, “apéndices documentales”. Se inicia con una introducción en la que se presenta el contexto general en el que surge la disputa que protagonizaron los tres historiadores. En un primer capítulo se exponen algunas cuestiones generales sobre la historia del territorio vasco en la antigüedad, mientras que el segundo está dedicado a los “papeles de Lerín”. A continuación, en la primera parte se analiza la polémica centrada en el tomo I de la obra de Llorente sobre características de la historia de Bizkaia en la Edad Media. La segunda abarca la cuestión de la naturaleza del régimen foral medieval. Y la tercera se centra en el apéndice documental con el que Llorente cierra su obra. Se concluye con la presentación de las conclusiones y el listado de fuentes y bibliografía.

La investigación pone en comparación, de modo crítico, lo defendido por Llorente, publicado todo ello en los años 1806 y 1808, y la impugnación de Aranguren y Lerín. No es una historia general de Bizkaia ni se pretende ejercer de árbitro en las posiciones divergentes. Se trata de un debate dialéctico desigual en la medida en que Llorente dedicó varios años a elaborar su tesis mientras que tanto Aranguren como Lerín dispusieron de poco más de un año para responder a los primeros tomos de Llorente y, por fallecimiento de ambos, no llegaron a conocer ni, por tanto, pudieron dar su réplica al tomo V de Llorente.

Además de analizar la disputa mencionada, también se pretende aclarar si se dio o no el supuesto plagio por parte de Aranguren a Lerín, sospecha esbozada por varios historiadores, principalmente Arguinzoniz y Delmas, que recogió también Mañaricua, quien decía:

“cuando se hallen los papeles de Lerín podremos ver si dependen de ellos los escritos de Aranguren” .

Aunque se trata de una materia sobradamente conocida en el mundo universitario y académico, a través de las numerosas publicaciones de diferentes autores, la edición de la segunda parte de los trabajos de Aranguren en 1994, y, sobre todo, la aparición de los “papeles” de Lerín y la edición de un libro con su contenido en el año 2015, han suscitado un interés nuevo en la materia para comprobar en qué medida contribuyen al debate con argumentos nuevos o si lo que dicen ya nos era conocido a través de fuentes documentales o de otra naturaleza. El hecho de haberse conocido recientemente lo escrito por Lerín confiere a este trabajo una oportunidad extraordinaria para plantear cuestiones nuevas que puedan servir para posteriores estudios y análisis.

Si bien las tesis defendidas por Llorente son de imposible conciliación con las de Aranguren y Lerín, y viceversa, afortunadamente cada día son más los historiadores y expertos en Historia Medieval y en Historia del Derecho que no adoptan juicios de valor tan polarizados y en algunas cuestiones manifiestan posiciones cercanas a uno u otro y en otras mantienen enfoques propios, sin asumir plenamente uno de los dos puntos de vista.
En nuestro caso, el debate historiográfico estará centrado casi exclusivamente en la opinión de los tres escritores, acompañado, cuando proceda, de opiniones de otros historiadores y geógrafos, sustancialmente clásicos, a fin de comprender la situación de Bizkaia en la Edad Media, sin alejarnos de cómo se entendía a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX.
Para la investigación se utiliza bibliografía y fuentes documentales que aparecen en el apartado correspondiente. También se han tenido en cuenta en ocasiones las fuentes arqueológicas. A lo largo del trabajo se irá exponiendo las opiniones de cada uno de los historiadores, que aparecerán debidamente destacadas y referenciadas.

A PORTADA OFICIAL

 

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Mitxel Unzueta Uzkanga, exsenador autonómico del período constituyente y expresidente de la Comisión de Bizkaia de la Sociedad Bascongada de los Amigos del País (RSBAP), apostilla la nota de Ortiz de Arratia en relación con la defensa de mi tesis doctoral sobre la historia de Bizkaia, y manifiesta lo siguiente:

 

“Amigo Mikel, me han gustado tus reflexiones sobre la hazaña de José Mari Gorordo obteniendo el tercer título de Doctor con las calificaciones que expresas.
A tus observaciones, por mi parte, añado otra. Creo que en el momento que se publique la tesis de José Mari, se puede decir que cambia la historiografía de Bizkaia en el período a que se refiere dicha tesis. Toda la polémica política que se organizó en el XIX para justificar la abolición foral, ha estado basada en las tesis del canónigo Llorente, desvirtuando el contenido y significado de los fueros. De alguna forma se puede decir que la tesis de José Mari Gorordo ha derribado la piedra angular que sostenía el arco de argumentaciones con las que se ha pretendido justificar dicha abolición. Creo que todos le debemos estar agradecidos a  José Mari, aunque no sea más por el hecho  de descubrir las falsedades del canónigo Llorente. Mitxel Unzueta”

 

