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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Trabajé en EITB en los años 1986 y 1987 como director general del ente. En esos tiempos pusimos en marcha, con la oposición radical del PSOE de Felipe González, el segundo canal, ETB2, que pretendía terminar con el monopolio informativo de Televisión Española y dar un cauce de expresión, en castellano, a los miles de ciudadanos vascos que solo se informaban con el monopolio televisivo.  Así lo reconocieron quienes entendieron la decisión, entre otros el periódico de prestigio mundial New York Times, y algún artículo en pocos medios de comunicación vascos, como fue el caso que ahora recuerdo de Ramón Zallo, publicado en Egin.

Se trataba de defender la permanencia y potenciación de un canal íntegramente en euskera, con la necesidad de mantener un medio de comunicación en castellano, que sirviera para los miles de ciudadanos vascos que no tenían la suerte de expresarse o entender el euskera, tratando de compensar la ausencia de medios de comunicación que apoyaran y defendieran el ámbito vasco de decisiones, en lo económico, en lo social, en lo cultural y en lo político.

Siempre quedó muy claro, y así lo recogimos en un protocolo de actuación, que el objetivo principal de los medios de comunicación vascos incluidos en EITB deberían servir para la recuperación y potenciación del euskera. Y en consecuencia, establecimos que ETB1 difundiría  en exclusiva la programación infantil y juvenil, para el apoyo a la euskaldunización de nuestros hijos, y los programas deportivos, en la medida en que las imágenes de los espectáculos deportivos facilitan y ayudan a seguir el canal en euskera, tanto a los euskeraparlantes como a los euskaldunberris, y de esta manera, se mantenía el objetivo principal de apoyo al euskera.

En estos duros tiempos que nos está tocando vivir de una catástrofe sanitaria sin precedentes, corremos el riesgo de abandonar los objetivos fundacionales de ETB2 antes expuestos, en la medida en que los  recursos económicos del ente se puedan centrar, con una visión cortoplacista, en el canal en castellano, en deterioro de ETB1, tomando en consideración únicamente lo urgente y olvidándonos de lo importante.

Si bien algunos aspectos no son resolubles mientras subsista la crisis sanitaria, como es el caso de la ausencia de espectáculos deportivos o la centralización de los programas infantiles en ETB3, me da la impresión de que la prioridad de aplicación de recursos en la actualidad está cada vez más centralizada en el canal en castellano.

Espero no equivocarme. Llamo la atención para que no se deteriore más ETB1, por lo que es necesario, y urgente, dedicar recursos económicos no solo para ETB2, que a mi juicio, y por lo que se refiere a los programas de actualidad, como por ejemplo “En Jake“, lo está haciendo con más libertad y pluralidad que las televisiones con las que compite, sino también para ETB1, que precisa de apoyo económico sin recurrir a llenar las horas de programación a base de repeticiones o a la reformulación de programas que estaban funcionando muy bien, como es el caso de “Ur handitan” o “Herri txiki infernu handi” o “Gure Kasa”, utilizando web cams u otros medios técnicos que deterioran la imagen del ente público vasco que tanta importancia estratégica tiene para el futuro.

Que la situación sanitaria crítica de la actualidad, no hunda al canal más importante de la televisión publica vasca, que es ETB1.

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“Barri”, en vizcaino, y “berri”, en guipuzcoano son las dos palabras-objeto de esta entrada. Ambas significan lo mismo, “nuevo, nueva“. Ambos términos compiten en el lenguaje hablado en los territorios vascos. “Barri“, cada día menos utilizado. En los medios  de comunicación e instituciones públicas se va imponiendo “berri“. Uno de los casos más característico es el de la felicitación de año nuevo. Urte berri on.

Koldo Mitxelena, uno de los principales impulsores de la unificación lingüística, el euskera batua, llegó a admitir que el dialecto vizcaino fue uno de los “perdedores” del proceso de unificación:

“No es que se dé de lado a vizcaínos y suletinos; lo que ocurre es que la forma de lengua elegida, una por definición, les deja en una situación marginal, que es la que les asigna la misma geografía…” (Mitxelena, La lengua vasca, Leopoldo Zugaza, editor, Durango, 1977, cfr. Bizkaia en la Edad Media).

