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Archive for the ‘Decreto-Ley de 23 de junio de 1937’ Category

 

Artur Mas, candidato a President de la Generalitat de Catalunya por la fomación nacionalista catalana CiU, ha planteado, como uno de sus objetivos prioritarios, de ganar las elecciones este próximo domingo, 28 de noviembre, y convertirse en President, el de convocar a todos los partidos políticos catalanes y formular al Estado español un pacto bilateral para que en Catalunya se establezca un nuevo sistema de financiación análogo al modelo de “Conciertos Económicos“, en vigor en los cuatro territorios forales de Álava, Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra, para que, por fin y para siempre, según sus propias palabras, los catalanes no se vean agraviados por el modelo de financiación español.

El PP le acaba de advertir que si sigue por ese camino, “se estará alejando”, ni más ni menos, que “de las reglas del juego“.

También ha sido contestado negativamente por el Secretario de Hacienda y Presupuestos del Gobierno del PSOE.

El líder de ERC, Joan Puigcercós, ha aceptado la propuesta,  añadiendo a su vez una iniciativa en favor de un referéndum por la independencia.

Este reconocimiento público de la importancia de los “conciertos económicos vascos”, por parte de Artur Mas y Joan Puigcercós en positivo, e igualmente la reacción, contraria e inmediata, del PP y de un representante cualificado del Gobierno del PSOE, pone en valor  a los negociadores vascos en la transición (1976-1978).

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En efecto, a pesar de haber logrado una Disposición Adicional, la Primera de la Constitución, que dice que ésta ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales (Álava, Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra), tal disposición, de la que deriva el sistema de Conciertos Económicos (basado en la negociación bilateral, la gestión casi total por parte de las instituciones forales de los impuestos y la aportación de un “cupo” al Estado para el pago de los servicios públicos no transferidos),  no fue suficiente para que los representantes nacionalistas vascos de entonces apoyaran la Constitución (PNV, EE y HB) y produjo como consecuencia que el pueblo vasco, en referéndum, votara afirmativamente a la Constitución sólo en un 30% del censo, porcentaje muy inferior al resto de Comunidades Autónomas.

Como lo he dicho en un comentario anterior, el sistema de “Convenio” de la Comunidad Foral de Navarra y los “Conciertos Económicos” de la Comunidad Autónoma del País Vasco, son una especie de “premio de consolación“, lo que quedó tras la abolición foral de 1839 y 1876; son procesos históricos irrepetibles y hoy dificílmente transplantables a Catalunya en el actual Ordenamiento Jurídico, aunque defiendo que, por supuesto, el pueblo catalán tiene pleno derecho a modificar su relación/vinculación económico-financiera con el Estado, en base a su historia y a la voluntad mayoritaria de sus ciudadanos que, en todo caso, debe ser respetada.

Alguna vez me ha contado Mitxel Unzueta, portavoz del PNV en el Senado en el período constituyente y una de las mentes más preclaras del nacionalismo vasco, que, durante los años 1977 y 1978, tuvieron varios encuentros con los nacionalistas catalanes, especialmente con Miquel Roca y Jordi Pujol, a quienes explicaron el camino que el PNV iba a seguir en Euskadi (Álava, Vizcaya, Guipuzcoa y Navarra), de recuperación del sistema de conciertos económicos para Vizcaya y Guipuzcoa, ya que a Álava y Navarra no se les había arrebatado tras la guerra civil de 1936 (véase en este blog el comentario titulado, Decreto-Ley de 23 de junio de 1937: supresión de los Conciertos Económicos en Vizcaya y Guipuzcoa por “provincias traidoras). 

Unzueta recuerda que, salvo algunos diputados como Trías, que se mostraba más receptivo a plantear una fórmula similar para Catalunya, los nacionalistas catalanes optaron entonces por otros caminos que consideraban más acordes con la realidad de los tiempos, como el del “federalismo cooperativo” u otras fórmulas.

Es bueno recordar los caminos ya andados y valorar en sus justos términos negociaciones que, en este caso, sí que fueron “históricas” y muy beneficiosas para el País Vasco, sin renunciar por supuesto a otras metas más acordes con la historia y la voluntad mayoritaria del pueblo vasco.

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El 23 de junio de 1937,  Franco dictó un Decreto Ley por el que se suprimió  el régimen foral de Guipuzcoa y Vizcaya, mientras que en el mismo texto legal se mantenía dicho régimen para Álava y Navarra. En su artículo 1.º quedaba decretada la supresión:

“…Queda, por tanto, sin efecto, en aquellas provincias (Guipuzcoa y Vizcaya), el régimen concertado con sus Diputaciones, que en aquella materia económica regía en la actualidad”  (SUPRESION CONCIERTOS ECONOMICOS).

 Ahora que se habla de la “memoria histórica” (incluso se ha aprobado una Ley al efecto, lo que está bien), debe también recordarse un “castigo”, impuesto colectivamente a todos los vizcainos y guipuzcoanos sin excepción, como consecuencia de la guerra civil de 1936.

No pretendo reavivar heridas ni rencores individuales o familiares hace mucho tiempo ya superados, pero creo necesario conocer la historia, en lo que se refiere a decisiones que afectaron a intereses generales,  para no caer en los mismos errores; en este caso, se trata de un episodio de postguerra que, a mi juicio, no está lo suficientemente aclarado y tiene más interés tras los recursos presentados por algunas Comunidades vecinas a lo que se ha dado en llamar “blindaje de los Conciertos Económicos“.

