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Archive for the ‘historia medieval’ Category

Fecha, autoridad que otorgó la carta puebla y demás circunstancias de la fundación de Bilbao son datos que resultan poco conocidos por lo que  merece la pena tratar de aclararlo.

Dejo para otra ocasión el análisis del contenido específico de la carta y fuero aplicable.

I

Se suele dar por hecho y es comúnmente admitido por todos, incluida la propia institución municipal, que la carta puebla fundacional de la villa de Bilbao fue otorgada por Diego López de Haro V, el 15 de junio de 1300, tal y como consta en el documento conservado en el Archivo Histórico Municipal de Bilbao.

Sin embargo, dicha afirmación debe ser matizada con otros hechos históricos que también tuvieron lugar en esa época de la Edad Media.

En junio de 1288, el entonces señor de Bizkaia, Lope Díaz de Haro, quien además de señor de Bizkaia era también  vasallo del rey de Castilla, en base a las muchas otras propiedades que disponía dentro del reino de Castilla, fue muerto en Alfaro en una emboscada que le preparó su cuñado, el rey Sancho IV, influenciado por su esposa María de Molina y varios ricos-hombres del reino.

Lope Díaz de Haro tenía un hermano, Diego López de Haro, una hija, María Díaz de Haro, casada a su vez con el infante Juan de Castilla y un hijo,  llamado también Diego López.

A partir del asesinato de Lope Díaz de Haro, el señorío de Bizkaia entró en una situación compleja y conflictiva en cuanto a su titularidad.

Primero, el hijo de Lope Díaz, y luego su tío, Diego López de Haro, trataron de recuperar el Señorío por las armas, concitando el apoyo de las casas-fuertes y castillos de Bizkaia. Sin embargo, el rey de Castilla, Sancho IV, ocupó Bizkaia por medio de sus mílites. En 1294, lo transfirió por la vía de hecho a su hijo Enrique, en expresión del ejercicio de soberanía sobre un territorio, Bizkaia, que había ocupado por las armas.

Por ello, Diego López de Haro tuvo que esperar su ocasión propicia, que se presentó en 1295, tras la muerte de Sancho IV y los disturbios surgidos en la minoridad de su hijo, Fernando IV.

Así, en 1295, Diego López de Haro con su gente y con el apoyo de otros ricos- hombres como los Lara, se fue a Bizkaia y lo tomó para sí, sin resistencia de ningún tipo, iniciando de esta manera el mando sobre el señorío.

Por su parte, María Díaz de Haro, por ser hija del asesinado Lope Díaz, se consideraba con derecho al Señorío. Ella y su marido, el infante don Juan, reclamaban para sí el señorío de Bizkaia; y, aunque en junio de 1300, don Juan llegara un acuerdo con Diego López de Haro , por el que don Juan y su esposa María Díaz de Haro renunciaban a Bizkaia a cambio de otras propiedades en Castilla, el contencioso no se resolvió.

Diego López de Haro el V, empezó a ejercer de señor de Bizkaia y en una de sus primeras resoluciones, en concreto del 15 de junio de 1300, fundó la villa de Bilbao, en tierras que habían pertenecido a Begoña, mediante carta puebla “con complacencia de los vizcaínos”, tal y como lo exigía el derecho consuetudinario.

El litigio por el señorío de Bizkaia siguió, no obstante, su curso. Diego López de Haro era el señor de Bizkaia y actuaba como tal, pero su sobrina, María Díaz de Haro, nunca renunció al Señorío.

Por fín, tras numerosos intentos fracasados con la mediación del rey de Castilla Fernando IV (así consta en sus crónicas), las partes acordaron que Diego López de Haro siguiese como titular del señorío (con “Vizcaya é Orduña é Balmaseda é las Encartaciones”) en toda su vida y, a su muerte, heredaría su sobrina María Díaz de Haro.

Dicho acuerdo tuvo que ser ratificado por las Juntas Generales de Arechabalaga en el verano de 1037, enmendando otro anterior en el que se había dado el visto bueno al hijo de Diego López de Haro como heredero de su padre.

De esta resolución se puede colegir como acreditado el ejercicio de la  soberanía sobre el territorio vizcaino por parte de las Juntas Generales:  acuerdo de ratificación de nombramiento de la primera autoridad del señorío, tomado voluntariamente por los miembros participantes de las juntas.