El que fuera rector de la Universidad de Salamanca, el filólogo Antonio Tovar, cuando analizaba ciertas diferencias dialectales del euskera, ponía como ejemplo paradigmático el caso de “barri“, que se emplea en el oeste de Euskal Herria y “berri” en el este, con sus topónimos derivados, Etxebarria/Etxeberria, llegando a afirmar que Bizkaia:

“viene teniendo el dialecto más occidental del vasco desde hace más de tres mil años”, y añadiendo que

“… el vizcaino, dialecto bien caracterizado, pero no independiente del euskera común, con una personalidad real …,  ha sabido conservar arcaísmos y palabras auténticamente vascas que otros dialectos han perdido tal vez…” (Tovar, El euskera y sus parientes, ediciones Minotauro, Madrid, 1959, cfr. en Bizkaia en la Edad Media).

La iglesia diocesana vizcaina mantiene el empleo de  “barri” como “nuevo”: así “barri ona“, “buena nueva, evangelio”. El Athletic emplea también “barria” (San Mámés “barria“), respetando la grafía vizcaína. Dos grandes instituciones vizcainas, pero poco más. Me resulta chocante que la felicitación de año nuevo más habitual en Bizkaia sea “Urte berri on”, olvidando esos más de tres mil años que los vizcainos habían conservado sus expresiones, tal como el profesor Tovar manifestaba.

No eludo que lo más importante, lo verdaderamente relevante, es aprender a hablar y utilizar el idioma, el euskera/euskara. Admito que una única palabra, una única expresión, un único término, como el de “barri” o “berri” no se merece someter a debate, cuando lo fundamental es el idioma en su conjunto. Lo admito.

Pero, sin ánimo de polemizar, pongo a continuación unos versos que, cuando éramos pequeños, allá por los años 50/60, antes de la unificación lingüística, en pueblos como Plentzia y otros muchos municipios vizcaínos, íbamos, casa por casa, anunciando el año nuevo, y deseando a las familias felicidad y prosperidad, recibiendo a cambio unos pequeños obsequios (turrón, pasas, dulces…), y se recitaba o se cantaba estos versos:

Urte barri barri

txarri belarri,

dekonak eztakonari

  • nik eztekot eta niri.
  • Apalazio zalduna
  • iru erregen eguna,
  • zotzak eta paluak
  • txori biorren kontuak.
  • Emongo bozu emoizu
  • baldin emongo badozu,
  • zuri begira gagozan arte
  • egiten yaku berandu.
  • Apalazio miri montaña
  • iru intxaurta lau gaztaiña.”

Estoy seguro que aún se mantiene viva la costumbre en muchos pueblos vizcaínos (“dekonak eztakonari= el que tiene que dé al que no tiene).

¡Qué difícil rimar “berri” con “txarri belarri“!

En recuerdo de mi infancia en Plentzia, defiendo el empleo de ¡Urte barri on! para felicitar el año nuevo en euskera.

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Los vecinos de Plentzia, villa marinera fundada el año 1299 por Diego López de Haro,  el mismo señor de Bizkaia que también fundara Bilbao un año más tarde, andan revueltos… y preocupados. Con razón. La ria reúne cientos y cientos de embarcaciones de recreo, también algunas, no muchas, de pesca, desparramadas de manera anárquica, sin ningún criterio de ordenación, desde el puente hasta el Astillero y desde ahí hasta el puerto.

Basta echar un vistazo a estas pocas fotografías para darse cuenta de ello.

 

 

 

Ante la situación actual de cientos de botes, gasolinos y embarcaciones de todo tipo, nadie duda de la necesidad de un arreglo urgente. Pero  es evidente que, siendo inexcusable la ordenación, no da igual cómo se haga.

Ni siquiera está claro que haya que acometer la construcción de pantalanes antes de resolver el problema del dragado de la ría, nunca bien resuelto, agravado desde la desaparición del puente antiguo de piedra, como consecuencia de las inundaciones de 1983.

