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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

El proyecto de investigación tiene por objeto hacer un análisis de la evolución en la época de los godos (siglos V al VIII) de las tribus denominadas desde tiempos de Augusto[1] como autrigonas, caristias y várdulas (en la actualidad, el territorio aproximado de las Provincias Vascongadas o Comunidad Autónoma del País Vasco) en relación con las tribus vasconas (en la actualidad, Comunidad Foral de Navarra), con especial énfasis en el examen del posible celtismo de Vascongadas o de parte de ellas y de la también hipotética “vasconización o euskaldunización tardía” de las tribus vascongadas, por lo que bajo la denominación de Vasconia pudiesen haberse comprendido en ese tiempo las Vascongadas y dentro de los vascones estuvieran incluidos los autrigones, caristios y várdulos.

Al analizar el pasado se debe tener en cuenta, entre otras consideraciones, dos premisas elementales: de un lado, es claro que los geógrafos e historiadores, griegos y romanos, antes y después de Augusto, variaron mucho los nombres, extensión y límites de las regiones y tribus, lo que significa que no señalaron con exactitud e individualidad las regiones y sus límites[2]; de otro, debe admitirse igualmente la costumbre de distinguir a las gentes y sus regiones con un nombre particular compatible con la referencia a esas mismas tribus con un nombre más genérico[3]. Por ello, el rigor histórico exige ir avanzando en una mayor precisión y mejor conocimiento de los hechos ocurridos y sus auténticos protagonistas.

En nuestro caso, al objeto de clarificar los objetivos de este trabajo, resulta necesario partir de que en tiempos del bajo imperio romano se constata la progresiva desaparición de los nombres de autrigones, caristios y várdulos en los textos literarios, en los documentos. En concreto, el Cronógrafo del año 354 menciona a “autriconi” y “vascones”; el Cronicón de Idacio afirma que el año 449, “Requiario, habiendo tomado por esposa a una hija del rey Theodores y empezado a reinar bajo tan buenos auspicios, depreda en el mes de febrero las Vasconias[4], citado así, sin más precisiones, mientras que en el año 456 aparece la última mención de los várdulos cuando el obispo Idacio refiere una depredación “con la mayor ferocidad” por parte de los hérulos “de los lugares costeños de la Cantabria y la Vardulia[5].

Si bien en la época prerromana los términos Cantabria, Autrigonia, Caristia, Vardulia y Vasconia, y sus correspondientes cántabros, autrigones, caristios, várdulos y vascones, precisan de concreciones y aclaraciones, de acuerdo con el objetivo de esta investigación, a partir de mediados del siglo V solo está documentado el término “vascones” para los territorios que hoy consideramos vasco-navarros (Vascongadas y Navarra). De ahí surgen una serie de dudas: ¿A qué límites territoriales se refieren los historiadores en cada época cuando citan Cantabria, Vasconia, Autrigonia, Caristia o Vardulia?; en la época goda, ¿desaparecieron las tribus autrigonas, caristias y várdulas? ¿colonizaron los vascones a dichas tribus vascas occidentales? ¿transmitieron los vascones, junto con su desplazamiento y asentamiento, el vascuence o euskera? ¿existió un proyecto político-social común denominado Vasconia? ¿cuál fue la relación entre Cantabria, Vasconia, Aquitania y el territorio de las tribus vascongadas?; cuando en la crónica de Alfonso III se dice “Bardulies qui nunc uocitatur Castella”, ¿se quiere decir con ello que Castilla fue antes Vardulia o se trata de una simple expresión erudita? Estas y otras muchas dudas e incertidumbres serán objeto de análisis en esta investigación.

No hay unanimidad de criterio en el origen y delimitación del término Vasconia, ni en los límites geográficos del territorio, ni quiénes eran los vascones. Se especula sobre sus orígenes, vínculos étnicos, culturales y lingüísticos con los pueblos vecinos, en concreto con várdulos, caristios y autrigones, con versiones muy diferentes.

Lo cierto es que las referencias a autrigones, caristios y várdulos van desapareciendo, al menos en la documentación conocida, siendo los términos vascones y cántabros los únicos de la zona empleados.

De ahí que interese analizar la hipotética colonización por parte de los vascones. Es decir, si los vascones se expandieron hacia el norte y noroeste e hicieron desaparecer a las otras tribus, de este a oeste, várdulos, caristios y autrigones (asentadas aproximadamente donde hoy se sitúan Gipuzkoa, Bizkaia y Álava), lo que defienden algunos historiadores; o si, por el contrario, cada una de las tribus se mantuvo en su originaria zona de asentamiento, con mínimos desplazamientos, pero sin que se produjera la conquista del resto de pueblos o tribus por los vascones, encontrando alguna otra explicación para la desaparición de las citas de las tribus antedichas en la fuentes literarias.

Oihenart cree sin ambages que “el linaje de estos tres pueblos (autrigones, caristios y várdulos) había desaparecido, al igual que su nombre, en su mayor parte, y que su país había sido ocupado, desde la época de los godos, por algún pueblo fuerte y aguerrido”, que no duda en identificarlo con el pueblo vascón, “que hacían frecuentes excursiones por las regiones vecinas, ya por odio a los godos, ya con el intento de dilatar sus fronteras”.

A esta valoración añade otros argumentos, “no débiles”, como la semejanza en el nombre, las costumbres o el uso de la misma lengua[6].

En una posición análoga, Schulten propone la tesis del incremento sucesivo del territorio de los vascones, mediante avances al norte y noroeste y sucesivas conquistas[7]. Según él, las primeras noticias sobre los vascones provienen de la guerra sertoriana, en los años 77 y 74 a. de C. Entonces la región de los vascones empezaba en el sur, cerca de Calagurris (Calahorra) y en el norte confinaba con la de los berones; los vascones ocupaban el territorio del valle del Ebro superior, entre Calahorra y Logroño, pero se extendían también a través de las montañas hasta el océano, donde Oiasso (Pasajes) es su puerto. Y concluye:

“evidentemente, el valle superior del Ebro es su residencia primitiva, mientras que la extensión hasta el océano es el resultado de conquistas ulteriores”[8].

A su juicio, alrededor del año 580 d. C., los vascones se hallan en posesión de Álava (con Victoriacum, fundado por Leovigildo), y “probablemente” también de Bizkaia y de Gipuzkoa[9]. Desde su sede principal en el Ebro, se extendieron, conquistando, poco a poco, no tan solo la montaña de Navarra y la salida al mar, sino incluso el territorio de los várdulos, caristios y autrigones[10] (entre los años 150 y 580 de nuestra era), y haciendo incursiones en Aquitania en 587, llegaron hasta el Garona y dieron su nombre a la Gascuña (Vasconia-Guasconia).

Sánchez-Albornoz se inclina a unirse a “tales ilustres autores” y afirma que “los vascones vasconizan la depresión vasca”[11]. Sostiene que el mismo nombre de vascones, “parece haberles sido impuesto por los celtas y significa los orgullosos o los de las alturas, según uno de los filólogos españoles más acreditados de la hora de hoy”[12].