Se da la circunstancia que es la primera vez que aparece documentado un acto de dichas Juntas, lo que permite afirmar que, aunque se escriba y se afirme mucho de su relevancia e importancia histórica, así como de sus muy destacadas competencias, lo cierto es que, lamentablemente, se acredita muy poco, dado que la falta de fuentes documentales es muy sobresaliente, al menos en años anteriores a estos primeros del siglo XIV.

 II

Tras el fallecimiento de Diego López de Haro en 1310, María Díaz de Haro tomó posesión del señorío en Gernika en la primavera de 1310.

No se sabe muy bien por qué, pero sea porque los bilbainos tuvieran dudas acerca de la legitimidad de la fundación de Bilbao (otorgada en 1300 por Diego López), sea porque la nueva señora de Bizkaia cuestionaba la legitimidad del ejercicio del poder por parte de su tío (en coherencia con el conflicto sucesorio que había permanecido abierto más de una década) , el 25 de junio de 1310, María Díaz de Haro otorgó nueva carta-privilegio de fundación a Bilbao.

El contenido de la carta fundacional es el mismo que la de don Diego, con el añadido de que “el camino que va de Orduña a Bermeo”, e iba por Echavarri, “que vaya por aques de mi villa de Bilbao y no por otro”, y ordenaba que “cualquiera que tomase otro camino que éste designado, que lo retuviesen y tomasen los merinos y preboste de Bilbao cuanto llevare y con él hicieren lo que por bien tuvieren…”.

  III

El primer fundador de la Villa de Bilbao, Diego López de Haro, V del nombre, fue llamado también el Intruso, por la poco ortodoxa o al menos conflictiva manera de suceder a su hermano Lope Díaz de Haro; aunque quizás no debería sorprendernos pues el método de acceder al poder era bastante habitual en los reinos y señoríos de la Edad Media…

La Villa de Bilbao fue fundada en dos ocasiones, la primera en 1300, por Diego López de Haro el V o el Intruso, y la segunda en 1310, por María Díaz de Haro.

¿Cuál de las dos fundaciones debe considerarse como la auténtica?

Sería interesante investigar la evolución de los acontecimientos ya que en la actualidad se asume sin matizaciones como acto legítimo el de la fundación por parte de Diego López de Haro, lo cual, como queda recogido, no se compadece con rigor a los hechos tal y como acontecieron.

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I

Enfrascado en una investigación sobre el origen y naturaleza jurídica de los fueros vascos, leía hace poco el libro titulado, Discusión sobre los fueros de las provincias Vascongadas, que recoge lo tratado en una larga sesión del Senado español de junio de 1864.

La reunión estaba prevista para aprobar la Ley de presupuestos, pero, como cuestiones previas, se habían presentado enmiendas de contenido político en relación con los fueros vascos: una, del senador Sánchez Silva y la otra, de varios senadores vascos, entre ellos Egaña y Barroeta Aldamar.

Sánchez Silva exigía que Álava, Guipúzcoa y Vizcaya “deberán satisfacer puntualmente sus respectivos cupos de contribución territorial, dejando desde luego a cargo del Estado el pago del culto y clero”, mientras el grupo de senadores vascos, por el contrario, pedían que, al final del artículo 11, se añadiera la siguiente cláusula de respeto a los fueros: “… sin que esto altere la observancia de sus Fueros, confirmados por la Ley de 25 de octubre de 1839”.

Las circunstancias políticas eran entonces complicadas para las provincias Vascongadas y Navarra. El conocido como “abrazo de Vergara”, había dado lugar a la Ley de 25 de octubre de 1839, que, en su artículo primero, disponía que “se confirman los fueros de las provincias Vascongadas y de Navarra”, expresión a la que se había añadido en la tramitación parlamentaria una frase que complicaba su interpretación: “sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía”. En el caso de Navarra, la Ley Paccionada de 16 de agosto de 1841.

La Ley incluía un segundo artículo en el que se atribuía al Gobierno, “tan pronto como la oportunidad lo permita”, y “oyendo antes a las provincias Vascongadas y a Navarra”, la facultad de proponer a las Cortes “la modificación indispensable que en los mencionados fueros reclamen el interés de las mismas conciliado con el general de la nación y la Constitución de la monarquía…”.

La sesión se convirtió en una agria e intensa discusión sobre los fueros: se cuestionaba su origen, contenido, calidad y la conveniencia de mantenerlos o eliminarlos.