En democracia no es lo mismo imponer desde las instancias del poder un determinado proyecto que escuchar críticas y sugerencias a los vecinos y usuarios que contribuyan a mejorar lo que se pretende hacer. El ayuntamiento, representante de todos, no puede escudarse en la falta de competencias y debería ser capaz de lograr una participación ciudadana efectiva antes de asumir el proyecto definitivo.

Seguro que abundarán propuestas, muchas de ellas aprovechables.

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Bizkaia en la Edad Media, obra publicada por Ediciones Beta, está dividida en dos tomos:

Plantea una comparación entre las tesis del canónigo Juan Antonio Llorente (Rincón de Soto, 1756, Madrid, 1823) desarrolladas en sus Noticias históricas de las tres Provincias Vascongadas (1806-1808),  y las respuestas del consultor perpetuo de la Diputación Foral de Bizkaia, Francisco de Aranguren y Sobrado (Barakaldo, 1754, Madrid, 1808) y el  benedictino fray Domingo de Lerín y Clavijo (Cádiz, 1748, San Millán de la Cogolla, 1808), en relación con la historia de Bizkaia y el origen y naturaleza jurídico-constitucional de sus derechos históricos e instituciones forales. La obra de Llorente fue ampliamente difundida y protegida por los poderes públicos, mientras que la censura oficial impidió que la obra de Aranguren se publicara de manera completa hasta el año 1994; por su parte, Lerín ha sido un perfecto desconocido hasta que el año 2015 las Juntas Generales de Bizkaia publicaron Obras de fray Domingo de Lerín y Clavijo, con un  estudio introductorio mío.

I

Bizkaia en la Edad Media es la consecuencia de la investigación que inicié hace algunos años cuando traté de localizar un libro de Llorente, al parecer editado en Francia, en el que, hipotéticamente, se retractaba de sus opiniones recogidas en su obra Noticias históricas. Una segunda versión de los hechos, mantenida por diversos historiadores y autoridades vizcaínas, sostenía que Llorente, con posterioridad a la publicación de dicha obra, se había ofrecido al señorío de Bizkaia para, previo pago, redactar un nuevo libro de retractación de sus Noticias históricas.

A lo largo de estos años no he localizado el supuesto libro de retractación ni he podido acreditar que hiciera un ofrecimiento expreso para desautorizarse a sí mismo. Sin embargo, fruto de las innumerables pesquisas y averiguaciones tras las pistas de las dos líneas de investigación citadas en torno a la obra de Llorente, tuve conocimiento casual de la existencia de unos manuscritos del depositados en el monasterio de San Millán. Con el material, el año 2015 se editó el libro, Obras de fray Domingo de Lerín y Clavijo antes mencionado.

Por otra parte, el año 1994, el servicio editorial de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea, publicó la obra de Francisco de Aranguren y Sobrado (Barakaldo, 1754, Madrid, 1808), Demostración de las autoridades de que se vale el doctor don Juan Antonio Llorente, edición de los profesores Portillo y Viejo, que incluye la obra completa de Aranguren, generando una ocasión propicia para comparar y cotejar las versiones de los tres escritores coetáneos.

Los trances centrales de la polémica tuvieron lugar entre los años 1806 y 1808. Desde las fechas en las que tanto Aranguren como Lerín conocieron los textos de Llorente (1806-1807) hasta que redactaron sus trabajos (1807-1808) transcurrió poco más de un año y, además, ambos fallecieron el año 1808 (Aranguren en julio, Lerín en noviembre). Ello les impidió estudiar y replicar con suficiente tiempo y sosiego a Llorente, que había dedicado más de 10 años a construir su tesis.

II

El tomo I del libro es una comparación crítica y sistemática entre la tesis de Llorente y las respuestas de Aranguren y Lerín, en relación con la historia de Bizkaia y el tomo II se centra en el origen y naturaleza jurídico-constitucional de sus derechos históricos.