Es categórico cuando sostiene que, aunque se ignora la estirpe de los pueblos que ocupaban la depresión vasca (várdulos, caristios y autrigones), “solo sabemos que no eran vascones[13], argumentando que los diferencian de ellos los geógrafos, la arqueología y la historia. Llega a sustentar que “no hablaban la misma lengua”, lo que “se deduce de los nombres de sus ciudades”, y continúa:

“La diversificación dialectal del vasco en tal comarca y los extraños parentescos entre dialectos del mismo usados en ella en zonas geográficamente alejadas acreditan su condición de lengua importada en el país ¿Serían (los várdulos, caristios y autrigones) rama desprendida del tronco cantábrico primitivo? Es probable, pero es seguro que a ese sustrato primitivo se unieron inmigrantes llegados al país en fecha remota. Várdulos aparecen en Iliria y en los Balcanes, caristios en la Liguria y en Grecia, y nadie duda del celtismo de los autrigones[14].

En conclusión, sostiene que:

“los vascones se lanzaron a la conquista de la depresión vasca hacia el siglo V”, especulando con la posibilidad de que pudieron desplazarse hacia la depresión vasca “cuando los visigodos comenzaron a cruzar los Pirineos como conquistadores entrando por Pamplona, a partir de los días de Eurico (468-484)[15], subrayando además, que “… sobran datos geográficos, toponímicos, lingüísticos, sociales de esa entrada y de la colonización de la Euzkadi de hoy por los vascones…”[16].

La misma tesis sostienen Gómez Moreno y otros.

Bosch Gimpera discrepa de Sánchez-Albornoz y Schulten. A su juicio,

«la confusión proviene de que los autores antiguos, al describir una zona, lo hacían de modo incompleto por la escasez de datos, por lo que era práctica habitual que tendieran a generalizar, convirtiendo en genérico el nombre de los pueblos más importantes: en concreto, a los vascones se les consideraba como los principales del “grupo vasco” y “su territorio era mayor que el de autrigones, caristios y várdulos”.

Plinio llamó várdulos a todos los habitantes del litoral vasco sin diferenciar las regiones y la diversidad de gentes, sin duda porque los várdulos fueron entonces los más distinguidos de los mareantes o gentes atrevidas que brillaron por su espíritu inquieto y audaz.

Esta ambigüedad en la designación de los pueblos ha inducido a algunos, a juicio de Bosch Gimpera, a excluir a los autrigones del grupo vasco para unirlos a los cántabros y a otros a propugnar la teoría de la colonización de los territorios del norte y noroeste por los vascones.

Lo que Bosch Gimpera admite es que sea fácilmente concebible que los vascones, desde su territorio originario, pudiesen avanzar o retroceder en el Ebro o caer sobre la llanura de Aquitania (de lo que da testimonio Gregorio de Tours), pero “una conquista de los valles vascos parece inverosímil y el solo silencio de las fuentes respecto al nombre de los demás pueblos vascos es insuficiente para comprobarla”[17].

Caro Baroja también niega tal desplazamiento al noroeste, hacia el solar de autrigones, caristios y várdulos[18]. Mañaricua[19] atribuye el equívoco a la frase de Alfonso III antes citada en la que se dice “las Bardulias que ahora se llaman Castilla”[20] y concluye que

“no tenemos un solo texto que pruebe el corrimiento de los vascones hacia occidente”[21].

En una línea equivalente, García de Cortázar sostiene que si bien pudiera dar la impresión de que los vascones se hubieran desplazado hacia el oeste, considera más probable que, aunque no se sepa cuáles fueron las verdaderas razones,

“tal vez lo que se desplazara no fuera el pueblo sino el nombre de vascón” con el que desde la crisis del imperio romano hasta el siglo IX “se va a conocer indistintamente las tierras ocupadas por vascones, várdulos y caristios, tal vez, contempladas en la unidad que les daba un mismo idioma”[22].

Esta tesis de García de Cortázar demostraría la existencia de un fuerte vínculo entre las distintas tribus vascas al participar de un mismo idioma y formar todas ellas parte de lo que se puede denominar Euskal Herria.

Son de la misma opinión Barbero y Vigil, para quienes,

“pudo suceder que entonces se llamara vascones indistintamente a los que hablaban vasco”,

es decir, también a los várdulos y caristios y parte de los autrigones, con lo que no se habría producido el corrimiento de los vascones hacia Gipuzkoa y Bizkaia, como pretendía Schulten y lo asentía Sánchez-Albornoz, sino que se trataría de la “extensión de un nombre étnico a un área geográfica mayor”, siendo los vascones los que hablaban la lengua indígena, el euskera en sus diversos dialectos[23]. Por otra parte, Besga Marroquín sostiene que “no hay ningún dato que avale la supuesta vasconización de las Vascongadas”, aunque reconoce que el peso de la teoría “ha sido tan enorme que ha sido muy difícil sustraerse a su influencia”[24].

Aunque hasta tiempos recientes no había opiniones discrepantes en lo que se refiere al desplazamiento de los vascones hacia el norte, al otro lado de los Pirineos, hacia Aquitania[25], en los últimos años también se cuestiona esa explicación histórica. Tanto en lo que se refiere a los movimientos de los vascones hacia el norte y el oeste como al origen histórico del euskera y su desplazamiento, se ha abierto un incipiente debate en que se discuten cuestiones tan relevantes como la idea de un nuevo punto geográfico de origen del euskera en los valles pirenaicos o la insistencia acerca de la “euskaldunización tardía” de las Vascongadas e incluso de Navarra, discusión en la que no solo toman parte historiadores y arqueólogos, sino también epigrafistas, filólogos y vascólogos, con aportaciones y posiciones muy controvertidas[26].

FUENTES

Dada la escasez de fuentes literarias de la época que se pretende investigar, aún mayor si cabe en relación con las tribus vascas, el estudio acudirá inevitablemente a la búsqueda de otro tipo de fuentes además de las documentales y cronísticas, como son los relatos de los historiadores y geógrafos clásicos, las inscripciones, los hallazgos arqueológicos, la paleografía, la epigrafía, la toponimia y la antroponimia, incluyendo las aportaciones más recientes de los diferentes investigadores, que nos permitan ampliar los conocimientos o contribuir con nuevos enfoques o puntos de vista para una mejor comprensión de esta época de la historia de los territorios vascos.


[1] Risco se expresa categóricamente: “Ninguno de los escritores que precedieron al imperio de Augusto mencionó caristos, várdulos, autrigones y vascones; y solo se encuentra hablando de las gentes que vivían desde los términos orientales de las Asturias hasta el Pirineo, memoria de cántabros; lo que hace sospechar que los referidos nombres no se usaron hasta que los geógrafos dividieron todo aquel trecho en varias regiones” (RISCO, Manuel, España Sagrada, tomo XXXII, La Vasconia, tratado preliminar, imprenta de Miguel Escribano, Madrid, 1779, pág. 60, pfo. 32).

