Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘centros culturales’ Category

Dentro de la semana de la arquitectura organizada para conocer edificios emblemáticos de la ciudad, los arquitectos de Madrid van a rendir homenaje al arquitecto navarro Francisco Javier Sáenz de Oiza por considerarlo “maestro de maestros de la segunda mitad del siglo XX”.

Así lo ha anunciado hoy la presentadora bilbaína Ana Blanco en el telediario de TV1, añadiendo la periodista Sara Ramos Soriano que Sáenz de Oiza “rompió esquemas” en la arquitectura en 1955 con la basílica de Aránzazu en Oñate, y después la sede del Banco de Bilbao en Azca y el edificio de Torres Blancas, ambos en Madrid. La información ha concluido con el dato de que se exponen 400 planos originales y 60 maquetas de Oiza. No sé si el proyecto del cubo de la Alhóndiga de Bilbao se incluye en esos planos y maquetas de la exposición. Por ello y para aportar información documentada escribo esta entrada.

Pues bien, el arquitecto navarro fue contratado por el ayuntamiento de Bilbao en los años 1988 y 1989 para que desarrollara arquitectónicamente, junto con Jorge Oteiza y el también arquitecto bilbaíno Juan Daniel Fullaondo, el centro cultural de la Alhóndiga, que queríamos convertir en una “factoría de arte” en expresión feliz de Oteiza. Nos presentaron un proyecto inicial muy innovador, rompedor, con dos cubos y un paralelepípedo que unía ambos edificios en el aire, que lo tuvimos que ir modificando para cumplir los numerosos requisitos que nos iban imponiendo desde una denominada Comisión técnica nombrada por el Gobierno Vasco a través de la Consejería de Cultura. Tras un largo período de cambios y adaptaciones a las exigencias de la citada Comisión, se celebró una reunión en el interior del edificio de la Alhóndiga, en la que el máximo dirigente del PNV, con dos arquitectos amigos suyos y Michel Unzueta, trató de mediar para que hiciéramos alguna modificación más al objeto de conseguir los necesarios permisos. A la reunión asistí junto con Saénz de Oiza pues deseábamos seguir adelante con el proyecto, aceptando numerosos cambios que no modificaran sustancialmente el proyecto Oteiza-Oiza-Fullaondo.

De la supuesta mediación no tuve más información. No sé con quién habló el dirigente del PNV ni siquiera si lo hizo personalmente, pero si gestionó con las autoridades del Gobierno vasco no sirvió de nada. Al final nos denegaron los permisos. Sobre esta cuestión se puede leer varias entradas de este blog en las que fundamento mi posición como promotor del proyecto en calidad de alcalde de Bilbao, y las claves políticas del proyecto y de su rechazo por las autoridades vascas. Véase capítulo I(gestación), II, III, IV(centrado en la argumentación técnica de Sáenz de Oiza), V y VI(mi dimisión como alcalde de Bilbao).

En esas entradas explico con detalle el proceso y destaco la manifiesta contradicción que supuso la denegación del permiso para el cubo de la Alhóndiga, siendo una iniciativa pública, con la autorización para derribar un edificio de características análogas y edificar dos torres dejando tan solo un pequeño recuerdo de la fachada del edificio antiguo, de iniciativa privada. Por cierto, también habíamos aceptado esa fórmula de conservar un trozo de la fachada, aunque recibimos la enésima respuesta negativa. Hoy se podría añadir el caso de las torres que se han construido ya en Bilbao, de altura igual o superior a nuestro proyecto, dado que la altura era, supuestamente, uno de los argumentos “técnicos” que utilizaban para no permitirnos construir.

El navarro Sáenz de Oiza fue el arquitecto director del proyecto, con el asesoramiento y apoyo del también navarro Jorge Oteiza (que ya habían participado conjuntamente en la basílica de Aránzazu)  y del bilbaíno Daniel Fullaondo. Todos de prestigio reconocido, además de vascos.

Me alegro mucho de este merecido homenaje que los arquitectos de Madrid hacen a Francisco Javier Sáenz de Oiza (q.e.p.d.) y transmito mi enhorabuena a toda su familia.

 

PHOTO-2018-10-01-16-44-44tris

PHOTO-2018-10-01-16-44-44

De izquierda a derecha, Jon Intxaustegui, Jorge Oteiza, Francisco Javier Sáenz de Oiza, José María Gorordo y Juan Daniel Fullaondo. Jorge Oteiza celebraba su 80 cumpleaños.

 

PHOTO-2018-10-01-16-44-44bis

PHOTO-2018-10-01-16-44-44cuatro

Portada del proyecto técnico de Sáenz de Oiza

PHOTO-2018-10-01-16-44-44cinco

Una de las numerosas páginas del proyecto

 

 

 

 

 

 

 

Read Full Post »

I

Han pasado 20 años desde que conocí a Agustín  Santarúa (Agustín Menéndez Prendes), ilustre periodista asturiano, natural de Candás y residente en Salinas (concejo de Castrillón, Asturias) hasta su fallecimiento, en febrero de 2009.