En el desarrollo del debate se sigue el orden establecido por Llorente: la primera parte versa sobre lo que él llama “estado civil antiguo”, la segunda, “origen de los fueros” y la tercera, “apéndices documentales”. Se inicia con una introducción en la que se presenta el contexto general en el que surge la disputa que protagonizaron los tres historiadores. En un primer capítulo se exponen algunas cuestiones generales sobre la Historia del País Vasco o Euskal Herria en la antigüedad, mientras que el segundo está dedicado a los “papeles de Lerín”. A continuación, en la primera parte se analiza la polémica centrada en el tomo I de la obra de Llorente sobre características de la historia de Bizkaia en la Edad Media. La segunda abarca la cuestión de la historia y naturaleza jurídico-constitucional de los derechos históricos y del régimen foral. Y la tercera se centra en el apéndice documental, la presentación de las conclusiones y el listado de fuentes y bibliografía.

III

A modo de conclusiones, se deben diferenciar dos aspectos: en cuanto a la documentación empleada para la fundamentación de las posiciones de cada uno, se hace un análisis muy pormenorizado de los apéndices documentales aportados por Llorente y se detecta, y acredita, la existencia de interpolaciones y manipulaciones arbitrarias del canónigo en varios textos relevantes, como es el caso del documento de ingenuidad del rey don García de Navarra de 30 de enero de 1051, sobre el que incluso se cuestiona su autenticidad, cuya copia está en el archivo de la catedral de Calahorra o los documentos del arbitraje del rey de Inglaterra entre Castilla y Navarra (1176-1179) entre otros muchos.

Las posiciones son difícilmente reconciliables. Llorente defiende que las Provincias Vascongadas siempre estuvieron sujetas a los reyes de Asturias, León, Castilla o Navarra y, por tanto sus fueros y cuantas prerrogativas gozaron los vascongados eran consecuencia de gracias y mercedes hechas por los reyes, mientras que Aranguren y Lerín sostienen todo lo contrario, esto es, los señores eran soberanos de Bizkaia, calificado por los historiadores clásicos como territorio aparte, y desempeñaban al mismo tiempo el papel de vasallos de los reyes en territorios de fuera de Bizkaia por las tenencias, encomendaciones o mandaciones.

Por lo que respeta al ordenamiento jurídico, Llorente niega la singularidad de Bizkaia y la existencia de pactos entre los vizcaínos y los señores. Bizkaia nunca tuvo leyes propias, los vizcaínos se gobernaron por las leyes de los romanos, godos, asturianos, leoneses, castellanos y navarros, sucesivamente, y se pagaban pechos y tributos como en Castilla. Para Aranguren, los vizcaínos siempre tuvieron leyes propias, bien un ordenamiento jurídico no formulado basado en usos y costumbres, bien ordenamientos escritos (cartas de fundación de las villas otorgadas por los señores, no por los reyes, el cuaderno de Juan Núñez de 1342, la Hermandad de Gonzalo Moro de 1394 y el Fuero Viejo de 1452 y el Fuero de 1526). Los vizcaínos eran todos hijosdalgo y dispusieron de tribunal propio y exclusivo para resolver las cuestiones de vizcainías (Sala de Vizcaya de la Real Chancillería de Valladolid); eran libres y exentos, quitos y franqueados de todo pedido, servicio, moneda y alcabala. Lerín defiende que el señorío de Bizkaia fue estado soberano e independiente y su jefe o señor ejercía todas las facultades, preeminencias y jurisdicciones en calidad de soberano.

IV

A modo de cierre, se debe tener en cuenta que los acontecimientos a los que se refiere la investigación tienen lugar en época feudal, por lo que resulta de imposible o muy difícil encaje tratar de explicarlos con los valores actuales; de ahí que se plantean dudas interpretativas en cuanto a la legitimidad de las confiscaciones o tomas del poder del territorio de Bizkaia en diversos momento de la Historia: Llorente lo justifica por la soberanía real, mientras que Aranguren y Lerín lo achacan a situaciones de fuerza que no generan ningún derecho.