[2] Así lo explica Risco: “Plinio dice que… desde el término oriental de las Asturias hasta el Pirineo se hallaban también muchas gentes y de nombres distintos: las cuales están comprendidas en los geógrafos en estas cinco: cántabros, caristos, autrigones, várdulos y vascones; y en Mela en solas dos: cántabros y várdulos. Estrabon testifica que eran muchas las regiones, pero que las omitía por el disgusto y fastidio que traía el escribir sus nombres… De aquí se colige con evidencia que hicieron várdulos a muchos que no lo eran y autrigones a otros que no pertenecían a esta gente; pues huyendo de poner sus nombres particulares los confundieron con otros por solo su arbitrio” (RISCO, Manuel, España Sagrada, tomo XXXII, La Vasconia, op. cit., págs. 58 y 59, pfos. 29 y 30).

[3] Así lo explica Risco, para conciliar los textos de César, que llama cántabros a los pueblos vecinos a la Aquitania, y sujetos a Afranio, lo que “debe entenderse de los vascones a quienes no dio el nombre particular, sino el general…”; y lo explica: “Así pues, como en Galicia no habitaban solo gallegos absolutamente, sino también gallegos bracaros, gallegos celerinos, etc., y en Asturias se hallaban no solo astures, sino astures brigecinos, astures bedunenses, etc., y en la Aquitania no solo aquitanos sino aquitanos tarbelos, aquitanos precianos; así también en esta parte (desde las Asturias hasta el Pirineo) se conocían no solo cántabros, sino también cántabros alotrigas, cántabros várdulos, etc…; y la de Mela, que describiendo la costra de Francia, dice que aunque en el principio es igual luego se mete tanto al mar que llega a a oponerse a las tierras cantábricas, lo cual se verifica de los costa de los vascones, várdulos, autrigones, etc.” (RISCO, Manuel, España Sagrada, tomo XXXII, La Vasconia, op. cit., pág. 61, pfo. 33). Flórez, sin embargo, tomando a Mela, dice que “no pensó en dar a los cántabros toda la costa desde Asturias al Pirineo: pues aunque mencionó menos regiones (por lo muy conciso de su estilo) con todo expresó desde Asturias al Pirineo dos, que son los cántabros y los várdulos. De los cántabros dice que, aunque tienen algunos pueblos y ríos, no pueden acomodarse a la lengua latina: pero expresa el río Saurio en los cántabros, el Nerua en los autrigones, y luego el Deva y Magrada, concluyendo que los várdulos cerraban las Españas hasta el Pirineo. Así en el libro 3 cap. 1, que se intitula “De las costas de España por el mar Océano”, sin meterse en hablar de lo mediterráneo, ni aún expresar el nombre de los vascones, que sin duda tenían parte en la costa con la ciudad de Olarso de Plinio, u Oeaso de Ptolomeo. Ni nombró a los caristios, que eran más reducidos: pero expresó al río Deva, que les aplica Ptolomeo sin mencionar el nombre particular de la región. Sin embargo de esta concisión, debe alegarse Mela en prueba de que no era Cantabria desde el Pirineo a Asturias. La razón es porque expresamente da aquella costa a los cántabros y várdulos, de lo que se infiere que los várdulos no eran cántabros, pues si lo fueran, un escritor tan conciso que escaseó el nombre de vascones, no hubiera explicado los várdulos; pero habiendo repartido la costa entre ellos y los várdulos no podemos dudar que los reconoció como naciones diversas y, por consiguiente, con diferentes límites, explicados después con más individualidad por Plinio y Ptolomeo…” (FLÓREZ, Henrique, La Cantabria, Disertación sobre el sitio y extensión que tuvo en tiempos de los romanos, Discurso preliminar al tomo XXIV de la España Sagrada… imprenta de Antonio Marín, Madrid, 1768, págs. 25 y 26, pfos. 46 y 47; citado también en RISCO, M., España Sagrada, tomo XXXII, La Vasconia, op. cit., pág. 61, pfo. 36). Risco sostiene, en contra de Flórez, que “no puede probarse que los várdulos, autrigones y vascones no eran cántabros por tener nombres y territorios distintos de la Cantabria…; y, al igual que el caso de la Celtiberia que, además de ser una región particular que se componía de los pueblos que le atribuye Ptolomeo, era también región general, que contenía dentro de sus límites a los pelendones y arevacos, como consta de Strabon y Plinio: así la Cantabria, demás de ser región particular con determinados pueblos, era también región general que abrazaba a los vascones, várdulos, autrigones y caristos, como consta de Julio César y otros que dejo alegados” (RISCO, M., España Sagrada, tomo XXXII, La Vasconia, op. cit., pág. 66, pfo. 40).

[4] Cronicón de Idacio, versión castellana, 2ª edición del Dr. Marcelo Macías, Orense, imprenta de A. Otero, 1906, pág. 39.

[5] Cronicón de Idacio, versión castellana, 2ª edición de Dr. Marcelo Macías, op. cit., pág. 46.

[6] OIHENART, Arnaldo, Notitia utriusque Vasconiae, op. cit., libro primero, capítulo VI, págs. 129 y 130.

[7] SCHULTEN, Adolf, “Las referencias sobre los vascones”, Revista Internacional de Estudios Vascos, 1923, págs. 225 a 240.

[8] Y añade: “Dichos límites subsisten todavía en Ptolomeo” (SCHULTEN, Adolf, “Las referencias…, op. cit., págs. 239 y 240).

[9] Por lo que se refiere a Bizkaia y gran parte de Gipuzkoa actuales, la afirmación debe ser calificada como conjetura, porque no lo acredita.

[10] Tampoco aquí aporta ninguna prueba.

[11] SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Claudio, “Los vascones vasconizan la depresión vasca”, Vascos y navarros en su primera historia, op. cit., págs. 72 a 78. Lo mismo aparece en Orígenes de la Nación Española. “Estudios críticos sobre la historia del reino de Asturias”, I, Oviedo, 1972, págs. 101 a 106, y en Orígenes de la Nación Española. El Reino de Asturias, obra resumen o antología de la anterior, op. cit., pág. 38 y sigs.

[12] SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Claudio, Orígenes de la Nación Española…, op. cit., pág. 38. Sánchez-Albornoz no dice a qué filólogo se refiere, cuando afirma como probable el origen celta de la palabra “vascón”, e identifica su significado como “los orgullosos”, o los de “las alturas”. Surge una duda: o para el filólogo anónimo y para Sánchez-Albornoz los celtas hablaban vascuence (euskera) o, de no ser así, no da pruebas del origen celta de la palabra, ni rebate argumentalmente lo que se manifiesta en el Diccionario de la Academia y es defendido por muchos escritores y filólogos, esto es, su procedencia de la palabra vasca “baso” (monte, bosque) y del sufijo euskérico “ko” (de, procedencia).

[13] SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Claudio, Orígenes de la Nación Española…, op. cit., pág. 36.

[14] SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Claudio, Orígenes de la Nación Española…, op. cit., pág. 36.

[15] SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Claudio, Orígenes de la Nación Española…, op. cit., pág. 60.

[16] SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Claudio, Orígenes de la Nación Española…, op. cit., pág. 60.

[17] BOSCH GIMPERA, P., “Los celtas y el País Vasco”, RIEV, 1932, 23-3, pág. 463.

[18] CARO BAROJA, Julio, Los pueblos del norte de la Península Ibérica, pág. 77 y sigs.