Santarúa, un hombre visionario, siempre pensando en nuevos proyectos, fue uno de esos personajes capaz de aglutinar en torno a sí y a sus ideas a personas muy diversas. Entre sus iniciativas, destaca la de haber sido el impulsor del “Museo de Anclas”, auténtico propósito cultural de unión de ciudades marítimas, situado al aire libre, en La Peñona de Salinas, al final de la playa, en el lado oeste.

Siempre estuvo empeñado en promover proyectos relacionados con la cultura, la mar, el desarrollo económico y el respecto al medio ambiente, desde un profundo sentimiento de amor a su tierra, Asturias.

La última semana de junio, convocados por Santarúa, solíamos acudir a participar en una Semana Cultural, que culminaba el 28 de junio, coincidiendo con el aniversario del accidente de aviación que en 1979, le costó la vida al hijo del comandante Cousteau, al que hacíamos una ofrenda floral desde la plataforma que se encuentra frente a su busto, en La Peñona.

Pues bien, en el libro, “La política de otra manera” (1993), dedico un apartado a contar lo que tuvo lugar allá por el año 1988 o 1989. Por su brevedad, lo transcribo:

“…Y hablando de esculturas, recuerdo que colaboramos en la feliz idea de un grupo de amigos de la localidad asturiana de Salinas….En efecto, la “Cofradía de la Buena Mesa de la Mar“, presidida por Pedro Piñera y el Vigía Mayor, el activo Agustín Santarúa, en estrecha colaboración con el ayuntamiento de Castrillón, han hecho realidad un viejo sueño, único en el mundo: “El Museo Philippe Cousteau del Ancla“.

Los bilbainos fuimos los primeros que les donamos un ancla, que se encuentra hoy situada en la Peñona de Salinas.

Las anclas, que sirven para sujetar las naves al fondo del mar, que se mantienen tal cual a pesar de los numerosos avances tecnológicos en otros campos de la navegación, simbolizan lo que se aferra, lo que nos sujeta, lo que nos fija a una referencia, lo que, en definitiva, nos da seguridad en nosotros mismos y en el futuro”.

En la web del Museo de Anclas antes citada, se puede leer lo siguiente:

“La idea de “El Museo de Anclas Philippe Cousteau” surge a finales de los años 80 en el seno de la “Cofradía de la Buena Mesa de la Mar”, para rendir homenaje continuo de amor a sus gentes, y a toda la cultura que esta representa a través de la unión de los mares y los océanos para lo que se pensó en la figura de Philippe Cousteau, ofreciendo así un homenaje eterno a las gentes que dieron su vida por ella.

El museo está concebido como un conjunto monumental al aire libre donde se resalta la belleza de las anclas, el Templo de los Océanos, o el busto de Philippe Cousteau.

Es idea original de Agustín Santarúa, Vigía Mayor, que La Cofradía hizo propia con tal entusiasmo, que pudiera afirmarse que ha servido de núcleo aglutinante y hasta de especial identificación de la propia Cofradía, traspasando una primera finalidad gastronómica con otras dedicaciones culturales. 

A los años 1989 y 1990 corresponde la maduración de la idea de creación de un Museo, su valoración, planificación y negociaciones con el Ayuntamiento de Castrillón…”.

 

En 1991, se encargó la escultura de bronce con el busto del hijo del Comandante Cousteau a Vicente Santarúa (hermano de Agustín Santarúa, y autor, entre otras obras de la escultura dedicada a Woody Allen que se encuentra a pie de una de las calles más concurridas y populares de Oviedo).

Si importante es la obra, el lugar elegido para su colocación no pudo ser más acertado, teniendo en cuenta el final trágico de Philippe Cousteau, como lo prueban las siguientes fotos tomadas ayer mismo.

II

El Museo en La Peñona

Cuelgo a continuación algunas de las anclas extendidas a lo largo y ancho de La Peñona, conformando el Museo al aire libre:

 Barranquilla (Colombia) hermanada con el Principado de Asturias a través de los mares y la historia

Edgard George González, Alcalde distrital) ciudad de Turbo, Barranquilla (Colombia), 20 de julio de 1997

Ancla tipo “Danforth“, donada por la Jefatura de la Zona Marítima del Cantábrico e instalada por el Excmo. Ayuntamiento de Ferrol (23 de octubre de 1997)

Composición  “Es Forner” y “Hondero Balear“, de Lorenz Roselló (1868-1901)El Govern Balear, al pueblo de Asturias, Castrillón, mayo 1991

 

Ancla donada por el ayuntamiento de DonostiaSan Sebastián, perteneciente al barco “Alfonso XIII” (1927-1966)

 

 

Ancla donada por el ayuntamiento de Bilbao, del barco “Ciudad de Ceuta” (1929-1983), hundido en la Ría de Bilbao en las inundaciones de 1983, que tuve el honor de entregar a la Cofradía de la Buena Mesa, y fue la primera con la que se inició la colección del Museo

 

 

Ancla del barco “San Emeterio” (1887-1952) donada por el ayuntamiento de Santander

 

 

 

 

