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Selma Huxley, historiadora canadiense reconocida internacionalmente como experta en historia naval, recibió la Medalla de Oro del Aquarium de Donostia San Sebastián.

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Mesa presidencial. De izquierda a derecha, Vicente Zaragüeta, presidente del Aquarium, Josu Erkoreka, portavoz del Gobierno Vasco, Selma Huxley, Mitxel Unzueta, de la Cámara de Comercio de Bibao y Mikel Barkham, hijo de Selma

Selma HuxleyMedalla de Oro de la Real Sociedad Geográfica Canadiense, posee asimismo la Orden de Canadá, dos Doctorados Honoris Causa y el nombramiento como Cónsul Honorario de Bilbao y Amiga de número de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País.

Selma profundizó sus estudios en torno a las pesquerías trasatlánticas a partir de los años 70 y logró localizar abundante documentación inédita investigando en archivos del País Vasco y del resto de la Península. Tal y como afirma Vicente Zaragüeta, presidente del Aquarium de San Sebastián, “sus estudios supusieron un salto cualitativo en el conocimiento de la actividad ballenera y la pesca del bacalao en Terranova, tan relevante en la historia marinera vasca“.

Uno de los principales puertos frecuentado por los arrantzales vascos, en concreto Red Bay (Labrador, Canadá), Sitio Histórico Nacional de Canadá, objeto central de las investigaciones de Selma Huxley, fue declarado justo un día antes del homenaje, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por la aportación de los vascos a la historia de Canadá, lo que ha merecido un espacio destacado en los principales medios de comunicación canadienses. No cabe ninguna duda que la aportación de Selma durante cerca de cuarenta años de investigaciones ininterrumpidas ha resultado muy relevante para este importante reconocimiento mundial a la historia de los vascos.

Selma, rodeada de amigos

Selma estuvo acompañada de miembros de su familia como sus hijos Mikel y Serena, el portavoz del Gobierno Vasco, Josu Erkoreka, el presidente del Tribunal de Arbitraje de la Cámara de Comercio de Bilbao y exsenador, Mitxel Unzueta, el presidente del Aquarium, Vicente Zaragüeta, la directora gerente, Esther Irigaray y la exdirectora de relaciones públicas de la Cámara de Comercio de Bilbao, Teresa Querejazu. Asimismo se encontraban muchísimas  personas del mundo de la cultura, Karmele Goñi, Enrique AyerbeSebastián Agirretxe o Andoni Monforte.

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 Momento en que Vicente Zaragüeta, presidente del Aquarium, impone la Medalla de Oro a Selma. Su hijo, Mikel, detrás, no puede disimular su emoción

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 Selma y su hija, Serena Barkham (centro) escuchan a Teresa Querejazu

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De izquierda a derecha, Selma, su hijo Mikel, Isabel Zarauza, alcaldesa de Plentzia, que obsequia a la ilustre historiadora con una botella de vino de reserva de la Bahía de Plencia, Jose Mari Gorordo, autor del blog, Borja Saracho EchevarriaSilvia López de Guereñu y Teresa Querejazu

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Selma, feliz, sonríe, junto con su hijo MikelAndoni Monforte, otrora diputado en el Congreso de los Diputados, consejero de Sanidad y viceconsejero de Comercio y Turismo del Gobierno Vasco y Teresa Querejazu 

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Selma saluda al numeroso público asistente al acto que abarrotó el bello marco del Aquarium de San Sebastián. En la foto aparece arropada por Esther Irigaray, directora gerente del Aquarium (a su derecha) y Mitxel Unzueta (a su izquierda); detrás, entre Josu Erkoreka y Esther Irigaray, se puede ver a Karmele Goñi, exdirectora del Museo Arqueológico y Etnográfico Vasco de Bilbao, miembro de la Junta de Fundadores del diario Deia y amiga de Selma

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Selma y Teresa Querejazu, dos mujeres luchadoras y emprendedoras, escuchan atentas al historiador y editor Enrique Ayerbe   

 

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María Victoria Cañas y Selma Álvarez Barkham, nieta de Selma

 

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Selma recibe la felicitación del representante del Gobierno Vasco, el consejero Josu Erkoreka

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 I

La villa de Bilbao fue fundada dos veces:  primero por Diego López de Haro, V, el Intruso, mediante Carta Puebla, el 15 de junio de 1300, comentada en otra entrada anterior