[19] MAÑARICUA, “¿Vasconización de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya?”, en Vizcaya, siglos VIII al XI…, op. cit., págs. 25 a 37.

[20] Dentro de la frase de la crónica de Alfonso III figura “Bardulies qui nunc uocitatur Castella”, las Bardulias que ahora se llaman Castilla. Ya en 1948, Ramos Loscertales mantuvo que jamás Castilla se llamó Bardulies y que nos encontramos simplemente ante “un desafortunado rasgo de erudición del autor de la Crónica” [RAMOS LOSCERTALES, J.M., “Los jueces de Castilla”, en Cuadernos de Historia de España, 10, 1948, 85 (cfr. MAÑARICUA, Vizcaya, siglos VIII al XI…, op. cit., págs. 28 y 29)], consideración que rechaza Sánchez Albornoz, aunque acepta Mañaricua (MAÑARICUA, Vizcaya, siglos VIII al XI…, op. cit., pág. 29).

[21] Las conclusiones de Mañaricua son claras: “1ª No puede pretenderse que las fronteras de los vascones hubieran permanecido inalteradas a lo largo de los siglos. Ciertamente se dieron variaciones; 2ª No se ha probado una expansión de los vascones a expensas de los várdulos y caristios tras de la caída del imperio romano. No hay base para admitir que, presionados los várdulos por los vascones, arrastraron consigo a los caristios hacia el suroeste; 3ª La extensión del nombre de vascones a tierras várdulas y caristias no implica necesariamente expansión y dominio político, aunque bien pudo ir acompañada y aun causada por modificaciones del estado político y militar, y 4ª No hay ningún fundamento para ver en una supuesta invasión vascona del siglo V el origen del euskera en Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. En otras palabras: no se puede hablar de que los vascones vasconizaran la depresión vasca” (MAÑARICUA, “¿Vasconización de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya?”, en Vizcaya, siglos VIII al XI…, op. cit., pág. 37).

[22] Apunta como una de las razones la “mayor fortaleza y prestigio del pueblo vascón”, en línea con lo argumentado por Bosch Gimpera (GARCÍA DE CORTÁZAR, José Ángel, Vizcaya en la Alta Edad Media, colección temas vizcaínos, año IX, núm. 105, editada por la Caja de Ahorros Vizcaína, septiembre, 1983, pág. 10); véase también GARCÍA DE CORTÁZAR, “Del Cantábrico al Duero”, en Organización social del espacio en la España medieval. La Corona de Castilla en los siglos VIII a XV (coord.), Ariel, Barcelona, 1985; en este trabajo habla de las posibles variadas y contrapuestas razones sobre la falta de acuerdo sobre localización de los “viejos étnicos” (Schulten y Sánchez-Albornoz de un lado, con su tesis del desplazamiento hacia el oeste de los vascones, y Caro Baroja y Mitxelena del otro, para quienes las formas dialectales del euskera dejaría sin sentido una “presunta vasconización de la depresión vasca”), razones que García de Cortázar esquematiza: “desplazamientos generales de los antiguos pueblos; simples desbordamientos parciales de su antiguo solar por cambios en sus dedicaciones económicas, o, más simplemente todavía, a deficiencias y confusiones de ubicación por parte de los primeros cronistas asturianos, que tienen ante sí, durante el siglo IX, una realidad algo distinta a la constatada por los romanos” (GARCÍA DE CORTÁZAR, ”Del Cantábrico al Duero”, Organización social del espacio en la España medieval…, op. cit., pág. 47). Esta última explicación se asemeja a la dada por Bosch Gimpera.

[23] BARBERO, Abilio y VIGIL, Marcelo, “Sobre los orígenes sociales de la Reconquista”, págs. 7 a 72, Visigodos, cántabros y vascones en los orígenes sociales de la Reconquista, op. cit., pág. 41.

[24] BESGA MARROQUÍN, Armando, “El concepto de vascón en las fuentes durante los siglos VI-IX”, Letras de Deusto, vol. 23, núm. 61, 1993, págs. 58 a 68.

[25] Véase SANCHEZ ALBORNOZ, C. “Los vascones vasconizan la depresión vasca”, Vascos y navarros en su primera Historia, op. cit.; BARBERO, A., y VIGIL M., “Sobre los orígenes sociales de la Reconquista: cántabros y vascones desde fines del Imperio romano hasta la invasión musulmana”, en Visigodos, cántabros y vascones en los orígenes sociales de la Reconquista, op. cit.

[26] La televisión vasca emitió recientemente una serie documental titulada “Una historia de Vasconia: euskaldunización tardía”, en la que, según la propia ETB, “el documental mantiene la tesis de que antes del siglo VI en la Vasconia occidental no se hablaba euskera y afirma que a partir de esa época el euskera se consolidó en el entorno de la ciudad de Pamplona, procedente de los valles pirenaicos, desde donde se extendió por todo el territorio de Vasconia”. A juicio de la directora general de EITB, Maite Iturbe, “la teoría que presenta el documental sobre el euskera no está muy extendida, pero investigadores de diferentes campos han puesto sobre la mesa importantes descubrimientos y reflexiones. Este trabajo divulgativo es una aportación que contribuye a enriquecer el debate científico”. Sobre esta controversia véase ALTUNA ENZUNZA, Aitzol, Desmontando la vasconización tardía, libro elaborado por Amazon.com Columbia, SC, 30 de marzo de 2017, en el que el autor se opone a la tesis de la vasconización tardía.

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Trabajé en EITB en los años 1986 y 1987 como director general del ente. En esos tiempos pusimos en marcha, con la oposición radical del PSOE de Felipe González, el segundo canal, ETB2, que pretendía terminar con el monopolio informativo de Televisión Española y dar un cauce de expresión, en castellano, a los miles de ciudadanos vascos que solo se informaban con el monopolio televisivo.  Así lo reconocieron quienes entendieron la decisión, entre otros el periódico de prestigio mundial New York Times, y algún artículo en pocos medios de comunicación vascos, como fue el caso que ahora recuerdo de Ramón Zallo, publicado en Egin.

Se trataba de defender la permanencia y potenciación de un canal íntegramente en euskera, con la necesidad de mantener un medio de comunicación en castellano, que sirviera para los miles de ciudadanos vascos que no tenían la suerte de expresarse o entender el euskera, tratando de compensar la ausencia de medios de comunicación que apoyaran y defendieran el ámbito vasco de decisiones, en lo económico, en lo social, en lo cultural y en lo político.

Siempre quedó muy claro, y así lo recogimos en un protocolo de actuación, que el objetivo principal de los medios de comunicación vascos incluidos en EITB deberían servir para la recuperación y potenciación del euskera. Y en consecuencia, establecimos que ETB1 difundiría  en exclusiva la programación infantil y juvenil, para el apoyo a la euskaldunización de nuestros hijos, y los programas deportivos, en la medida en que las imágenes de los espectáculos deportivos facilitan y ayudan a seguir el canal en euskera, tanto a los euskeraparlantes como a los euskaldunberris, y de esta manera, se mantenía el objetivo principal de apoyo al euskera.