Ancla del “Cabo de Palos” (1885-1911) donada por el ayuntamiento de Avilés

 

 

 

 

Ancla del “Aegean Sea” (1973-1992), donada por el ayuntamiento de La Coruña

 

 

 

 

Ancla del “Castillo de Salas” (1980-1986), donada por el ayuntamiento de Gijón

 

 

Nuestra Señora de Atocha

La ciudad de San Agustín rinde homenaje a las rutas de la cultura y conocimiento que los Océanos nos facilitan

Cuando salió de Cuba en su primer viaje, en el año 1622, el galeón español de 500 Toneladas se hundió en el Estrecho de La Florida. Tres siglos más tarde fue recuperada por el descubridor de tesoros, Mel Fisher. El ancla permaneció al cuidado en la ciudad de San Agustín, La Florida (EEUU), a fin de ser presentada a los habitantes de Avilés, cuna del fundador de nuestra ciudad, don Pedro Menéndez (12 de octubre de 1999)

 

Ancla del yate “Fortuna” cedida por Patrimonio Nacional para su instalación y exhibición en el “Museo de Anclas“, en La Peñona (Salinas)

 

 

 

 

Se puede disfrutar del Museo a lo largo de La Peñona, con la Playa de Salinas al fondo

 

 

 

  III

La “Semana Cultural”, de Salinas

A Salinas acudíamos, a la llamada de Agustín, gentes tan variopintas como el escritor Alberto Vázquez Figueroa, el periodista Manuel Martín Ferrán, el periodista y presidente de la Fundación “Titanic”, Jesús Ferreiro, Delfina Taboada, de la UNESCO, catedráticos de la Universidad de Oviedo, Rafael Lobeto Lobo, pintores como el leonés Ramón Villa, cantautores como Pipo Prendes, Francisco Arias, exalcalde de Castrillón, ingenieros de la Administración marítima, autoridades, empresarios y gentes de todo tipo y condición a las que nos unía el amor a la mar y la amistad con Agustín Santarúa.

Un buen día, nos reunimos Antonio Masip (entonces alcalde de Oviedo), Francisco Vázquez (alcalde de A Coruña), Juan Morano (alcalde de León), Manolo Huerta (alcalde de Santander) y otros alcaldes y representantes de la zona, incluidas las autoridades locales de Castrillón, y, al pairo de la Semana Cultural, empezamos a hablar de cuestiones básicas como la de luchar y defender nuestro futuro y el de nuestros hijos, puesto en peligro por la desindustrialización de la zona y la falta de opciones concretas alternativas; muchos creíamos (y seguimos creyendo), que una decidida potenciación de las inversiones públicas, podría servir para retomar posiciones históricas de empleo y generación de riqueza y actividad: no sólo ya la industria o las infraestructuras tradicionales, carreteras y ferrocarril, sino entrando de lleno en nuevos “yacimientos de empleo”, como la cultura, el turismo o el medio ambiente, sectores que están sustituyendo al peso que la industria tenía hasta hace poco tiempo.

En dicho marco tuve la oportunidad de pronunciar una conferencia, promoviendo la idea de un Eje Atlántico que defendiera nuestros intereses comunes, idea posteriormente asumida por las Cámaras de Comercio y algunos Gobiernos autonómicos, entre ellos, el vasco.

Así lo reconoció el alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez, quien, con motivo del acto de entrega del ancla del “Mar Egeo“, declaró a los medios de comunicación de Galicia y Asturias en marzo de 1993:”

“La necesidad de que Salinas sea recodada como la población en que se hizo un primer llamamiento por parte del anterior alcalde de Bilbao a la creación del hoy denominado Arco Atlántico” (recogido en el libro “La política de otra manera“, 1993, pág. 153).

Salinas, por su situación geográfica privilegiada, podría muy bien representar un lugar de encuentro turístico y económico de la Fachada Atlántica peninsular y actuar como caja de resonancia de la potenciación del Eje Atlántico, de las rutas por carretera y ferrocarril, dinamizando el turismo, la cultura y el medio ambiente.

IV

¿Por qué no reconocer al impulsor del Museo, la Semana Cultural y otras iniciativas?

Creo que ha llegado la hora de hacer un reconocimiento a Agustín Santarúa, para recordarlo vinculado al Museo y a Salinas, dándole su nombre al Paseo Marítimo que nos lleva hasta el Museo (que aparece en la primera de las fotos), o por medio de algún otro tipo de reconocimiento oficial.

Su memoria se lo merece.

Termino este comentario con algunas fotos de Agustín Santarúa, en su papel de principal impulsor de iniciativas como la del Museo de Anclas o la Semana Cultural y apasionado defensor de Salinas y de Asturias, de sus gentes y de su futuro.

Animo a los visitantes del blog, principalmente a los que en su día compartieron alguna iniciativa con Agustín Santarúa, a sus amigos y a las autoridades de Castrillón, a que, con un comentario en este blog o por cualquier otro medio, impulsen esta petición.

Muchas gracias. 