Habían pasado 25 años y no se había culminado lo ordenado en el artículo 2.º de la Ley de 1839. Seguía la situación provisional (“se confirman los fueros sin perjuicio de la unidad constitucional”), aun cuando por diversos procedimientos se había ido modificando su contenido. Los cambios se fueron imponiendo sobre la base de la correlación de fuerzas en las Cortes españolas, en las que los representantes vasco-navarros eran minoría y el considerado por la mayoría parlamentaria como “interés general de la nación” se imponía por la vía de hecho o de derecho, ya que esa mayoría juzgaba como más conveniente la unificación legal de todas las provincias y a todos los efectos.

La tesis antiforal acabó muy extendida en el ámbito político y social español y el senador Sánchez Silva no era sino un reflejo de ese ambiente, tal y como asumió él mismo en su disertación parlamentaria, basando el grueso de su argumentación histórica en la obra del canónigo Juan Antonio Llorente (ver foto), Noticias históricas de las tres provincias Vascongadas, principal fundamento intelectual esgrimido en el siglo XIX para la abolición de los fueros vascos.

 

II

El senador Egaña, tras diversas manifestaciones de réplica, hizo una referencia a las fuentes historiográficas que su oponente había utilizado como testimonios irrecusables, diciendo que “la mayor parte de esos libros fueron escritos por cronistas de los reyes con la mejor intención sin duda, pero con un deseo poco favorable a las provincias Vascongadas”.

Se refirió a Juan Antonio Llorente como una de esas fuentes. Egaña no se anduvo por las ramas y dijo: “Este señor fue buscado con mucho empeño por el príncipe de la Paz (Godoy) para que escribiese una obra con el objeto de hacer trizas los fueros de las Provincias”.

Sorprende más lo que apuntó a continuación:

“A poco (Llorente) fue reducido a la emigración por haber seguido el partido francés, y todo el mundo conoce un librito del mismo señor, impreso en Burdeos, deshaciendo la mayor parte de su trabajo antiforal”.

Reseña de un supuesto libro de Llorente, impreso en Burdeos, en el que, según el senador Egaña, el canónigo se retractaba de lo dicho en los cinco tomos de sus Noticias históricas.

La cita quedó sin respuesta.

Cuando le tocó el turno al senador Barroeta Aldamar, éste dijo con contundencia:

“Más tarde el mismo Llorente, estando emigrado, ofreció a las provincias Vascongadas reunir los documentos necesarios para producir una obra que combatiese la que antes había escrito, y no se aceptó la oferta”.

Para fortalecer lo que estaba contando, Barroeta Aldamar añadió, de modo enigmático:

“Señores: hablo con algún conocimiento de causa de lo que sobre esto ocurrió”.

Si se probase que esta información relatada por Barroeta Aldamar ante el pleno del Senado fuere cierta, o si apareciese el libro anunciado por Egaña, la credibilidad de Llorente quedaría muy deteriorada, y, en consecuencia, su obra descalificada.

III

¿SE RETRACTÓ LLORENTE DE SUS TESIS?

Las versiones de los senadores vascos no se acreditaron. Ni la edición del libro en Burdeos ni la oferta de Llorente de escribir un nuevo libro “que combatiese el que antes había escrito”.

Sobre ese supuesto ofrecimiento, Novia de Salcedo se había pronunciado ya y por escrito en 1829, asegurando que:

“el hombre dirigido por innoble fin, con el cambio de circunstancias, se hace traición a sí mismo y mudada la faz de España con los sucesos que tuvieron principio en 1808, sentía ya Llorente pesar de haber aseverado contra las provincias Vascongadas lo contrario de lo que percibía su mente. Revolvía en sí mismo el medio de contradecirse menos indecorosamente y pudiéramos citar testigos respetables de esta disposición de su ánimo explayada en comunicaciones confidenciales; mas no llegó a tener efecto”.

 Antonio de Trueba también intervino en la controversia. En un libro publicado en 1865 daba por cierta la oferta para escribir la retractación, que, según manifestaba, “no se aceptó por un sentimiento de dignidad e hidalguía”, lo que argumentaba en base a la información que le había dado Eulogio de la Torre, que había sido diputado general y a Cortes, quien le aseguró que “tenía pruebas” de que Llorentenos ofreció refutar su propia obra”.