Estatua de Diego López de Haro, obra del escultor valenciano Benlliure, situada en la Plaza Circular, inicio de la Gran Vía bilbaina

No fue Diego López quien asentó propiamente la población. Bilbao existía como puebla marítima ocupada por mareantes y pescadores, en los que se basó la repoblación. La comodidad del sitio, la hermosa ría que la bañaba en el curso de dos leguas largas convidaba a la organización de una puebla que diese vida y energías al movimiento naviero que existía, y el comercio supliera la esterilidad de la tierra, sólo rica en mineral de hierro, escasamente explotado. En la parte en que se hizo la nueva puebla existían únicamente algunas casas torre, la iglesia de Santiago (hoy en día, la catedral de Bilbao) y algunos labradores y pescadores (Labayru, “Historia General del Señorío de Bizkaya“, Tomo II, 1897).

Diego López erigió Bilbao con complacencia de los vizcainos, llenando una de las condiciones que exigieron siempre los de la tierra a sus señores, esto es, que no se edificase puebla de ninguna villa sin su consentimiento (Ley 8.ª libro 1.º del Fuero).

Repitió la fundación diez años después María Díaz de Haro, otorgando nueva carta-puebla, con expresiones semejantes a la primera y omitiendo la referencia  a la concedida por don Diego.

Siguiendo al historiador José Ángel García de Cortázar, la evolución medieval del casco urbano de la villa conoció tres momentos fundamentales: el primero, el de su creación, en el que Bilbao constaría de tres calles: Somera, Francos o Artecalle y Tendería; en un segundo momento, a partir de 1425, se conoce un primer ensanche con cuatro calles: Pesquería o Belosticalle, Carnicería, Barrencalle la susera y Barrencalle la yusera (Barrencalle Barrena). Sumadas, daría lugar a la denominación del Casco Viejo (Bilbo Zaharra), con su núcleo inicial que ha permanecido hasta nuestros días: Siete Calles (Zazpi Kale).

Luego, hacia 1480 y en adelante, tendría lugar un segundo ensanche, con la creación de la calle Bidebarrieta, Cruz y Ascao.  Otros especialistas agrupan las dos primeras fases en una, la correspondiente a la formación de las Siete Calles.

Área de Bilbao sobre la que se fundó la villa en 1300. A la izquierda de la foto sobresale la catedral de Santiago, en el centro, el Teatro Arriaga y a pie, la torre de la Casa Consistorial

II

¿Por qué se fundó dos veces? ¿Quiere decir que la primera fundación de la Villa fue nula?

La explicación es sencilla. En 1288, a la muerte de Lope Díaz, conde de Haro y señor de Vizcaya, asesinado en Alfaro, tuvo lugar una grave disputa para la sucesión en el Señorío.

María Díaz de Haro era hija de Lope Díaz, por lo que, en base a una mayor proximidad de grado, reclamaba el señorío. Diego López de Haro, hermano de Lope Díaz,  lo hacía en base a que no había existido precedente de que el señorío recayera en una mujer.

Los vizcainos, que en el caso de fallecimiento de línea eran los propios jueces, respecto de la libertad de aquel señorío, sentenciaron por Diego López, declarándole su señor y jurándole por tal según su fuero…” (de acuerdo con Pimentel, en sus “Reparos históricos a la Historia de Ferreras“, citado en “Historia de los Fueros de Navarra, Vizcaya, Guipuzcoa y Álava“, de Amalio Marichalar y Cayetano Manrique, segunda edición facsímil, de la segunda edición corregida y aumentada de 1868).

Fueron por tanto los mismos vizcainos quienes dirimieron la cuestión.

Diego López de Haro tenía un hijo, Lope Díaz, que era a quien le correspondía suceder a su padre en el señorío de Vizcaya.

No obstante, al rey de Castilla, Fernando IV, convenía, por razones políticas, que el señorío pasase al infante don Juan, casado con María Diaz de Haro, por lo que trató de que Diego López de Haro variase la sucesión y no le heredara a su muerte su hijo, Lope Díaz, como señor de Vizcaya.