El hecho de haberse conocido recientemente lo escrito por Lerín (2015) confiere a la obra Bizkaia en la Edad Media un valor adicional y es motivo suficiente para suscitar el interés de otros investigadores, una oportunidad para plantear nuevas aportaciones o nuevos enfoques.

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Para el mantenimiento y desarrollo de la vida social y política de los pueblos que componían Euskal Herria en la antigüedad, y, más en concreto, de Bizkaia, se nos ha hablado de las reuniones de los ancianos o seniores del país a las puertas de las iglesias, reunidos en “juntas” o “batzarrak“, donde se tomaban las decisiones que afectaban al colectivo de manera democrática: el pueblo gobernado por sí mismo,  al modo de una república idealizada, sin necesidad de caudillos, reyes o señores (“jaunak“).

Las normas por las que se regía la comunidad eran consuetudinarias, basadas en usos y costumbres ancestrales, esto es, un ordenamiento jurídico no formulado, y en las decisiones que se iban tomando en dichas juntas o batzarrak, que se fueron estableciendo en forma escrita a partir del siglo XIV.

En el caso de Bizkaia, no existe una acreditación documental de la existencia y funcionamiento de las Juntas Generales, hasta bien entrada la Baja Edad Media: en concreto, el levantamiento del juramento de nombramiento de señor al hijo de Diego López de Haro y el reconocimiento de María Díaz de Haro como futura señora, al fallecimiento de don Diego. Esta reunión tuvo lugar el año 1307.

El Fuero Viejo de 1452 apenas hace referencia a la organización y funcionamiento de las Juntas Generales, la principal institución que se supone debería representar la soberanía del territorio.

Desde posiciones  contrapuestas se han ido elaborando unas bases conceptuales para argumentar,  o bien, sobre la absoluta democracia e independencia de dichas instituciones, o para reducirlas a la mínima expresión y subordinarlas a poderes superiores representados por los reyes de Castilla o de Navarra. No es fácil superar estas dos posiciones extremas y, en muchas ocasiones, la falta de documentación ha sido sustituida por voluntarismos, conjeturas y patrañas que pudieran amparar posiciones previamente existentes en las mentes de los respectivos historiadores o juristas.

Pretender esbozar una teoría cerrada de los orígenes de los vascos, sus relaciones con los pueblos vecinos, su mayor o menor dependencia de otras civilizaciones, como la romana, goda, astur-leonesa, castellana, etc., resulta una labor ardua, sujeta a unas limitaciones insoslayables por falta de pruebas históricas irrefutables.

La dificultad es aún mayor en la medida en que el cristianismo llegó con retraso en relación con los pueblos de alrededor y la escasa documentación existente procede de las crónicas, escritas la mayor parte de las veces para el halago y honra de los reyes que las encargaban, fueran astures, astur-leoneses o castellanos. Para disponer de unas mínimas fuentes documentales habrá que esperar a El libro de linajes, escrito por el conde portugués Pedro de Barcelos entre 1323 y 1344 y al vizcaino Lope García de Salazar, quien, un siglo más tarde, escribe la Crónica de Vizcaya (1454) y Las Bienandanzas e fortunas.

La ausencia de documentación es verdaderamente lamentable. En nuestro caso, el nombre o término “Bizcai” aparece por primera vez en la Crónica de Alfonso III, escrita hacia el año 900 y atribuida a Don Sebastián, obispo de Salamanca, con una frase escueta, del siguiente tenor:

“Alabanque, Bizcai, Alaone et Urdunia, a suis incolis reperiuntur semper esse posessae” (Álava, Bizkaia, Alaón y Orduña fueron defendidas por sus habitantes y poseídas simpre por éstos).

Del escasísimo volumen de fuentes conservadas en el período entre 1050 y comienzos del siglo XIV nos da cuenta la obra “Bizkaya en la Edad Media“, obra colectiva de José Ángel García de Cortazar, Beatriz Arizaga Bolumburu, María Luz Ríos Rodríguez e Isabel del Val Valvivieso, Haranburu Editor, San Sebastián, 1985: sesenta testimonios escritos (30 relativos a actos de enajenación de propiedades inmuebles, 10 noticias de actividades cronísticas de Señores en relación con el Señorío, 10 documentos concernientes a las primeras villas y un cortísimo grupo de documentos variados.