La otra posibilidad de comprobar el giro espectacular de Llorente sería que apareciese ese “librito impreso en Burdeos” al que se refería Egaña.

Mucho tiempo después, en 1996, un erudito de prestigio, Juan Antonio de Ybarra e Ybarra, reiteraba que:

Juan Antonio Llorente se ofreció, años después, al señorío de Vizcaya para que le editara otro trabajo en el que refutaba gran parte de su obra anterior y hacía la defensa histórica y fuerista de las provincias Vascongadas”,

basándose en el libro de Javier de Ybarra y Bergé, La Casa de Salcedo de Aranguren, editado en 1944.

IV

Ante el respeto que me merecían las opiniones expresadas, hice una consulta por escrito al prestigioso hispanista experto en Llorente, Gérard Dufour, y el 12 de marzo de 2015, me respondía lo siguiente:

“Estimado colega: Juan Antonio Llorente no publicó ningún libro en el cual se desdecía de lo escrito en sus Noticias históricas, ni en español (véase el libro de Aline Vauchelle sobre Les libres en espagnol publiés en France entre 1814 y 1833, Publications de l´Université de Provence, 1985), ni en francés (hace poco tuve la oportunidad de revisar toda la colección de Bibliographie de la France de 1814 a 1830, y no aparece ningún libro de Llorente relativo a las provincias Vascongadas).

No puedo afirmar tan tajantemente que no se dirigió a las autoridades vascas (pero, ¿cuáles?) para cantar la palinodia, pero no tengo ninguna constancia de ello, e incluso me extrañaría en un hombre tan jacobino (en el sentido centralizador). Quedando a su disposición, con un cordial saludo, Gérard Dufour”.

De lo que se desprenden dos asertos: uno tajante, la inexistencia del libro de retractación, impreso en Burdeos, anunciado por Egaña, y un segundo, más matizado, en el sentido que Dufour no cree posible que Llorente se retractara nunca de lo dicho en Noticias históricas, dado su talante “jacobino y centralizador”.

V

BUSCANDO EL LIBRO DE RETRACTACIÓN DE LLORENTE, APARECE LA OBRA DE DOMINGO DE LERÍN

Antes de conocer la respuesta de Dufour, había tratado de localizar el libro de marras, “impreso en Burdeos”, anunciado por Egaña en el que, supuestamente, Llorente se desdecía de lo expresado en Noticias históricas.

No tuve éxito alguno, por más que lo intenté con mucho empeño y por diversas vías.

Al no haber podido averiguar la existencia del libro, ni acreditar la hipotética oferta de Llorente de escribir un libro desdiciéndose de lo dicho antes, ni probarse con argumentos consistentes que se hubiese retractado, sólo quedaba mantener activo el debate de los fueros en los términos en que los que estaba, esto es: origen, historia, calidad y naturaleza jurídico-política.

Y es ahí donde adquiere interés la figura de Fray Domingo de Lerín, ignorada hasta ahora por casi todos los historiadores y políticos, y cuya obra va a poder ser conocida gracias a una reciente iniciativa de las Juntas Generales de Bizkaia.

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Selma Huxley, historiadora canadiense reconocida internacionalmente como experta en historia naval, recibió la Medalla de Oro del Aquarium de Donostia San Sebastián.

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Mesa presidencial. De izquierda a derecha, Vicente Zaragüeta, presidente del Aquarium, Josu Erkoreka, portavoz del Gobierno Vasco, Selma Huxley, Mitxel Unzueta, de la Cámara de Comercio de Bibao y Mikel Barkham, hijo de Selma

Selma HuxleyMedalla de Oro de la Real Sociedad Geográfica Canadiense, posee asimismo la Orden de Canadá, dos Doctorados Honoris Causa y el nombramiento como Cónsul Honorario de Bilbao y Amiga de número de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País.

Selma profundizó sus estudios en torno a las pesquerías trasatlánticas a partir de los años 70 y logró localizar abundante documentación inédita investigando en archivos del País Vasco y del resto de la Península. Tal y como afirma Vicente Zaragüeta, presidente del Aquarium de San Sebastián, “sus estudios supusieron un salto cualitativo en el conocimiento de la actividad ballenera y la pesca del bacalao en Terranova, tan relevante en la historia marinera vasca“.