En estos duros tiempos que nos está tocando vivir de una catástrofe sanitaria sin precedentes, corremos el riesgo de abandonar los objetivos fundacionales de ETB2 antes expuestos, en la medida en que los  recursos económicos del ente se puedan centrar, con una visión cortoplacista, en el canal en castellano, en deterioro de ETB1, tomando en consideración únicamente lo urgente y olvidándonos de lo importante.

Si bien algunos aspectos no son resolubles mientras subsista la crisis sanitaria, como es el caso de la ausencia de espectáculos deportivos o la centralización de los programas infantiles en ETB3, me da la impresión de que la prioridad de aplicación de recursos en la actualidad está cada vez más centralizada en el canal en castellano.

Espero no equivocarme. Llamo la atención para que no se deteriore más ETB1, por lo que es necesario, y urgente, dedicar recursos económicos no solo para ETB2, que a mi juicio, y por lo que se refiere a los programas de actualidad, como por ejemplo «En Jake«, lo está haciendo con más libertad y pluralidad que las televisiones con las que compite, sino también para ETB1, que precisa de apoyo económico sin recurrir a llenar las horas de programación a base de repeticiones o a la reformulación de programas que estaban funcionando muy bien, como es el caso de «Ur handitan» o «Herri txiki infernu handi» o «Gure Kasa», utilizando web cams u otros medios técnicos que deterioran la imagen del ente público vasco que tanta importancia estratégica tiene para el futuro.

Que la situación sanitaria crítica de la actualidad, no hunda al canal más importante de la televisión publica vasca, que es ETB1.

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«Barri», en vizcaino, y «berri», en guipuzcoano son las dos palabras-objeto de esta entrada. Ambas significan lo mismo, «nuevo, nueva«. Ambos términos compiten en el lenguaje hablado en los territorios vascos. «Barri«, cada día menos utilizado. En los medios  de comunicación e instituciones públicas se va imponiendo «berri«. Uno de los casos más característico es el de la felicitación de año nuevo. Urte berri on.

Koldo Mitxelena, uno de los principales impulsores de la unificación lingüística, el euskera batua, llegó a admitir que el dialecto vizcaino fue uno de los «perdedores» del proceso de unificación:

«No es que se dé de lado a vizcaínos y suletinos; lo que ocurre es que la forma de lengua elegida, una por definición, les deja en una situación marginal, que es la que les asigna la misma geografía…» (Mitxelena, La lengua vasca, Leopoldo Zugaza, editor, Durango, 1977, cfr. Bizkaia en la Edad Media).

El que fuera rector de la Universidad de Salamanca, el filólogo Antonio Tovar, cuando analizaba ciertas diferencias dialectales del euskera, ponía como ejemplo paradigmático el caso de «barri«, que se emplea en el oeste de Euskal Herria y «berri» en el este, con sus topónimos derivados, Etxebarria/Etxeberria, llegando a afirmar que Bizkaia:

«viene teniendo el dialecto más occidental del vasco desde hace más de tres mil años», y añadiendo que

«… el vizcaino, dialecto bien caracterizado, pero no independiente del euskera común, con una personalidad real …,  ha sabido conservar arcaísmos y palabras auténticamente vascas que otros dialectos han perdido tal vez…» (Tovar, El euskera y sus parientes, ediciones Minotauro, Madrid, 1959, cfr. en Bizkaia en la Edad Media).

La iglesia diocesana vizcaina mantiene el empleo de  «barri» como «nuevo»: así «barri ona«, «buena nueva, evangelio». El Athletic emplea también «barria» (San Mámés «barria«), respetando la grafía vizcaína. Dos grandes instituciones vizcainas, pero poco más. Me resulta chocante que la felicitación de año nuevo más habitual en Bizkaia sea «Urte berri on», olvidando esos más de tres mil años que los vizcainos habían conservado sus expresiones, tal como el profesor Tovar manifestaba.

No eludo que lo más importante, lo verdaderamente relevante, es aprender a hablar y utilizar el idioma, el euskera/euskara. Admito que una única palabra, una única expresión, un único término, como el de «barri» o «berri» no se merece someter a debate, cuando lo fundamental es el idioma en su conjunto. Lo admito.

Pero, sin ánimo de polemizar, pongo a continuación unos versos que, cuando éramos pequeños, allá por los años 50/60, antes de la unificación lingüística, en pueblos como Plentzia y otros muchos municipios vizcaínos, íbamos, casa por casa, anunciando el año nuevo, y deseando a las familias felicidad y prosperidad, recibiendo a cambio unos pequeños obsequios (turrón, pasas, dulces…), y se recitaba o se cantaba estos versos:

Urte barri barri

txarri belarri,

dekonak eztakonari

  • nik eztekot eta niri.
  • Apalazio zalduna
  • iru erregen eguna,
  • zotzak eta paluak
  • txori biorren kontuak.
  • Emongo bozu emoizu
  • baldin emongo badozu,
  • zuri begira gagozan arte
  • egiten yaku berandu.
  • Apalazio miri montaña
  • iru intxaurta lau gaztaiña.»

Estoy seguro que aún se mantiene viva la costumbre en muchos pueblos vizcaínos («dekonak eztakonari= el que tiene que dé al que no tiene).

¡Qué difícil rimar «berri» con «txarri belarri«!

En recuerdo de mi infancia en Plentzia, defiendo el empleo de ¡Urte barri on! para felicitar el año nuevo en euskera.

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Los vecinos de Plentzia, villa marinera fundada el año 1299 por Diego López de Haro,  el mismo señor de Bizkaia que también fundara Bilbao un año más tarde, andan revueltos… y preocupados. Con razón. La ria reúne cientos y cientos de embarcaciones de recreo, también algunas, no muchas, de pesca, desparramadas de manera anárquica, sin ningún criterio de ordenación, desde el puente hasta el Astillero y desde ahí hasta el puerto.

Basta echar un vistazo a estas pocas fotografías para darse cuenta de ello.

 

 

 

Ante la situación actual de cientos de botes, gasolinos y embarcaciones de todo tipo, nadie duda de la necesidad de un arreglo urgente. Pero  es evidente que, siendo inexcusable la ordenación, no da igual cómo se haga.

Ni siquiera está claro que haya que acometer la construcción de pantalanes antes de resolver el problema del dragado de la ría, nunca bien resuelto, agravado desde la desaparición del puente antiguo de piedra, como consecuencia de las inundaciones de 1983.

En democracia no es lo mismo imponer desde las instancias del poder un determinado proyecto que escuchar críticas y sugerencias a los vecinos y usuarios que contribuyan a mejorar lo que se pretende hacer. El ayuntamiento, representante de todos, no puede escudarse en la falta de competencias y debería ser capaz de lograr una participación ciudadana efectiva antes de asumir el proyecto definitivo.

Seguro que abundarán propuestas, muchas de ellas aprovechables.