Hay quien sospecha de la quema o desaparición intencionada de los archivos de documentos medievales, vizcaínos y vascos en general, que hubieran podido acreditar, por ejemplo, actuaciones jurisdiccionales de los señores en sus territorios, decisiones soberanas de las juntas en relación la  aprobación de normas o el nombramiento señores, etc.. Y, sobre todo, que sirvieran para clarificar el papel de los señores de Bizkaia, en su doble rol:

por una parte, vasallos de los reyes (de Castilla o de Navarra) en los territorios que disponían por mandaciones o encomendaciones de fuera de Bizkaia, y

por otra, detentadores de poder soberano, exclusivo, independiente, en Bizkaia.

Afortunadamente, en los últimos tiempos se han aparecido una profusión de estudios e investigaciones sobre nuestra historia, con nuevas aportaciones, a los que me referiré en un posterior trabajo.

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Dentro de la semana de la arquitectura organizada para conocer edificios emblemáticos de la ciudad, los arquitectos de Madrid van a rendir homenaje al arquitecto navarro Francisco Javier Sáenz de Oiza por considerarlo “maestro de maestros de la segunda mitad del siglo XX”.

Así lo ha anunciado hoy la presentadora bilbaína Ana Blanco en el telediario de TV1, añadiendo la periodista Sara Ramos Soriano que Sáenz de Oiza “rompió esquemas” en la arquitectura en 1955 con la basílica de Aránzazu en Oñate, y después la sede del Banco de Bilbao en Azca y el edificio de Torres Blancas, ambos en Madrid. La información ha concluido con el dato de que se exponen 400 planos originales y 60 maquetas de Oiza. No sé si el proyecto del cubo de la Alhóndiga de Bilbao se incluye en esos planos y maquetas de la exposición. Por ello y para aportar información documentada escribo esta entrada.

Pues bien, el arquitecto navarro fue contratado por el ayuntamiento de Bilbao en los años 1988 y 1989 para que desarrollara arquitectónicamente, junto con Jorge Oteiza y el también arquitecto bilbaíno Juan Daniel Fullaondo, el centro cultural de la Alhóndiga, que queríamos convertir en una “factoría de arte” en expresión feliz de Oteiza. Nos presentaron un proyecto inicial muy innovador, rompedor, con dos cubos y un paralelepípedo que unía ambos edificios en el aire, que lo tuvimos que ir modificando para cumplir los numerosos requisitos que nos iban imponiendo desde una denominada Comisión técnica nombrada por el Gobierno Vasco a través de la Consejería de Cultura. Tras un largo período de cambios y adaptaciones a las exigencias de la citada Comisión, se celebró una reunión en el interior del edificio de la Alhóndiga, en la que el máximo dirigente del PNV, con dos arquitectos amigos suyos y Michel Unzueta, trató de mediar para que hiciéramos alguna modificación más al objeto de conseguir los necesarios permisos. A la reunión asistí junto con Saénz de Oiza pues deseábamos seguir adelante con el proyecto, aceptando numerosos cambios que no modificaran sustancialmente el proyecto Oteiza-Oiza-Fullaondo.

De la supuesta mediación no tuve más información. No sé con quién habló el dirigente del PNV ni siquiera si lo hizo personalmente, pero si gestionó con las autoridades del Gobierno vasco no sirvió de nada. Al final nos denegaron los permisos. Sobre esta cuestión se puede leer varias entradas de este blog en las que fundamento mi posición como promotor del proyecto en calidad de alcalde de Bilbao, y las claves políticas del proyecto y de su rechazo por las autoridades vascas. Véase capítulo I(gestación), II, III, IV(centrado en la argumentación técnica de Sáenz de Oiza), V y VI(mi dimisión como alcalde de Bilbao).