Uno de los principales puertos frecuentado por los arrantzales vascos, en concreto Red Bay (Labrador, Canadá), Sitio Histórico Nacional de Canadá, objeto central de las investigaciones de Selma Huxley, fue declarado justo un día antes del homenaje, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por la aportación de los vascos a la historia de Canadá, lo que ha merecido un espacio destacado en los principales medios de comunicación canadienses. No cabe ninguna duda que la aportación de Selma durante cerca de cuarenta años de investigaciones ininterrumpidas ha resultado muy relevante para este importante reconocimiento mundial a la historia de los vascos.

Selma, rodeada de amigos

Selma estuvo acompañada de miembros de su familia como sus hijos Mikel y Serena, el portavoz del Gobierno Vasco, Josu Erkoreka, el presidente del Tribunal de Arbitraje de la Cámara de Comercio de Bilbao y exsenador, Mitxel Unzueta, el presidente del Aquarium, Vicente Zaragüeta, la directora gerente, Esther Irigaray y la exdirectora de relaciones públicas de la Cámara de Comercio de Bilbao, Teresa Querejazu. Asimismo se encontraban muchísimas  personas del mundo de la cultura, Karmele Goñi, Enrique AyerbeSebastián Agirretxe o Andoni Monforte.

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 Momento en que Vicente Zaragüeta, presidente del Aquarium, impone la Medalla de Oro a Selma. Su hijo, Mikel, detrás, no puede disimular su emoción

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 Selma y su hija, Serena Barkham (centro) escuchan a Teresa Querejazu

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De izquierda a derecha, Selma, su hijo Mikel, Isabel Zarauza, alcaldesa de Plentzia, que obsequia a la ilustre historiadora con una botella de vino de reserva de la Bahía de Plencia, Jose Mari Gorordo, autor del blog, Borja Saracho EchevarriaSilvia López de Guereñu y Teresa Querejazu

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Selma, feliz, sonríe, junto con su hijo MikelAndoni Monforte, otrora diputado en el Congreso de los Diputados, consejero de Sanidad y viceconsejero de Comercio y Turismo del Gobierno Vasco y Teresa Querejazu 

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Selma saluda al numeroso público asistente al acto que abarrotó el bello marco del Aquarium de San Sebastián. En la foto aparece arropada por Esther Irigaray, directora gerente del Aquarium (a su derecha) y Mitxel Unzueta (a su izquierda); detrás, entre Josu Erkoreka y Esther Irigaray, se puede ver a Karmele Goñi, exdirectora del Museo Arqueológico y Etnográfico Vasco de Bilbao, miembro de la Junta de Fundadores del diario Deia y amiga de Selma

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Selma y Teresa Querejazu, dos mujeres luchadoras y emprendedoras, escuchan atentas al historiador y editor Enrique Ayerbe   

 

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María Victoria Cañas y Selma Álvarez Barkham, nieta de Selma

 

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Selma recibe la felicitación del representante del Gobierno Vasco, el consejero Josu Erkoreka

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El 15 de junio de 1300 fue fundada, por primera vez, la villa de Bilbao por parte del señor de Vizcaya, Diego López de Haro. Hoy hace 713 años. Un año antes había fundado también la villa de Plencia.

Diez años más tarde, en concreto, el 25 de junio de 1310, volvió a ser fundada la villa por María Díaz de Haro, mediante carta-privilegio similar a la de Diego López, pero sin hacer la más mínima mención a la de su antecesor.

El que Bilbao fuera fundada dos veces tiene una explicación histórica, cuyo origen fue la disputa sobre a quién correspondía el señorío:

– al tío, Diego López de Haro, que había  “tomado” de facto el señorío en el año 1295, tras el asesinato de su hermano Lope Díaz de Haro en Alfaro en 1288 (fue muerto por orden directa del rey de Castilla, Sancho IV), aprovechándose de la situación incierta en cuanto a la titularidad del señorío;

– o a la hija de Lope Díaz, y sobrina de Diego López, María Díaz de Haro, quien tras un acuerdo transaccional con su tío, avalado por las Juntas Generales de Vizcaya, accedió al señorío a la muerte de Diego López de Haro, en 1310 y repitió el acto fundacional.

Debe decirse que Diego López  de Haro pasó la mayor parte de su vida fuera de Vizcaya, territorio del que, a pesar de ser su señor, no dejó nada escrito, por él o por algún cronista,  que acreditara sus actuaciones en beneficio de los vizcainos, o la actividad de las Juntas Generales de Gernika, debiéndonos remitir a lo que los cronistas reales dijeron de él, en su calidad de vasallo de los reyes, no como señor de Vizcaya.