Vaya por delante que el supuesto “blindaje” no es más que reconocimiento y respeto a algo que está recogido en la Constitución Española, en su Disposición Adicional Primera (los derechos históricos de los territorios forales), pero que, por falta de una previsión legal adecuada, se permitía que fueran cuestionados una y otra vez por procedimientos judiciales en los tribunales ordinarios, cuando de la Constitución se deduce que ésta los ampara y respeta y sólo deben poder ser analizados, en su caso, por el Tribunal Constitucional.

Para explicarlo en términos sencillos, la razón de esta anomalía estriba en que las competencias en materia económico-financiera, que están en manos de las Diputaciones Forales y no del Gobierno Central, son reguladas mediante una figura legal sui generis, las “Normas Forales”, que, hasta ahora, podían ser recurridas en todas las instancias judiciales, con lo que las decisiones fiscales del régimen de autogobierno vasco no eran respetadas; se impugnaban una y otra vez, sin reconocerles “valor de ley”, como debería ser, al estar legitimadas por la propia Constitución.

Veamos ahora el momento en que dicho sistema foral fue suprimido. Hay quien ha solido decir que Franco denominó “provincias traidoras” a Vizcaya y Guipuzcoa. Y ello es cierto, a tenor del Decreto-Ley, pero con alguna matización.

La fundamentación no tiene desperdicio. No puede ser más contradictoria. Está cargada de venganza, de represalia, aunque en el Decreto-Ley se pretenda negarlo, calificando la decisión como una medida de “estricta justicia” (sic).

Veamos la flagrante contradicción.

Por el Decreto-Ley de 1937 citado, se suprime el sistema de Conciertos Económicos  para Vizcaya y Guipuzcoa, pero se mantiene para Álava y Navarra.

Para ello, una vez admitido el sistema entonces vigente en materia económica, esto es, los Conciertos Económicos, se argumentaba así:

 “olvidando muchísimos de los favorecidos por el Concierto este privilegio, se alzaron en armas contra el Movimiento Nacional” (en el primer párrafo del Decreto-Ley se vitupera el sistema de conciertos y se le califica como de “notorio privilegio“, o afirmando el “menor sacrificio que el contribuyente atiende en ellas al levantamiento de las cargas públicas” o  diciendo que “de antiguo, han sido frecuentes las evasiones de carácter fiscal, realizadas al amparo de este sistema, en perjuicio siempre del Estado”).

Si el sistema era tan injusto como se dice, ¿por qué se mantiene para Álava y Navarra y se suprime para Vizcaya y Guipuzcoa?.

El Decreto-Ley lo deja muy claro. Entonces Franco no tenía pelos en la lengua (ni mucho después, tampoco). Continúa con su argumentación:

“…correspondiendo así con la traición a esta generosidad tradicional”, donde el régimen fiscal sólo había “servido para realizar la más torpe política antiespañola, circunstancia ésta que al resaltar ahora, hasta la saciedad comprobada, no aconseja, sino que imperativamente obliga a poner término a un sistema que fue utilizado para producir daños tan graves” .

Y ¿quiénes eran los traidores? ¿los vizcainos y los guipuzcoanos? ¿una parte de los vizcainos y de los guipuzcoanos? o ¿las provincias de Vizcaya y Guipuzcoa?

Dilema de difícil resolución, que el Decreto-Ley también aborda.

De acuerdo con el Decreto-Ley, el régimen fiscal propio (derecho histórico de los cuatro territorios forales, muy anterior a Franco, que ya había sido modificado y reducido a la mínima expresión en 1839 y 1876), en Navarra y Álava servía para otra cosa:

“en la lealísima Navarra, para exaltar todavía más su sentir nacional y el fervor de su adhesión al común destino de la Patria“, y “las mismas consideraciones imponen que el sistema vigente en la actualidad continúe subsistente en la provincia de Álava, porque ella no participó en la rebeldía y realizó aportaciones valiosísimas a la Causa Nacional, que no pueden ni deben ser olvidadas en estos momentos“.

Queda claro que la supresión de los Conciertos Económicos, régimen foral vasco de siempre, fue debida, única y exclusivamente, a razones de represalia político-militar del bando ganador de la guerra civil, a dos provincias que no habían aceptado la sublevación militar contra el régimen entonces legalmente establecido.

Un último inciso del Decreto Ley recuerda que en las dos “provincias traidoras”, había, no obstante “españoles de acendrado patriotismo, que antes y ahora sintieron vivamente la causa de España”.

Es olvio que al redactor del Decreto-Ley de Franco le resultó casi imposible justificar por qué a esas personas también se les iba a “castigar”, a privar de un régimen secular que,  como se ha demostrado a lo largo de la historia, había sido muy beneficioso para los intereses generales. Además, el Decreto-Ley,  también olvida y paradójicamente “perdona”, a los que, desde Álava y Navarra, defendieron la legitimidad constitucional frente al Alzamiento (nacionalistas, socialistas, comunistas, republicanos, etc., etc.), porque sus “Diputaciones” iban a seguir siendo “Forales” y, por consiguiente, iban a seguir disponiendo de un régimen especial, que Franco no tuvo ningún inconveniente en calificar como privilegio en el mismo Decreto-Ley, como se ha visto antes.

A partir de las primeras elecciones democráticas de 1977 (esto es, 40 años después), Vizcaya y Guipuzcoa recuperaron lo arrebatado tras la guerra, pero la situación no se ha arreglado del todo.

Da mucha pena que se desconozcan estos hechos y aún hoy existan recursos jurídico-políticos, permitidos o, al menos, tolerados por las cúpulas políticas de los dos grandes partidos estatales, PP y PSOE, a la más elemental protección de los Conciertos Económicos por la vía de lo que comúnmente se denomina como “blindaje”, que no es otra cosa que el reconocimiento de un derecho histórico amparado y respetado por la Disposición Adicional Primera de la Constitución.

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