La variación de la sucesión está documentada en un acto oficial en el que no interviene el rey, sino los hombres buenos de Vizcaya y asiste, tan sólo en calidad de testigo, el merino mayor de Castilla, Sancho Sánchez de Velasco. Lo recoge así la “Crónica General“:

“Hizo D. Diego juntar a todos los homes buenos de Vizcaya en aquel lugar donde suelen hacer el ayuntamiento cuando toman Señor, que es en Arechabalaga; y estando allí todos juntados, contóles D. Diego todo el hecho en cómo pasara… y ellos respondieron, que, pues lo él por bien tenía, que lo harían ellos; mas que bien sabía de cómo habían hecho homenaje a D. Lope, su hijo, para después de su vida del o a sus hijos, y que cómo podían hacer tantos homenajes. Entonces D. Lope habló con estos hombres buenos y díjoles… que les quitaba el homenaje que le habían hecho: y desde ellos esto vieron recibiéronla por señora en aquella manera que lo solían hacer a los otros señores que fueron de Vizcaya, y hicieron pleito y homenaje de se lo cumplir”.

El rey Fernando IV hizo cuanto pudo para lograr que el hijo de Diego López de Haro, Lope Díaz, renunciara a la sucesión, halagando a éste con grandes mercedes, pero el hecho cierto es que, tal y como se aprecia en el texto transcrito, en la renuncia de D. Lope, hijo de D. Diego, y la consiguiente sucesión de doña María Díaz de Haro, para nada interviene el rey, no hay mandato alguno a los vizcainos ni apariencia siquiera de la menor coacción.

Don Diego Lopez de Haro murió en el cerco de Algeciras en 1309 y los vizcainos tomaron por señora enseguida y, conforme a lo jurado, a doña María Díaz, mujer del infante D. Juan, “en aquel lugar que es acostumbrado según el fuero de Vizcaya, así como lo suelen hacer a todos los señores de Vizcaya” (texto de la colección diplomática de Fernando IV, citado por Marichalar y Manrique, 1868).

En recuerdo, Bilbao dedica desde 1879 su Gran Vía a D. Diego López de Haro (arteria principal de la Villa que va desde la Plaza Circular, Plaza de Federico Moyua o Plaza Elíptica, hasta la Plaza del Sagrado Corazón) y a Doña María Díaz de Haro , a quien se puede considerar como “cofundadora” de la Villa, una de sus calles principales, perpendicular a la Gran Vía desde donde arranca para extenderse hasta la calle Autonomía.

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I

El pasado sábado 19 de febrero, las principales arterias del centro de Bilbao quedaron colapsadas por los miles y miles de manifestantes que, sin eslóganes ni banderas, pacíficamente y en silencio, reclamamos la inscripción-legalización de Sortu como una necesidad en el camino hacia la paz.

Asistí a la manifestación con mi amigo Rafa. Habíamos quedado en una de las cafeterías adyacentes, próxima al punto de inicio, porque queríamos estar cerca de la cabecera. Misión imposible. Las miles y miles de personas que habían decidido recibir de frente a la cabecera e irse incorporando desde las aceras, nos fueron resituando cada vez más cerca de la cola, lo que supuso que tardáramos noventa minutos en recorrer alrededor de un kilómetro, el tramo que va desde La Casilla hasta la Plaza de Zabalburu, el mismo tiempo que se necesita para ir de Valencia a Madrid en el AVE.

En la manifestación íbamos gente muy variopinta, de todas las edades, aunque sorprendía la alta participación de gente adulta, hombres y mujeres, de todos los rincones del País Vasco. El idioma predominante era, desde luego, el euskera.

II

Yo siempre he defendido el derecho a participar en las elecciones, activa y pasivamente, a votar y a ser elegido, en una sociedad democrática. Todos tienen derecho a que en las instituciones les representen aquellas opciones políticas que más se parecen a sus pensamientos. Como dice la Sentencia de la Audiencia Nacional de Udalbiltza de 20 de enero de 2011:

 “No es objeto de discusión que la Constitución permite defender por vías pacíficas cualquier idea o proyecto político, incluidos aquellos que suponen una modificación constitucional o una alteración de la actual configuración del Estado...

Es lícita la defensa, por procedimientos pacíficos, de todas las ideas, incluidas la secesionistas o soberanistas y el desarrollo y defensa de los correspondientes proyectos políticos sin que ello implique siquiera un ataque a la norma constitucional…” (FJ 4.1 pág. 35).