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Bizkaia en la Edad Media, obra publicada por Ediciones Beta, está dividida en dos tomos:

Plantea una comparación entre las tesis del canónigo Juan Antonio Llorente (Rincón de Soto, 1756, Madrid, 1823) desarrolladas en sus Noticias históricas de las tres Provincias Vascongadas (1806-1808),  y las respuestas del consultor perpetuo de la Diputación Foral de Bizkaia, Francisco de Aranguren y Sobrado (Barakaldo, 1754, Madrid, 1808) y el  benedictino fray Domingo de Lerín y Clavijo (Cádiz, 1748, San Millán de la Cogolla, 1808), en relación con la historia de Bizkaia y el origen y naturaleza jurídico-constitucional de sus derechos históricos e instituciones forales. La obra de Llorente fue ampliamente difundida y protegida por los poderes públicos, mientras que la censura oficial impidió que la obra de Aranguren se publicara de manera completa hasta el año 1994; por su parte, Lerín ha sido un perfecto desconocido hasta que el año 2015 las Juntas Generales de Bizkaia publicaron Obras de fray Domingo de Lerín y Clavijo, con un  estudio introductorio mío.

I

Bizkaia en la Edad Media es la consecuencia de la investigación que inicié hace algunos años cuando traté de localizar un libro de Llorente, al parecer editado en Francia, en el que, hipotéticamente, se retractaba de sus opiniones recogidas en su obra Noticias históricas. Una segunda versión de los hechos, mantenida por diversos historiadores y autoridades vizcaínas, sostenía que Llorente, con posterioridad a la publicación de dicha obra, se había ofrecido al señorío de Bizkaia para, previo pago, redactar un nuevo libro de retractación de sus Noticias históricas.

A lo largo de estos años no he localizado el supuesto libro de retractación ni he podido acreditar que hiciera un ofrecimiento expreso para desautorizarse a sí mismo. Sin embargo, fruto de las innumerables pesquisas y averiguaciones tras las pistas de las dos líneas de investigación citadas en torno a la obra de Llorente, tuve conocimiento casual de la existencia de unos manuscritos del depositados en el monasterio de San Millán. Con el material, el año 2015 se editó el libro, Obras de fray Domingo de Lerín y Clavijo antes mencionado.

Por otra parte, el año 1994, el servicio editorial de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea, publicó la obra de Francisco de Aranguren y Sobrado (Barakaldo, 1754, Madrid, 1808), Demostración de las autoridades de que se vale el doctor don Juan Antonio Llorente, edición de los profesores Portillo y Viejo, que incluye la obra completa de Aranguren, generando una ocasión propicia para comparar y cotejar las versiones de los tres escritores coetáneos.

Los trances centrales de la polémica tuvieron lugar entre los años 1806 y 1808. Desde las fechas en las que tanto Aranguren como Lerín conocieron los textos de Llorente (1806-1807) hasta que redactaron sus trabajos (1807-1808) transcurrió poco más de un año y, además, ambos fallecieron el año 1808 (Aranguren en julio, Lerín en noviembre). Ello les impidió estudiar y replicar con suficiente tiempo y sosiego a Llorente, que había dedicado más de 10 años a construir su tesis.

II

El tomo I del libro es una comparación crítica y sistemática entre la tesis de Llorente y las respuestas de Aranguren y Lerín, en relación con la historia de Bizkaia y el tomo II se centra en el origen y naturaleza jurídico-constitucional de sus derechos históricos.

En el desarrollo del debate se sigue el orden establecido por Llorente: la primera parte versa sobre lo que él llama “estado civil antiguo”, la segunda, “origen de los fueros” y la tercera, “apéndices documentales”. Se inicia con una introducción en la que se presenta el contexto general en el que surge la disputa que protagonizaron los tres historiadores. En un primer capítulo se exponen algunas cuestiones generales sobre la Historia del País Vasco o Euskal Herria en la antigüedad, mientras que el segundo está dedicado a los “papeles de Lerín”. A continuación, en la primera parte se analiza la polémica centrada en el tomo I de la obra de Llorente sobre características de la historia de Bizkaia en la Edad Media. La segunda abarca la cuestión de la historia y naturaleza jurídico-constitucional de los derechos históricos y del régimen foral. Y la tercera se centra en el apéndice documental, la presentación de las conclusiones y el listado de fuentes y bibliografía.

III

A modo de conclusiones, se deben diferenciar dos aspectos: en cuanto a la documentación empleada para la fundamentación de las posiciones de cada uno, se hace un análisis muy pormenorizado de los apéndices documentales aportados por Llorente y se detecta, y acredita, la existencia de interpolaciones y manipulaciones arbitrarias del canónigo en varios textos relevantes, como es el caso del documento de ingenuidad del rey don García de Navarra de 30 de enero de 1051, sobre el que incluso se cuestiona su autenticidad, cuya copia está en el archivo de la catedral de Calahorra o los documentos del arbitraje del rey de Inglaterra entre Castilla y Navarra (1176-1179) entre otros muchos.

Las posiciones son difícilmente reconciliables. Llorente defiende que las Provincias Vascongadas siempre estuvieron sujetas a los reyes de Asturias, León, Castilla o Navarra y, por tanto sus fueros y cuantas prerrogativas gozaron los vascongados eran consecuencia de gracias y mercedes hechas por los reyes, mientras que Aranguren y Lerín sostienen todo lo contrario, esto es, los señores eran soberanos de Bizkaia, calificado por los historiadores clásicos como territorio aparte, y desempeñaban al mismo tiempo el papel de vasallos de los reyes en territorios de fuera de Bizkaia por las tenencias, encomendaciones o mandaciones.

Por lo que respeta al ordenamiento jurídico, Llorente niega la singularidad de Bizkaia y la existencia de pactos entre los vizcaínos y los señores. Bizkaia nunca tuvo leyes propias, los vizcaínos se gobernaron por las leyes de los romanos, godos, asturianos, leoneses, castellanos y navarros, sucesivamente, y se pagaban pechos y tributos como en Castilla. Para Aranguren, los vizcaínos siempre tuvieron leyes propias, bien un ordenamiento jurídico no formulado basado en usos y costumbres, bien ordenamientos escritos (cartas de fundación de las villas otorgadas por los señores, no por los reyes, el cuaderno de Juan Núñez de 1342, la Hermandad de Gonzalo Moro de 1394 y el Fuero Viejo de 1452 y el Fuero de 1526). Los vizcaínos eran todos hijosdalgo y dispusieron de tribunal propio y exclusivo para resolver las cuestiones de vizcainías (Sala de Vizcaya de la Real Chancillería de Valladolid); eran libres y exentos, quitos y franqueados de todo pedido, servicio, moneda y alcabala. Lerín defiende que el señorío de Bizkaia fue estado soberano e independiente y su jefe o señor ejercía todas las facultades, preeminencias y jurisdicciones en calidad de soberano.

IV

A modo de cierre, se debe tener en cuenta que los acontecimientos a los que se refiere la investigación tienen lugar en época feudal, por lo que resulta de imposible o muy difícil encaje tratar de explicarlos con los valores actuales; de ahí que se plantean dudas interpretativas en cuanto a la legitimidad de las confiscaciones o tomas del poder del territorio de Bizkaia en diversos momento de la Historia: Llorente lo justifica por la soberanía real, mientras que Aranguren y Lerín lo achacan a situaciones de fuerza que no generan ningún derecho.

El hecho de haberse conocido recientemente lo escrito por Lerín (2015) confiere a la obra Bizkaia en la Edad Media un valor adicional y es motivo suficiente para suscitar el interés de otros investigadores, una oportunidad para plantear nuevas aportaciones o nuevos enfoques.