 

Read Full Post »

Ángeles González-Sinde y Álex de la Iglesia, en la entrega del Premio Nacional de Cinematografía a este último en el Festival de Cine de San Sebastián. 

 

No se puede pasar de ser el mejor a ser odiado en un solo día. Si dimite, tendrá sus razones.

Y dimite cuando él quiere no cuando le pueda convenir a la Ministra de Cultura, a la que se le podría preguntar, incluso ahora: y vd. ¿va a dimitir?, lo mismo que ella repreguntó, con poco sentido de la oportunidad y de respeto a la profesión, cuando un periodista le interpeló algo tan lógico y de actualidad como que si ella había pensado en dimitir cuando su proyecto de Ley fue rechazado en el Congreso de los Diputados.

Y si Álex de la Iglesia dimite, en una decisión personalísima, él decide cuándo y cómo lo hace, que no venga nadie a imponerle. Por ello me parece inaceptable que interfieran en algo que no les compete, haciendo declaraciones sobre quién debe ser su sucesor (en este caso, sucesora),  cuándo debe dejar el cargo y, lo que es más serio, dejando caer insinuaciones, caldo de cultivo para que en algunos medios de comunicación se arremeta contra Álex de la Iglesia.

 !Ya está bien¡

Conocí a Álex de la Iglesia cuando él era un joven intrépido, valiente y entusiasta. Comimos una vez en uno de las restaurantes míticos de Bilbao, entonces  llamado Kaskagorri, situado en una bella atalaya desde la que se divisa lo más de Bilbao, como la Ría, y todo lo nuevo y bello que se ha hecho alrededor de ella. Éramos varios en la mesa. En aquella época, yo era alcalde de la Villa, menos joven que Álex, pero coincidía con él en el deseo de descubrir nuevas cosas, innovar, apostar por lo nuevo y diferente, asumiendo riesgos. Ambos creíamos, vitalmente, que el poder es para ejercerlo, no para mantenerse en él a toda costa. 

Desde entonces han pasado más de 20 años. Le he vuelto a ver esporádicamente, mas bien poco. En alguna ocasión en la Aste Nagusia de Bilbao, él acostumbraba a visitar nuestra txozna en la Plaza Circular, y charlábamos un rato acompañados de un kalimotxo o una caña de cerveza. Pero nada más.

Sólo defiendo que se le debe respetar en su decisión. Él es el mismo creador, el mismo líder, la misma persona y el mismo director de cine que ha sido hasta hoy.

Le deseo a Álex de la Iglesia suerte y éxitos en el futuro para que los cinéfilos sigan disfrutando con sus películas.

¡Ah!, espero que el Jurado de los Goya no se deje influenciar por cierta campaña que le están haciendo desde algunas instancias institucionales que no quieren entender al que va a dimitir quizas porque les haya podido estropear sus planes, diciendo que el acuerdo de algunos partidos políticos, aunque representen a muchos millones de personas, no es tan bueno como nos quieren hacer creer. Por ahí se deben filtrar algunas declaraciones de los responsables políticos del Ministerio de Cultura, seguro…

Miles de internautas apoyan a de la Iglesia en Twitter, entre ellos Pérez-Reverte, en la forma que algún medio de comunicación titula como la invasión de las narices coloradas)

Read Full Post »

Resulta increible que  “Chillida Leku” se vaya a cerrar. Desconozco los datos concretos de explotación del Museo, pero no es razonable que algo tan hermoso como este museo al aire libre de uno de los artistas vascos más universales no encuentre una forma de hacer compatibles los intereses privados con los públicos.

Como pueblo vasco no tenemos tantas obras de arte que mostrar al mundo como para que permitamos que se cierre “Chillida Leku“.

Lo menos que podemos hacer como ciudadanos es exigir a nuestras autoridades que se sienten a negociar con los gestores del museo y, con transparencia, encuentren una fórmula de hacer viable la continuidad del museo.

El año pasado, los alcaldes vascos nos reunimos en “Chillida Leku” para conmemorar el 30 aniversario de las primeras elecciones locales democráticas (1979-2009). En calidad de exalcalde de Bilbao y expresidente de la Asociación de Municipios Vascos EUDEL asistí al acto y tomé unas fotos de recuerdo.

Os dejo una pequeña muestra de la belleza del lugar y de algunos de los alcaldes allí presentes.  

De izquierda a derecha, José María González Zorrilla, exalcalde de Muskiz (Bizkaia) y expresidente de EUDEL, Xabier Aguirre, exalcalde de Getxo y José Manuel  Martiarena, exalcalde de Urnieta (Gipuzkoa)

Varios de los alcaldes del País Vasco elegidos tras las primeras elecciones democráticas de 1979 reciben un recuerdo conmemorativo en “Chillida Leku”

Alcaldes que en la actualidad son miembros de la Junta Directiva de EUDEL. De frente y de izquierda a derecha, el alcalde de Barakaldo, Tontxu Rodríguez, el presidente de EUDEL, Jokin Bildarratz, y el alcalde de Amurrio, Pablo Isasi

“Chillida Leku” merece seguir abierto al público

Read Full Post »

Hace unos pocos meses inicié esta sugestiva travesía en las redes sociales y abrí este blog, inicialmente subtitulado como “El Control de las cuentas públicas“.