Murió en 1310, en el cerco de Algeciras,  acompañando al rey de Castilla, Fernando IV, en plena actividad militar, guerrera y de conquista, que fue en lo que destacó en su vida, por tierras de Castilla principalmente.

En síntesis, sin perjuicio del positivo impacto económico que tuvo la constitución de Bilbao como villa en el comercio y la actividad naútica, pocas cosas dejó hechas Diego López de Haro por las que tengamos que recordarle y reconocerle los vizcainos.

Por tanto, la celebración de hoy 15 de junio, no es del todo pacífica, ni por el recuerdo de un señor del que se desconoce todo en relación con Bilbao y Vizcaya y por la repetición del acto fundacional de la villa, diez años más tarde, que cuestionaba la legitimidad de la primera fundación por parte de Diego López de Haro.

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Desde fechas inmemoriales  los vascos han figurado como expertos hombres de mar. Aún cuando se ignora la forma de sus naves prehistóricas, es de suponer que fueran similares a las de otros pueblos marinos, como los atalantes, fenicios, atenienses, cartaginenses o romanos, los escandinavos o normandos. La marina de Bizkaia, “nación aparte”, empezó a ser conocida en tiempo de los López de Haro y destacó en la conquista de Sevilla (1248), en las  sucesivas guerras y treguas con los puertos vecinos, en la pesca de la ballena en las aguas de Terranova y en muchas otras ocasiones en la historia, fueran actividades guerreras, pesqueras o comerciales.

I

Uno de los principales puertos marinos en la Edad Media fue Bermeo.

Bermeo (Bizkaia) inaugura su XIX Arrain Azoka, con una veintena de expositores

Don Lope Díaz de Haro y su mujer doña Urraca, le dieron el título de “villa” en 1236. En lo antiguo, cuando hablaban sus representantes en las Juntas de Gernika, los demás se descubrían, llegando a ser denominada como “cabeza de Vizcaya” a finales de la Edad Media.

En 1296, participó en la creación de la “Hermandad de las villas de la Marina de Castilla con Vitoria“, mediante carta-convenio de 4 de mayo, de los concejos de Santander, Laredo, Castro Urdiales, por parte de Cantabria, Getaria, San Sebastián y Fuenterrabia, por parte de Gipuzkoa (territorio que, siendo Señorío,  estaba ya incorporado a la Corona de Castilla desde 1200); Vitoria (igualmente incorporada a Castilla, no así el resto del territorio alavés, que se incorporó más tarde, en 1332), y por parte de Bizkaia, figura Bermeo, que en dicha fecha era el principal puerto del Señorío de Vizcaya, territorio independiente de Castilla.

Se trata de una agrupación de concejos creada con el fin de establecer normas para la solución de las querellas que pudieran existir entre dichos puertos y, especialmente, para favorecer la prosperidad de su comercio mediante la agrupación de esfuerzos.  Del texto literal del acuerdo se desprende que se trata de una agrupación de concejos para la unión y defensa de intereses comunes sin conocerse permiso ni confirmación de ningún órgano superior a dichos concejos (rey de Castilla, señor de Vizcaya), argumento que podría servir para justificar la presencia de Bermeo en la Hermandad en el libre ejercicio de agruparse con otros concejos para la defensa de intereses comunes. Pero, a mi juicio, no es suficiente.

Sorprende un puerto vizcaino, Bermeo, en una Hermandad que se titula  de la “villas de la Marina de Castilla con Vitoria”, cuando Bermeo, en dicha fecha, formaba parte del Señorío de Vizcaya, no de Castilla.

Esta  contradicción, cuando menos nominalista, no ha sido aclarada por los  historiadores medievalistas a los que he podido leer hasta la fecha. Ignoro si en los archivos municipales de Bermeo (el Diccionario Geográfico-Histórico de la Real Academia de la Historia menciona un incendio ocurrido en 1722 y la consiguiente desaparición de 21 sacos de privilegios y escrituras importantes), o investigadores específicos de Bermeo u otros han desentrañado  esta duda: si Bermeo no era en 1296 villa de Castilla, no parece razonable que figure como parte del conjunto autodenominado “villas de la Marina de Castilla”.