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Para el mantenimiento y desarrollo de la vida social y política de los pueblos que componían Euskal Herria en la antigüedad, y, más en concreto, de Bizkaia, se nos ha hablado de las reuniones de los ancianos o seniores del país a las puertas de las iglesias, reunidos en «juntas» o «batzarrak«, donde se tomaban las decisiones que afectaban al colectivo de manera democrática: el pueblo gobernado por sí mismo,  al modo de una república idealizada, sin necesidad de caudillos, reyes o señores («jaunak«).

Las normas por las que se regía la comunidad eran consuetudinarias, basadas en usos y costumbres ancestrales, esto es, un ordenamiento jurídico no formulado, y en las decisiones que se iban tomando en dichas juntas o batzarrak, que se fueron estableciendo en forma escrita a partir del siglo XIV.

En el caso de Bizkaia, no existe una acreditación documental de la existencia y funcionamiento de las Juntas Generales, hasta bien entrada la Baja Edad Media: en concreto, el levantamiento del juramento de nombramiento de señor al hijo de Diego López de Haro y el reconocimiento de María Díaz de Haro como futura señora, al fallecimiento de don Diego. Esta reunión tuvo lugar el año 1307.

El Fuero Viejo de 1452 apenas hace referencia a la organización y funcionamiento de las Juntas Generales, la principal institución que se supone debería representar la soberanía del territorio.

Desde posiciones  contrapuestas se han ido elaborando unas bases conceptuales para argumentar,  o bien, sobre la absoluta democracia e independencia de dichas instituciones, o para reducirlas a la mínima expresión y subordinarlas a poderes superiores representados por los reyes de Castilla o de Navarra. No es fácil superar estas dos posiciones extremas y, en muchas ocasiones, la falta de documentación ha sido sustituida por voluntarismos, conjeturas y patrañas que pudieran amparar posiciones previamente existentes en las mentes de los respectivos historiadores o juristas.

Pretender esbozar una teoría cerrada de los orígenes de los vascos, sus relaciones con los pueblos vecinos, su mayor o menor dependencia de otras civilizaciones, como la romana, goda, astur-leonesa, castellana, etc., resulta una labor ardua, sujeta a unas limitaciones insoslayables por falta de pruebas históricas irrefutables.

La dificultad es aún mayor en la medida en que el cristianismo llegó con retraso en relación con los pueblos de alrededor y la escasa documentación existente procede de las crónicas, escritas la mayor parte de las veces para el halago y honra de los reyes que las encargaban, fueran astures, astur-leoneses o castellanos. Para disponer de unas mínimas fuentes documentales habrá que esperar a El libro de linajes, escrito por el conde portugués Pedro de Barcelos entre 1323 y 1344 y al vizcaino Lope García de Salazar, quien, un siglo más tarde, escribe la Crónica de Vizcaya (1454) y Las Bienandanzas e fortunas.

La ausencia de documentación es verdaderamente lamentable. En nuestro caso, el nombre o término «Bizcai» aparece por primera vez en la Crónica de Alfonso III, escrita hacia el año 900 y atribuida a Don Sebastián, obispo de Salamanca, con una frase escueta, del siguiente tenor:

«Alabanque, Bizcai, Alaone et Urdunia, a suis incolis reperiuntur semper esse posessae» (Álava, Bizkaia, Alaón y Orduña fueron defendidas por sus habitantes y poseídas simpre por éstos).

Del escasísimo volumen de fuentes conservadas en el período entre 1050 y comienzos del siglo XIV nos da cuenta la obra «Bizkaya en la Edad Media«, obra colectiva de José Ángel García de Cortazar, Beatriz Arizaga Bolumburu, María Luz Ríos Rodríguez e Isabel del Val Valvivieso, Haranburu Editor, San Sebastián, 1985: sesenta testimonios escritos (30 relativos a actos de enajenación de propiedades inmuebles, 10 noticias de actividades cronísticas de Señores en relación con el Señorío, 10 documentos concernientes a las primeras villas y un cortísimo grupo de documentos variados.

Hay quien sospecha de la quema o desaparición intencionada de los archivos de documentos medievales, vizcaínos y vascos en general, que hubieran podido acreditar, por ejemplo, actuaciones jurisdiccionales de los señores en sus territorios, decisiones soberanas de las juntas en relación la  aprobación de normas o el nombramiento señores, etc.. Y, sobre todo, que sirvieran para clarificar el papel de los señores de Bizkaia, en su doble rol:

por una parte, vasallos de los reyes (de Castilla o de Navarra) en los territorios que disponían por mandaciones o encomendaciones de fuera de Bizkaia, y

por otra, detentadores de poder soberano, exclusivo, independiente, en Bizkaia.

Afortunadamente, en los últimos tiempos se han aparecido una profusión de estudios e investigaciones sobre nuestra historia, con nuevas aportaciones, a los que me referiré en un posterior trabajo.

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Dentro de la semana de la arquitectura organizada para conocer edificios emblemáticos de la ciudad, los arquitectos de Madrid van a rendir homenaje al arquitecto navarro Francisco Javier Sáenz de Oiza por considerarlo «maestro de maestros de la segunda mitad del siglo XX».

Así lo ha anunciado hoy la presentadora bilbaína Ana Blanco en el telediario de TV1, añadiendo la periodista Sara Ramos Soriano que Sáenz de Oiza «rompió esquemas» en la arquitectura en 1955 con la basílica de Aránzazu en Oñate, y después la sede del Banco de Bilbao en Azca y el edificio de Torres Blancas, ambos en Madrid. La información ha concluido con el dato de que se exponen 400 planos originales y 60 maquetas de Oiza. No sé si el proyecto del cubo de la Alhóndiga de Bilbao se incluye en esos planos y maquetas de la exposición. Por ello y para aportar información documentada escribo esta entrada.

Pues bien, el arquitecto navarro fue contratado por el ayuntamiento de Bilbao en los años 1988 y 1989 para que desarrollara arquitectónicamente, junto con Jorge Oteiza y el también arquitecto bilbaíno Juan Daniel Fullaondo, el centro cultural de la Alhóndiga, que queríamos convertir en una «factoría de arte» en expresión feliz de Oteiza. Nos presentaron un proyecto inicial muy innovador, rompedor, con dos cubos y un paralelepípedo que unía ambos edificios en el aire, que lo tuvimos que ir modificando para cumplir los numerosos requisitos que nos iban imponiendo desde una denominada Comisión técnica nombrada por el Gobierno Vasco a través de la Consejería de Cultura. Tras un largo período de cambios y adaptaciones a las exigencias de la citada Comisión, se celebró una reunión en el interior del edificio de la Alhóndiga, en la que el máximo dirigente del PNV, con dos arquitectos amigos suyos y Michel Unzueta, trató de mediar para que hiciéramos alguna modificación más al objeto de conseguir los necesarios permisos. A la reunión asistí junto con Saénz de Oiza pues deseábamos seguir adelante con el proyecto, aceptando numerosos cambios que no modificaran sustancialmente el proyecto Oteiza-Oiza-Fullaondo.