Por ello resulta indignante que desde ámbitos políticos y medios de comunicación, públicos y privados, se esté machaconamente dando por supuesta la no legalización de Sortu, presionando de esa manera a quienes van a ser los que tomen la decisión, los tribunales de justicia. A mi juicio, una sociedad democrática avanzada no debe asistir pasivamente a esa presión sin protestar, sin denunciarla.

El ministro de la Presidencia Jauregui, con una larga trayectoria política conocida, vicelehendakari con Ardanza y delegado del Gobierno del PSOE en el País Vasco en los años ochenta, dice que tiene “derecho a dudar” y que los de Sortu deben dar más pasos.

Muy bien, nadie le niega ese derecho. Pero, igualmente, muchos también dudamos de sus intenciones, de sus cálculos electorales,  y de las auténticas razones por las que han actuado y actúan unos partidos políticos, como el PSOE y el PP, que se encuentran en el País Vasco sobrerrepresentados, con más representación institucional de la que les corresponde, y han firmado un pacto de hierro para doblegar a la “poderosa sociedad nacionalista tan influyente, tan enferma y tan cruel“, como se afirma en un artículo de opinión aún no rectificado, firmado por uno de los máximos representantes del actual Gobierno Vasco ¿Por qué desde el nacionalismo español no se respeta al nacionalismo vasco? El día en que se respeten ambos se habrá logrado un gran avance en la convivencia y en la resolución del conflicto político que guste o no, persiste.

Afortunadamente hay sectores desde el ámbito español más proclives a la objetividad y al respeto a las reglas de la democracia, una de las cuales debería ser la prevalencia de la voluntad del pueblo vasco o, para ser más preciso y riguroso, de las distintas sensibilidades que tratamos de convivir en Euskal Herria. Entre ellos, debe citarse las declaraciones de los representantes de las asociaciones de los jueces poniendo en su sitio el valor de los informes filtrados a la prensa de las Fuerzas de Seguridad que afirman vinculaciones jurídicas que no les corresponden, y la opinión de algún experto constitucionalista como Javier Pérez Royo, así como, por excepción, algunos socialistas vascos como el presidente del PSE-PSOE Eguiguren; en el ámbito institucional vasco, el Ararteko (Defensor del Pueblo de la Comunidad Autónoma Vasca).

El análisis jurídico-constitucional de los estatutos de Sortu, por las informaciones que se ha recibido de sus impulsores, encaja jurídicamente en la Ley de Partidos de una manera más que razonable. Disposiciones como la que dicen haber incluido sobre la expulsión de militantes que no rechacen la violencia, no es verosímil que se hallen en los estatutos de los demás partidos políticos.

Además, en la reforma de la Ley de Partidos se ha incluido una previsión para que, ante determinadas  circunstancias sobrevenidas, puedan incoarse ilegalizaciones a posteriori, a las formaciones políticas y a los cargos electos, lo que refuerza el principio de seguridad jurídica, en caso de que no se actúe de acuerdo con los estatutos.

III

“España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico, entre otros, el pluralismo político” (art. 1 de la Constitución Española), expresado por los partidos políticos (art. 6 CE). “Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal”  y “tienen derecho a acceder a los cargos y funciones públicas con los requisitos que señalen las leyes” (art. 23 CE), lo que es una concreción del principio de igualdad y no discriminación reconocido en el art. 14 de la Constitución.

IV

La presión popular manifestada en silencio en las calles de Bilbao, como expresión democrática de un sector de la sociedad, debe ser tenida en cuenta junto a principios ineludibles como la prevalencia del derecho de participación en los asuntos públicos, el pluralismo político y la misma esencia del Estado de Derecho.

Legalidad unida a legitimidad democrática.

¿Puede un Estado impedir que 150.000, 200.000 ó 250.000 personas, más específicamente, el 10% o el 15% de la sociedad vasca, con derecho al pleno ejercicio de sus derechos civiles y políticos, se quede sin representación?

¿No es cierto que, de no permitir su participación…, 

                          1. … la representación resultante estaría distorsionada y no reflejaría la voluntad total del pueblo?

                          2. … se estaría aplicando un castigo colectivo a un sector significativo de la sociedad?

¿Es eso propio de un Estado democrático de Derecho?

 

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