Desde mi experiencia en la empresa privada y en la Administración Pública, así como desde mi actual trabajo y actividad investigadora en dos campos tan distintos e interesantes como las Cámaras de Comercio y los Tribunales de Cuentas, pretendía transmitir, a quien estuviera mínimamente interesado, unas ideas tan variopintas como mis opiniones y actuaciones en la política,  la auditoría pública o la fiscalización de las cuentas públicas.

Antigua sede de la Cámara de Comercio de Bilbao

He pasado de gestor (de la empresa privada y de lo público), a controlador de los que gestionan y la doble perspectiva me ha enriquecido.

Venía  de estar cerca de veinte años en la gestión de la Administración pública, por lo que consideraba que podía aportar mi experiencia en ambos lados de la mesa: desde el lado de quien decide las inversiones públicas y desde quien controla a los que toman las decisiones. Los que me estáis visitando en el blog sois quienes podéis juzgar si estoy acertando en la pretensión inicial.

Posteriormente abrí el abanico de comentarios en el  blog para contar cosas de Bilbao y de sus gentes, de su historia y del presente, aspectos jurídicos y políticos, económicos y otras sensaciones que me sugiere la realidad actual.

El resultado ha sido, al menos para mí, sorprendente: hasta hoy, 10.133 visitas, y lo que aún creo que es más relevante, 1.095 comentarios de todo tipo a lo largo de 72 entradas o posts que he escrito hasta ahora.

Muchísimas gracias a todos.

Soy hijo, nieto y biznieto de marinos (de Plencia, Bizkaia, Euskal Herria), que navegaron por todos los mares del mundo (véase Capitán Gorordo; Historia y vidaCuentos de Klin klon).

Me entusiasma la navegación, la bitácora, el sextante y la brújula. También los riesgos y la necesidad de establecer un buen rumbo para llegar a puerto seguro.

 José María Gorordo Igartua, capitán de barco con veinte años, cuyas hazañas marinas aparecieron en las revistas  “Cuentos de Klin-Klón” (1935)Vida Vasca (1942) e Historia y Vida 

 

Hilario Gorordo Artaza, abuelo paterno, capitán de la marina mercante y alcalde de Plencia (1916 a 1921); el retrato se halla en el Museo Marítimo de la villa marinera, obra del pintor Jenaro Urrrutia y donado por mis primos, Francisco José, Maybe y Alicia Gorordo

 

Vuestra colaboración/participación, como lectores o como protagonistas de vuestras propias opiniones (favorables, matizadas o contrarias a lo por mí expresado), me animan a seguir adelante en esta apasionante aventura.

 

 

 

 

 

 

En la foto de arriba, el edificio verde, antigua sede de la Cámara de Comercio de Bilbao: en ella desempeñé el cargo de secretario-director hasta febrero de 1997, inaugurada en la década de los años 1980, siendo presidente Antonio Madariaga Zobaran, plenciano como yo, y uno de los grandes  profesionales que siempre ha apoyado al nacionalismo vasco, incluida la difícil época de las postrimerías del franquismo (le vetaron para presidente de Petronor, precisamente por ello, aún cuando había sido muchos años el primer ejecutivo de la refinería de petróleos).

 En la foto de la izquierda, Antxon Lafont, quien fuera director de la Cámara de Comercio de Bayona y posteriormente, presidente del Consejo Económico y Social del País Vasco, y Antón Madariaga, a la derecha, me acompañan el día de la investidura como doctor en Derecho por la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea.

 Las cuatro fotos siguientes representan el nuevo Bilbao de 2010,  que se ha puesto de cara al río Nervión. En la última, el corazón de la Villa, los “Jardines de Albia”, en el otoño de 2010, en el que se puede compartir un descanso en un banco con Antonio Trueba, “el de los cantares” (Montellano, Galdames, Vizcaya, 1819, Bilbao, 1889)  recordado, sentado en una bella escultura de Benlliure; como anécdota Jorge Oteiza me propuso un día de 1988, siendo yo alcalde de Bilbao, que se girara la escultura para que “Trueba diera la cara al Palacio de Justicia, y no “el trasero””, y así se hizo, en un acto en el que también intervinieron el ilustre escritor Elías Amézaga y el concejal de Cultura, Mikel Ortiz de Arratia (Gregorio San Juan publicó en 1989 una selecta antología de textos de Trueba)

Read Full Post »

I

¿Un segundo Guggenheim para el País Vasco?

LLevamos más de un año con esta polémica, basada, como suele ser en estos casos, más en el protagonismo político-institucional que en un debate público económico-cultural racional. Mientras el Diputado General de Bizkaia, José Luis Bilbao, impulsa, con la Diputación Foral al frente, los procedimientos para construir un nuevo museo con la marca “Guggenheim”, el Gobierno Vasco, asumiendo un extraño papel de oposición, trata, por todos los medios, que son muchos, de impedirlo (véase los varios comentarios anteriores de este blog en relación con las incalificables actuaciones del Gobierno Vasco para detener nuestro proyecto del cubo de la Alhóndiga, gobierno presidido en los años 1987-1990 por el nacionalista vasco José Antonio Ardanza, siendo también del PNV el entonces responsable de Cultura). En diciembre de 2010 parece que se han suavizado algo las relaciones entre ambas instituciones aplazando, de momento, la polémica.