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Mikel Ortiz de Arratia, que fue teniente-alcalde y responsable del área de Cultura y Turismo en mi equipo en el ayuntamiento de Bilbao (1987-1990), amigo desde hace muchos años, acudió en calidad de oyente a la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid el pasado 22 de junio, en la que defendí la tesis doctoral sobre la condición jurídico-política y los fueros de Bizkaia a lo largo de la Historia. A vuela pluma escribió unas notas en su blog, que transcribo a continuación:

“Reflexionaba antes de ayer sobre el perjuicio
que suponía el calor para la memoria de algunos.
Ayer presencié un ejemplo de lo contrario.
En la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad
de Valladolid, con 37º en el exterior y sin aire acondicionado,
José Mari Gorordo defendió una tesis sobre la pertenencia o no
del Señorío – Condado de Vizcaya a Castilla y a otros.
Mereció la calificación de Doctor, Sobresaliente cum laude
y opción a Premio Extraordinario. Es su tercer doctorado.
Alguien dijo que tenía la cabeza muy bien amueblada.
Mi opinión es que su amueblamiento es minimalista, con pocos
muebles pero muy bien dispuestos. Y lo más importante es que
las 1377 páginas de su Tesis, están sembradas de semillas para
que crezcan otras inquietudes. Son las páginas que arderían
en la noche de San Juan en una sociedad distópica”.

Agradezco a Mikel su cariñosa reseña del acto académico.

 

 

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Aurresku del alcalde en Begoña

Siendo alcalde de Bilbao, recuperé una tradición con motivo de la fiesta del 15 de agosto, que se celebra en Begoña al comienzo de la Aste Nagusia.

El aurresku es un baile de saludo y de respeto que habitualmente se baila a la Autoridad o a la persona a la que se quiere mostrar un respeto.

La Virgen de Begoña tiene una gran fuerza para todos los vizcainos. Aunque el verdadero día de la Virgen de Begoña es el 11 de octubre, sin embargo, el 15 de agosto es el día de la gran fiesta y se celebra en Begoña. Desde pequeño había sentido un gran respeto por esa tradición. Recuerdo siendo niño, con 8 ó 10 años, cómo bajaban cuadrillas de jóvenes de Gorliz hacia Plencia, donde se les unía más gente con el fin de llegar a Begoña, caminando toda la noche para recorrer los 25 ó 30 Kms. de distancia.

Había oído algo en relación con una vieja costumbre de que la autoridad bailaba un aurresku, precisamente en Begoña. Por más que quise enterarme solo pude descubrir que a principios del siglo XX algún alcalde lo bailaba, pero nada más.

En la explanada situada detrás de la Basílica, tras la misa, solía tener lugar un acto cívico en el que participaban la Banda de Música, la de Txistularis y diversos grupos de danzas. El comienzo del acto, como es habitual en el País Vasco, consistía en un aurresku de honor, bailado por un dantzari.

El 15 de agosto de 1987, recién elegido alcalde de Bilbao, quise dar una interpretación distinta al baile tradicional, acorde con el sistema democrático, que significara que, si bien a lo largo del año, el aurresku se bailaba en honor de las autoridades, una vez al año, coincidiendo con el comienzo de las fiestas, iba a ser la primera autoridad municipal la que lo bailara en honor y respeto del pueblo, mostrando que es el pueblo y no la autoridad, el verdadero titular del poder, que lo ejerce mediante el ejercicio del voto libre. Así lo dejé escrito en mi libro “La política de otra manera” (1993, pág. 104):

Bailo al pueblo de Bilbao, reconociéndole que si tengo autoridad como alcalde es porque es ese mismo pueblo quien me la otorga

Y añadía:

“Le quise dar un significado de acuerdo con la democracia que vivimos. Un alcalde tiene que ser de todos. No sólo de los de su partido. No sólo de los que le han votado. Sino de todos y de todas. Y esa regla debe valer siempre, aunque cueste el cargo. El alcalde representa a toda la ciudad y su trabajo debe servir al interés general de los vecinos y vecinas” (pág. 98).

Así lo hice los años en que tuve el honor de ser alcalde de Bilbao (1987-1990).

La expectación era enorme y debo decir que para bailarlo ante varios centenares de personas que se arremolinaban en la plaza de detrás de la Basílica, había que ensayar duro. Yo lo hice en el ayuntamiento, en la alcaldía, aprendiendo los pasos de Ramón, experto dantzari y de los txistularis Boni y Mikel.

En mi caso, la forma de bailarlo era vestido de chaqué, como entendía que corresponde a la solemnidad del acto, situado en el centro de la plaza, bailándolo solo, sin compañía. Con alguna excepción, los siguientes alcaldes han continuado la tradición, aunque variando algo el modo de la danza, yendo el alcalde el aurreskulari (el bailarín que va por delante, el primero), acompañado de un segundo dantzari, como lo ha hecho el nuevo alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto.

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