En esas entradas explico con detalle el proceso y destaco la manifiesta contradicción que supuso la denegación del permiso para el cubo de la Alhóndiga, siendo una iniciativa pública, con la autorización para derribar un edificio de características análogas y edificar dos torres dejando tan solo un pequeño recuerdo de la fachada del edificio antiguo, de iniciativa privada. Por cierto, también habíamos aceptado esa fórmula de conservar un trozo de la fachada, aunque recibimos la enésima respuesta negativa. Hoy se podría añadir el caso de las torres que se han construido ya en Bilbao, de altura igual o superior a nuestro proyecto, dado que la altura era, supuestamente, uno de los argumentos “técnicos” que utilizaban para no permitirnos construir.

El navarro Sáenz de Oiza fue el arquitecto director del proyecto, con el asesoramiento y apoyo del también navarro Jorge Oteiza (que ya habían participado conjuntamente en la basílica de Aránzazu)  y del bilbaíno Daniel Fullaondo. Todos de prestigio reconocido, además de vascos.

Me alegro mucho de este merecido homenaje que los arquitectos de Madrid hacen a Francisco Javier Sáenz de Oiza (q.e.p.d.) y transmito mi enhorabuena a toda su familia.

 

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De izquierda a derecha, Jon Intxaustegui, Jorge Oteiza, Francisco Javier Sáenz de Oiza, José María Gorordo y Juan Daniel Fullaondo. Jorge Oteiza celebraba su 80 cumpleaños.

 

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Portada del proyecto técnico de Sáenz de Oiza

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Una de las numerosas páginas del proyecto

 

 

 

 

 

 

 

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Tan solo 200 años nos separan de la fecha en que el Consulado de Bilbao (1511-1829) fundara, en su última fase de existencia, la Escuela de Comercio de Bilbao, posteriormente llamada, entre otras denominaciones, Escuela de Altos Estudios Mercantiles como figura aún en el edificio de la calle Elcano de Bilbao, en la que se impartían clases de Peritaje, Profesorado e Intendencia Mercantil. En 1972 pasó a integrarse como Escuela Universitaria en la Universidad del País Vasco /Euskal Herriko Unibertsitatea, denominándose en la actualidad, a partir de 2016, Facultad de Economía y Empresa, Sección Elcano.

Una de las causas que motivaron su creación fue el vacío que había creado la supresión  el año 1800 de la Escuela de Dibujo patrocinada por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País (RSBAP), lo que hizo que el Consejo de la Villa (hoy diríamos el ayuntamiento) acudiera al Consulado de Bilbao para que colaborase con el mantenimiento de la misma; además de ello, el Consulado se propuso abrir por su cuenta cuatro cátedras: dos de comercio, una de francés y otra de inglés, según un plan elaborado en 1804, que culminó con la aprobación del proyecto en agosto de 1818, celebrándose las correspondientes oposiciones en diciembre de dicho año. Los cuatro titulares de las cátedras consulares fueron Alberto Lista (matemáticas), Anselmo Alfonso (dibujo), Antonio del Olmo (francés) y Francisco Feraut (inglés). El 1 de marzo de 1819 se celebró la apertura de la Escuela de Comercio de Bilbao, con un discurso del prior del Consulado, Manuel María de Aldecoa, y la lección inaugural corrió a cargo de Alberto Lista.

Lamentablemente la Universidad nunca ha sido una de los puntos fuertes del País Vasco, pues mientras en Bolonia, París, Palencia, Salamanca o Valladolid, por citar unos pocos ejemplos, disfrutaban de estudios universitarios desde varios siglos antes, nosotros tuvimos que esperar muchos años, lo que sin duda ha tenido sus consecuencias. No pretendo hacer ahora un análisis sobre las razones de la incomprensible y lamentable ausencia de centros universitarios entre nosotros, pero estos son los datos, de los que no nos podemos sentir especialmente orgullosos. Tan solo se puede añadir la existencia anterior de Escuelas de Náutica en Bilbao, Plentzia y otros lugares del País Vasco. En la época de la fundación de la Escuela de Comercio no habían nacido ni la Escuela de Ingenieros, ni la Universidad de Deusto, ni ninguna otra facultad universitaria.