Labayru, uno de los historiadores más rigurosos en relación con la historia de Vizcaya al referirse a la “Hermandad” anota lo siguiente:

  • “Para esta fecha, Guipuzcoa era ya señorío y parte de la corona de Castilla, así como Vitoria, aunque con vida política y legislación distinta de la castellana y entraron en la Liga los puertos de las Montañas, dícese con razón en el sello “Hermandad de las villas de la Marina de Castilla“, sin que este concepto entrañe cosa alguna que implique pugna con la libertad que disfrutó Guipuzcoa”.

Pero no hace la más mínima referencia a la inclusión de Bermeo bajo el epígrafe de “Villas de la Marina de Castilla” (Estanislao Jaime de LABAYRU y GOICOECHEA, Historia General de Bizcaya, Tomo II, 1897,  editorial La Gran Enciclopedia Vasca, 1968, página 262).

Es probable que lo que subrayo no sea tan relevante como para merecer una aclaración desde el punto de vista histórico-jurídico. Incluso es posible que haya sido explicado por investigadores que ignoro. Pero, al menos a mí, la cuestión me parece relevante.

II

A mediados del siglo XIV surge otra vez la posibilidad de abordar de nuevo la cuestión de la Comunidad a la que pertenecían los puertos vizcainos, entre elllos, Bermeo, en base a hechos e información documentada en relación con los conflictos surgidos entre los puertos de la zona cantábrica, en particular desde Santander hasta Bayona y Biarritz.

En efecto, en agosto de 1351 se reunieron en Londres, Juan López de Salcedo representante de Castro Urdiales; Diego Sánchez de Lupardo, con igual encargo de parte de los marinos y navieros de Bermeo y Martín Pérez de Golindano, por Guetaria, con cuatro comisionados por el rey de Inglaterra (Eduardo III) y trataron de llegar a un acuerdo, según el cual se ajustasen treguas y resarciesen daños. Pues bien, los términos del Tratado no dejan lugar a dudas en cuanto a las tres partes intervinientes:

  1. gentes de Inglaterra y Gasconia (entonces en poder de Inglaterra),
  2. gentes del reino de Castilla (“gentz le dit roy de Castell“), y
  3. gentes del “countee de Viscaye“.

Distinción clara y contundente (Castilla por un lado, Vizcaya, por otro) que se reitera a lo largo del articulado del Tratado.

Aclaración que se observa igualmente en el anotador de la “Crónica del rey don Pedro de Castilla” estipulan tregua por veinte años, por mar y por tierra, entre todos los súbditos del Rey de Inglaterra (excepto los de Bayona y Biarritz, que la habían hecho por cuatro años), y los súbditos del Rey de Castilla y del Condado de Bizcaya” (Crónicas de los Reyes de Castilla Don Pedro… con las enmiendas del Secretario Gerónimo Zurita y las correcciones y notas añadidas por Eugenio de Llaguno y Amirola, de la Real Academia de la Historia;  tomo 1.º; el tratado íntegro se puede ver en Gorosabel en la Memoria, pág. 78 y Rimer en su Colección, vid. LABAYRU, op. cit., pág. 362).

III

Sé que se trata de una cuestión muy controvertida lo relativo a las relaciones entre el Señorío de Vizcaya y la Corona de Castilla con anterioridad a 1379, cuando confluyen en la misma persona los títulos de Señor de Vizcaya y Rey de Castilla. Antes de dicha fecha, la controversia sobre la dependencia primitiva de las provincias vascongadas y navarra de los primeros monarcas de Asturias  ha estado y está muy presente entre los historiadores y mundo político, teniendo en cuenta que de una interpretación u otra se deriva el que los derechos originarios, los fueros, provengan de privilegios dados por los reyes o, por el contrario, sean un contrato paccionado, elevado a ley y reconocidos y jurados por los reyes formando parte de las condiciones con las que las provincias vascas se unieron a la Corona de Castilla.

Este breve comentario sobre la situación jurídico-política de Bermeo en 1296 y su presencia en un órgano de cuyo título se desprende  que se le incluye entre las villas de Castilla en una fecha en la que sólo pertenecía al Señorío de Vizcaya es quizás una mera anécdota, pero que abre un camino hacia cuestiones más profundas relativas a la historia medieval, a los orígenes de las relaciones entre unos y otros.