De la supuesta mediación no tuve más información. No sé con quién habló el dirigente del PNV ni siquiera si lo hizo personalmente, pero si gestionó con las autoridades del Gobierno vasco no sirvió de nada. Al final nos denegaron los permisos. Sobre esta cuestión se puede leer varias entradas de este blog en las que fundamento mi posición como promotor del proyecto en calidad de alcalde de Bilbao, y las claves políticas del proyecto y de su rechazo por las autoridades vascas. Véase capítulo I(gestación), II, III, IV(centrado en la argumentación técnica de Sáenz de Oiza), V y VI(mi dimisión como alcalde de Bilbao).

En esas entradas explico con detalle el proceso y destaco la manifiesta contradicción que supuso la denegación del permiso para el cubo de la Alhóndiga, siendo una iniciativa pública, con la autorización para derribar un edificio de características análogas y edificar dos torres dejando tan solo un pequeño recuerdo de la fachada del edificio antiguo, de iniciativa privada. Por cierto, también habíamos aceptado esa fórmula de conservar un trozo de la fachada, aunque recibimos la enésima respuesta negativa. Hoy se podría añadir el caso de las torres que se han construido ya en Bilbao, de altura igual o superior a nuestro proyecto, dado que la altura era, supuestamente, uno de los argumentos «técnicos» que utilizaban para no permitirnos construir.

El navarro Sáenz de Oiza fue el arquitecto director del proyecto, con el asesoramiento y apoyo del también navarro Jorge Oteiza (que ya habían participado conjuntamente en la basílica de Aránzazu)  y del bilbaíno Daniel Fullaondo. Todos de prestigio reconocido, además de vascos.

Me alegro mucho de este merecido homenaje que los arquitectos de Madrid hacen a Francisco Javier Sáenz de Oiza (q.e.p.d.) y transmito mi enhorabuena a toda su familia.

 

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De izquierda a derecha, Jon Intxaustegui, Jorge Oteiza, Francisco Javier Sáenz de Oiza, José María Gorordo y Juan Daniel Fullaondo. Jorge Oteiza celebraba su 80 cumpleaños.

 

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Portada del proyecto técnico de Sáenz de Oiza

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Una de las numerosas páginas del proyecto

 

 

 

 

 

 

 

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Tan solo 200 años nos separan de la fecha en que el Consulado de Bilbao (1511-1829) fundara, en su última fase de existencia, la Escuela de Comercio de Bilbao, posteriormente llamada, entre otras denominaciones, Escuela de Altos Estudios Mercantiles como figura aún en el edificio de la calle Elcano de Bilbao, en la que se impartían clases de Peritaje, Profesorado e Intendencia Mercantil. En 1972 pasó a integrarse como Escuela Universitaria en la Universidad del País Vasco /Euskal Herriko Unibertsitatea, denominándose en la actualidad, a partir de 2016, Facultad de Economía y Empresa, Sección Elcano.

Una de las causas que motivaron su creación fue el vacío que había creado la supresión  el año 1800 de la Escuela de Dibujo patrocinada por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País (RSBAP), lo que hizo que el Consejo de la Villa (hoy diríamos el ayuntamiento) acudiera al Consulado de Bilbao para que colaborase con el mantenimiento de la misma; además de ello, el Consulado se propuso abrir por su cuenta cuatro cátedras: dos de comercio, una de francés y otra de inglés, según un plan elaborado en 1804, que culminó con la aprobación del proyecto en agosto de 1818, celebrándose las correspondientes oposiciones en diciembre de dicho año. Los cuatro titulares de las cátedras consulares fueron Alberto Lista (matemáticas), Anselmo Alfonso (dibujo), Antonio del Olmo (francés) y Francisco Feraut (inglés). El 1 de marzo de 1819 se celebró la apertura de la Escuela de Comercio de Bilbao, con un discurso del prior del Consulado, Manuel María de Aldecoa, y la lección inaugural corrió a cargo de Alberto Lista.

Lamentablemente la Universidad nunca ha sido una de los puntos fuertes del País Vasco, pues mientras en Bolonia, París, Palencia, Salamanca o Valladolid, por citar unos pocos ejemplos, disfrutaban de estudios universitarios desde varios siglos antes, nosotros tuvimos que esperar muchos años, lo que sin duda ha tenido sus consecuencias. No pretendo hacer ahora un análisis sobre las razones de la incomprensible y lamentable ausencia de centros universitarios entre nosotros, pero estos son los datos, de los que no nos podemos sentir especialmente orgullosos. Tan solo se puede añadir la existencia anterior de Escuelas de Náutica en Bilbao, Plentzia y otros lugares del País Vasco. En la época de la fundación de la Escuela de Comercio no habían nacido ni la Escuela de Ingenieros, ni la Universidad de Deusto, ni ninguna otra facultad universitaria.

Estudié el bachillerato en el Instituto de Bilbao y de aquella época recuerdo que la sede de la Escuela fue utilizada como Facultad de Ciencias Económicas antes de trasladarse a Sarriko, pues el «Insti» (entonces el único de Bilbao, hoy llamado Instituto Miguel de Unamuno) estaba en el edificio adyacente, el que da a la calle Licenciado Poza. También tuve relación con la Escuela en mi época de alcalde de la Villa.

Por la Escuela de Comercio han pasado muchos alumnos y profesores. Conocí a varios de ellos, a los directores José Luis Berasategui (último alcalde de Bilbao del franquismo) o Ramón Sala, que también fue director gerente del periódico La Gaceta del Norte, con quien compartí algunas gestiones relacionadas con la compra de papel en mi época de Deia; de más recientemente, conozco a varios profesores, entre ellos mi amigo Alfredo Buruaga, que ha impartido clases de Derecho Tributario durante 39 años.

Felicito a la Escuela por su bicentenario dedicado a la enseñanza. Zorionak.
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Mikel Arizaleta murió ayer viernes, tras un accidente doméstico en su casa de Lekeitio.

Conocí a Mikel en el ayuntamiento de Bilbao. Fue concejal de Herri Batasuna en el período 1987-1991. Coincidimos en la grata tarea de representación de los bilbaínos, aunque él ya había sido concejal en el mandato anterior.

Más tarde me he vuelto a encontrar con Mikel con motivo de dos libros: Obras de fray Domingo de Lerín y Clavijo (2015) y Bizkaia en la Edad Media (2 volúmenes, publicación consecuencia de mi tesis doctoral en Historia en la Universidad de Valladolid, 2017, en cuyo acto de presentación participó Mikel). Mikel se interesó desde el principio por los dos trabajos de investigación, añadiendo varios comentarios sobre ellos en su blog.

Mikel, persona de sólida formación intelectual, desempeñó una muy relevante labor como edil de Bilbao, apoyando proyectos importantes para Bilbao y sus barrios en el tiempo en que fui  alcalde de la Villa, de lo que deseo dejar constancia en este momento de su fallecimiento. Goian bego.

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El Parque Etxebarria fue posible con el apoyo de PNV, HB y EA, frente a los intentos de construir viviendas por parte de algunos partidos políticos. En el ayuntamiento de Bilbao ni el PSE-PSOE ni el PP apoyaron la decisión de compra.

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