Estudié el bachillerato en el Instituto de Bilbao y de aquella época recuerdo que la sede de la Escuela fue utilizada como Facultad de Ciencias Económicas antes de trasladarse a Sarriko, pues el “Insti” (entonces el único de Bilbao, hoy llamado Instituto Miguel de Unamuno) estaba en el edificio adyacente, el que da a la calle Licenciado Poza. También tuve relación con la Escuela en mi época de alcalde de la Villa.

Por la Escuela de Comercio han pasado muchos alumnos y profesores. Conocí a varios de ellos, a los directores José Luis Berasategui (último alcalde de Bilbao del franquismo) o Ramón Sala, que también fue director gerente del periódico La Gaceta del Norte, con quien compartí algunas gestiones relacionadas con la compra de papel en mi época de Deia; de más recientemente, conozco a varios profesores, entre ellos mi amigo Alfredo Buruaga, que ha impartido clases de Derecho Tributario durante 39 años.

Felicito a la Escuela por su bicentenario dedicado a la enseñanza. Zorionak.
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Mikel Arizaleta murió ayer viernes, tras un accidente doméstico en su casa de Lekeitio.

Conocí a Mikel en el ayuntamiento de Bilbao. Fue concejal de Herri Batasuna en el período 1987-1991. Coincidimos en la grata tarea de representación de los bilbaínos, aunque él ya había sido concejal en el mandato anterior.

Más tarde me he vuelto a encontrar con Mikel con motivo de dos libros: Obras de fray Domingo de Lerín y Clavijo (2015) y Bizkaia en la Edad Media (2 volúmenes, publicación consecuencia de mi tesis doctoral en Historia en la Universidad de Valladolid, 2017, en cuyo acto de presentación participó Mikel). Mikel se interesó desde el principio por los dos trabajos de investigación, añadiendo varios comentarios sobre ellos en su blog.

Mikel, persona de sólida formación intelectual, desempeñó una muy relevante labor como edil de Bilbao, apoyando proyectos importantes para Bilbao y sus barrios en el tiempo en que fui  alcalde de la Villa, de lo que deseo dejar constancia en este momento de su fallecimiento. Goian bego.

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El Parque Etxebarria fue posible con el apoyo de PNV, HB y EA, frente a los intentos de construir viviendas por parte de algunos partidos políticos. En el ayuntamiento de Bilbao ni el PSE-PSOE ni el PP apoyaron la decisión de compra.

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El Palas, otrora espacio fundamental de Plentzia, como bar, restaurante, sala de fiestas y hotel, se halla en la actualidad en una situación de impasse debido a diferencias sobre su futuro que al parecer se están dilucidando judicialmente

En la estación del ferrocarril Bilbao-Plencia, hoy metro, figuraba un cartel que denotaba la hospitalidad de la gente del pueblo: “Plencia, la Gallarda, saluda a los forasteros de afuera“, diferenciando estos de los que se consideraban forasteros de dentro, que eran los veraneantes habituales de la villa a los que con este título se otorgaba un estatus más cercano.

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Ayuntamiento de Plentzia, situado en la Plaza del Astillero, nombre que recuerda la prolongada actividad de construcción de barcos de la Villa a lo largo de varios siglos. El pabellón de la izquierda y su continuación (que no aparece en la fotografía) fue durante bastantes años el colegio San Pío X, en el que pudimos estudiar muchos hijos de la villa, que nos teníamos que examinar por libre en el Instituto de Bilbao (Miguel de Unamuno en la actualidad). Tuvimos la suerte de contar con un plantel de profesores de mucha calidad: don Narciso Abasolo, don Pedro Espinosa, don Félix Goffard Castresana, don Juan Espín Zaldibar, Julián Uriarte, Charo Madariaga, Jesús Arrieta, Jesús Oyarbide, Enrique Mota, …..

En Fiestas, la plaza del Astillero es el centro neurálgico de las actividades festivas

 

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