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Plencia/Plentzia (Vizcaya o Bizkaia), mi villa natal, es un precioso pueblo marinero. Lugar placentero, como parece que quiere decir su nombre original (Placencia de Butrón, en alusión al río que da al mar a través de la ría de Plencia) tiene numerosas peculiaridades (estación término del Metro de Bilbao, ría, playa, bello y bien conservado casco histórico, “el astillero“, como centro neurálgico de la villa y lugar donde en el pasado se construyeron tantos barcos y navíos, etc. ) que conforman su personalidad.

Puente de plentzia con sol

Nací en Plencia y allí viví hasta que terminé mis estudios en la Universidad de Deusto y empecé a trabajar en el departamento financiero de Galletas Artiach (hoy pertenece al Grupo Nabisco).

Tengo que decir que fui uno de los pocos afortunados plencianos que en aquella época de los 70, pudo estudiar una carrera universitaria gracias al esfuerzo de familiares, algunos plencianos, y a D. Narciso Abásolo, cura del pueblo, que fundó un colegio local y logró que pudiéramos examinarnos del bachillerato, “por libre”, en el Instituto  de Bilbao (“El Insti” le llamábamos porque entonces era el único que había; hoy lleva el nombre de uno de sus alumnos más ilustres, Miguel de Unamuno) .

En el colegio de Plencia (Colegio San Pío X) contamos con profesores de gran calidad y valor intelectual como Enrique Mota Jaureguizar (ingeniero y economista, último alcalde de la Villa de la época franquista al que, diferencias ideológicas aparte, es justo reconocer amor a su pueblo y grandes logros para Plencia), Julián Uriarte Jaureguizar (ingeniero, funcionario y experto en tratamiento de residuos urbanos del ayuntamiento de Bilbao), Pedro Espinosa (profesor de literatura y gramática), Jesús Oiarbide (tío mío, químico), doña Karmele Arbeloa (francés), Charo Madariaga, Veriano, Dativo, Jesús ArrietaFélix Goffard Castresana (entonces párroco del pueblo y gran orador), Juan Espín Zaldíbar, Víctor Menchacatorre y un largo etcétera.

En mi etapa al frente de EiTB tuve la oportunidad de acompañar a la ilustre historiadora Selma Huxley y a un equipo de técnicos, a rodar unos documentales a Terranova (Newfounland, Canadá) en relación con los vascos y el mar, y allí conocí un pueblo, muy parecido a Plencia, que se llama de la misma manera y se encuentra en la Bahía de Plencia (Plentzian Bay).

¿Para cuando un hermanamiento entre Plencia, Plentzia (Terranova), Plasencia de las Armas/Soraluze (Gipuzkoa), Plasencia (Extremadura)….?

Lugar de veraneo de bilbainos y otros forasteros (en Plencia se solía distinguir entre los forasteros “de fuera” y los forasteros “de dentro“, estos últimos veraneantes habituales a quienes se consideraba tan plencianos como los propios plencianos), es uno de los municipios con mayor índice de universitarios por habitantes que se conoce. No en vano fue fundada por Diego López de Haro, quien, un año más tarde fundara Bilbao; contó en su día, también antes que Bilbao, con una Escuela de Naútica que dio a la mar más de 1.500 capitanes de barco (recientemente Ricar Francés y Ángel Maruri han editado un muy interesante libro de la historia de los marinos vinculados a Plencia).

Sus fiestas patronales son los “Sanantolines” (2 de septiembre, día del Santo). Son muy conocidas por muchos y variados festejos y actividades.

Jesús Castro fue “Antolintxu” en 2004

Hoy quiero recoger unas fotos de una fiesta muy especial que se celebra el 1 de septiembre, en el entorno del tradicional concurso comarcal agrícola y ganadero. Es el desfile de una gran parte de los habitantes de la Villa con trajes típicos de la antigüedad, con su alcaldesa, Isa Mari Zarauza  a la cabeza (compañera de estudios en la Universidad de Deusto y gran amiga).

Isa Mari Zarauza (derecha) alcaldesa de Plentzia y Silvia López de Guereñu, primer teniente de alcalde, ataviadas con los trajes típicos de la época, participaron en el original y vistoso desfile

Asistí en compañía de Mikel Ortiz de Arratia, Falo y Kirru. Las fotos que dejo a continuación recogen algunas de las escenas de esa fiesta tan bonita como entretenida.

(Animo a los visitantes del blog a que me ayuden a identificar a cada uno de los que aparecen en las fotos para que añada los nombres de cada uno/a de los/as participantes. Gracias).

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