En 1987, el alcalde de Bilbao (el titular de este blog), era del PNV y el mismo partido dirigía el Gobierno Vasco. En el programa electoral del PNV de Bilbao figuraba expresamente la construcción de un centro cultural cívico, participativo, en la vieja Alhóndiga.

Ahora, la Diputación de Bizkaia está en manos del PNV y el Gobierno Vasco, del PSE-PSOE.

Pero hay más diferencias: a José Luis Bilbao le apoya  incondicionalmente la cúpula del PNV, con Iñigo Urkullu y Andoni Ortuzar a la cabeza, mientras que a nosotros, salvo algún tibio intento de Josu Bergara, a la sazón Secretario del EBB del PNV, la dirección del PNV hizo muy poco para exigir al Gobierno Vasco (dirigido, insisto, por personas del mismo partido) el respeto a las decisiones democráticas del ayuntamiento de Bilbao y permitió que se incumpliera el compromiso político que había asumido el PNV para con el pueblo de Bilbao en el programa electoral. El jefe de Josu Bergara se dejó guiar más por unos amigos suyos que por el compromiso adquirido con los bilbainos/as (léase en un post anterior, el desarrollo de una reunión que mantuve siendo alcalde de la Villa con los máximos responsables del PNV y el arquitecto autor del proyecto, Francisco Javier Sainz de Oiza, en el interior del edificio de la Alhóndiga de Bilbao).

¿Qué hizo en 1989 el Gobierno Vasco? Simplemente utilizó una “extraña” Junta para una “supuesta” protección del patrimonio, compuesta por personas de la confianza del lehendakari y del consejero de cultura, elegidas “a dedo”, para paralizar el proyecto. Así coadyuvaron decisivamente en mi dimisión como alcalde de la Villa y contribuyeron igualmente a mi expulsión posterior del partido al que ellos dos pertenecían…(queda dicho así, en pretérito imperfecto de indicativo del verbo pertenecer).

José Luis Bilbao, no obstante, tiene una incuestionable baza en sus manos: los ciudadanos de este País han visto que no se les puede engañar con argumentos económicos en contra del proyecto, puesto que una inversión pública de esas características siempre resulta rentable en términos de costo-beneficio por el turismo que genera y por los servicios y consiguientes puestos de trabajo que promueve.

En mi época de alcalde también lo argumentábamos, pero como el resultado se mantenía como una incógnita al no haber sido experimentado, era más fácil argüir por parte de la oposición y también y sobre todo por los envidiosos de “casa”, que iba a ser un despilfarro, que no podíamos pagarlo y también crear dudas sobre unas supuestas sombras o sobre cómo se iban a limpiar los cristales del edificio…

En eso, José Luis Bilbao ahora lo tiene mucho más fácil…

II

Mikel Ortiz de Arrratia, ex concejal de cultura del ayuntamiento de Bilbao, propuso recientemente que el nuevo Museo, en lugar de acogerse a la  marca Guggenheim, lo haga por medio del Museo Hermitage, de San Petersburgo (antigua Leningrado, en la Rusia Báltica). En su escrito, una de las razones esgrimidas era que en el año 1990 firmamos un convenio de colaboración entre el Museo de Bilbao y el Museo Hermitage (y un acuerdo de intenciones con el alcalde de la entonces Leningrado, Sovchack, cif. en mi libro, “La política de otra manera“, F-124) para intercambio de exposiciones (aporto las fotografías de la firma del convenio de colaboración firmado por el alcalde de Bilbao y el director del Museo, para los incrédulos o para quienes desde el ayuntamiento de Bilbao hubieran podido extraviar el documento…).

Acto de la firma en San Petersburgo (Rusia), en 1990, del acuerdo de exclusividad entre Mikhail Piotrovsky ( entonces director del Hermitage y padre del actual director), a la izquierda y el titular de este blog, José María Gorordo, entonces alcalde de Bilbao y Presidente de turno del Museo de BBAA

Para quienes no lo conozcan, el Museo Hermitage está situado en San Petersburgo, a orillas del río Neva, y dispone de cinco edificios: El Palacio de Invierno, El Teatro Hermitage, El Hermitage Pequeño, El Hermitage Viejo y El Nuevo Hermitage, formando un hermosísimo complejo arquitectónico.
A día de hoy se pueden contemplar en él casi tres millones  de obras y objetos artísticos de todas las épocas originarias de Europa y Oriente.
Fue Pedro el Grande el que inicia la historia de este Museo, al adquirir algunas obras de arte entre las que se encontraba David despidiéndose de Jonathan, de Rembrandt y La Venus de Táurida, aunque parece ser que el Museo se inicia de forma oficial en 1764, cuando le es saldada una deuda a Catalina II con 225 cuadros por parte de un comerciante alemán, tras lo cual y con el afán de tener la mayor colección de entre todos los monarcas de la época, comenzó a comprar todo lo que estuvo a su alcance en las subastas de arte de Europa.
Declarado Museo Estatal el 5 de febrero de 1917, está considerado la más completa pinacoteca del mundo.

Creo que es una opción que debe estar presente en la mesa de las instituciones y, en concreto, animo desde aquí a José Luis Bilbao a que la analice con interés.

Ellos disponen de todos los datos de la alternativa que manejan y seguro que el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, podrá acceder al convenio firmado con el Hermitage (que, sin duda, debe estar en los archivos municipales), y poner a disposición de José Luis Bilbao y Josune Aristondo el documento que, aunque antiguo y no ejecutado en sus términos, bien pudiera servir de base de análisis de la alternativa propuesta por Mikel Ortiz de Arratia, que a mí me parece muy sugerente puesto que si viniera al País Vasco el Hermitage dispondríamos de los dos mejores museos del mundo.

En todo caso, apoyo a la Diputación de Bizkaia a que siga adelante con la idea, sea con el Museo Hermitage o sea un Guggenheim II, que no es otra que la de potenciar una bellísima comarca de Bizkaia y lograr un indudable beneficio económico para la zona y el resto de Euskal Herria con el efecto motor que indudablemente se genera.

Además, en época preelectoral, bueno sería que se debatieran públicamente estas iniciativas entre todas las fuerzas políticas sin excepción de ninguna clase.

youtube.com/watch?v=KRFTEqT1QJU&…

http://www.youtube.com/v/WHkd4RmB9Ts?fs=1&amp;hl=es_ES”></param><param

Read Full Post »

A lo largo de seis entradas, he contado lo que viví en primera persona en relación con el proyecto del “Cubo de la Alhóndiga“, que propusimos a los bilbainos dentro del programa electoral para las elecciones municipales de 1987.

Termino con una breve reflexión a modo de conclusión de los comentarios anteriores:

En el año 2010, se ha inaugurado el centro, con el nombre de AlhóndigaBilbao, como espacio cultural y de ocio para Bilbao. El edificio ha sido remodelado en su interior, dejándose prácticamente intacto el exterior, desperdiciando una gran parte de las oportunidades que ofrecía nuestro proyecto.

En mi recuerdo,  y estoy seguro que en el de muchos bilbainos, quedará grabado nuestro proyecto, abortado, el  del Cubo de la Alhóndiga, en el que participaron Francisco Javier Sainz de Oiza, Juan Daniel Fullaondo y Jorge Oteiza, todos ellos arquitectos y artistas vascos de prestigio internacional, sometidos a una injusta persecución por la mediocridad de quienes no estaban a su altura profesional,  y por el que luché entusiástica y denodadamente como Alcalde de la Villa:

 

Maqueta del Centro Cultural de la Villa de Bilbao (Archivo General del Ayuntamiento de Bilbao)

En cualquier caso, y aunque sigo pensando que no se ha hecho todo lo que se podía hacer, finalmente Bilbao cuenta  con un centro para la cultura y el ocio, nuestro compromiso electoral en 1987, habilitándose algo que ha estado más de 30 años sin saber qué destino darle, demostrándose que no fue “un mal sueño que tuve tras pasar una mala noche“, como afirmó un conocido político de la época.

!Bienvenida, AlhóndigaBilbao¡

Read Full Post »

Además de recibir apoyos desde todos los rincones de Extremadura, los Hogares y Centros Extremeños radicados en el País Vasco, de Bilbao, San Sebastián y Vitoria,  pasando por Bermeo, Zarautz, Mondragón, Renteria, Lasarte, Ermua, Irún, Erandio, Portugalete, Andoain, Barakaldo, Santurce, Sestao, Llodio o Durango, así como la inmensísima mayoría de sus socios y socias, e incluso amigos de otras ciudades y comunidades autónomas como Navarra, Madrid (Getafe, Carabanchel, Leganés, Arganda, Parla, Pinto, Valdemoro, Móstoles, Fuenlabrada…), Cataluña (Barcelona, Tarragona, Lérida, Salou, Cambrils, Santa Coloma de Gramanet, Rubí, Hospitalet…) o Valencia y hasta del Principado de Andorra y Jerez de la Frontera,  se vuelcan en apoyo a Pepe Extremadura, pidiendo, de manera unánime, que las autoridades extremeñas concedan a Pepe la Medalla de Extremadura.

Hasta el 14 de julio, son ya más de 5.300 las personas que se han acercado a este blog en apoyo del cantautor extremeño, de las que más de 1.000,  la mayoría de las cuales están escritas en nombre de familias enteras o asociaciones de diverso tipo, han dejado escrito un comentario-testimonio de las razones por las que defienden la concesión de tal galardón a Pepe.

Además de lo recogido expresamente en este blog, que se puede ver accediendo a los numerosos comentarios recibidos, muchos ayuntamientos de Extremadura y personalidades del mundo de la política (sean del PSOE, PP, PNV o IU, entre otros), del mundo de la canción, y representativas de la vida cultural, social o artística, están manifestando su apoyo a Pepe Extremadura, directamente ante las autoridades extremeñas.

¿Hay alguien que pueda acreditar más y mejores razones como para que, por fin, se reconozca el mérito de este extremeño de bien?

Pepe, con su padre, José Robledo, uno de sus cuñados (izquierda) y el autor de este blog

Pepe, con su familia, en las escalinatas del ayuntamiento de Bilbao en donde su padre (q.e.p.d.) recibiría un homenaje.

Vista de la ría de Bilbao, desde el balcón del ayuntamiento, en el que el padre de Pepe, por sus 40 años de trabajo en “Viviendas Municipales”, recibió un emotivo homenaje. En primer plano destaca una obra del gran escultor guipuzcoano Jorge Oteiza.

 Está claro que, en esta ocasión, las autoridades extremeñas lo tienen muy fácil; al menos, a mí así me lo parece.

http://www.youtube.com/v/sGiJZqGLkC8?fs=1&amp;hl=es_ES”></param><param

Read Full Post »

 Una dimisión no surge espontáneamente. Hoy me levanto y digo: “Me voy“. 

Dimitir es algo muy duro. Un acto que supone un desgarramiento interno. Dimitir implica renunciar, resignarse, desistir,  entregar.  Lo más difícil, en política.

Un dato que me parece fundamental, para entender razones y ser objetivos en los análisis: dimití el 17 de diciembre de 1990, 6 meses antes de las siguientes elecciones, de mayo de 1991. Si hubiera pensado en algo ajeno al PNV, en seguir “dando guerra“, parece evidente que no hubiese dimitido entonces sino, en todo caso, poco antes de las elecciones. Con el poder en la mano, con el grupo dividido, pero desde dentro. Todos conocemos cómo se suelen hacer esas cosas, en las que el que está en el poder no lo deja, ni aunque le echen de su partido, ni cuando se va voluntariamente.

Dimití y, además, pedí a todos los concejales del partido que siguieran en sus puestos.

Creo que los hechos hablan por sí mismos. En el PNV ya había planteado la posibilidad de dimitir. No una, sino varias veces. Un año atrás, como ya he comentado. El 17 de diciembre de 1990, fecha de mi dimisión, no sabía nada del permiso para el vaciado de la Alhóndiga, ni de ninguno de los otros 21 proyectos que había presentado a Ardanza en la reunión de 7 de marzo de 1990.

Tras la reunión de 7 de Marzo, nosotros habíamos cumplido el programa establecido con el lehendakari.  Nos habíamos puesto en  contacto  con  los  arquitectos  de  la  Junta  Asesora  de Patrimonio, los que se oponían al Cubo. En la reunión estuve acompañado por Mikel Ortiz de Arratia y por Javier Rodríguez, arquitecto coordinador. Mikel demostró una gran capacidad de trabajo e imaginación durante toda la legislatura. Acudía en su calidad de teniente de alcalde, responsable de Cultura. Temple y coraje en situaciones difíciles con sus propios compañeros de partido, alguno de los cuales le trató injustamente, probablemente por el simple hecho de continuar relacionándose conmigo tras mi dimisión. ¡Protesto por ello!.

 Tras  varias  horas  en  el  restaurante  “Getaria”,  de Bilbao con los de la Junta Asesora, terminamos hacia las 9 de la noche, y nos levantamos de la mesa con un  dibujo en el que nos señalaron los cambios que teníamos que introducir en el diseño para que lo aprobaran. Todo se reducía a la altura del cubo.

Nos  parecía  incomprensible,  caprichoso,  que 20 ó 25 metros más o menos de altura pudiera ser decisivo para una idea de estas  características.  Pero  no  teníamos  más  remedio  que aceptarlo, si queríamos que saliese adelante.

 Tras tomar nota de las instrucciones, me esperaba la tarea más difícil: convencer a Paco Oiza que, por enésima vez, modificara el proyecto. No era nada fácil. 

Me dijo que no se sentía con ganas de continuar.  Dimos un paseo, los dos solos, por el parque de Echevarria. Oiza no era sólo un gran arquitecto y profesor de arquitectura, sino, también, una gran persona. Logré convencerle. Él, supongo, había perdido también la fe en que yo pudiese resolver los problemas de la autorización. Veía que no salíamos adelante.

 Recuerdo incluso que, en ocasiones anteriores, tanto a él como a Jorge, les había aplacado para que no entráramos en confrontación directa con el Gobierno. Oteiza tenía ganas de hacer declaraciones de denuncia por la tomadura de pelo que suponía la actitud de los de Cultura. Una de esas veces, nos vimos  en Algorta,  en los Tamarises.  Nos  acompañó Bergara, secretario del EBB del PNV, es decir, máxima representación del partido.  Nos garantizó que la licencia era cuestión de días, que ya estaba hecho. No ocurrió así. En estas circunstancias, y ante la desmoralización creciente, conseguí, no obstante, que Oiza se adaptara  a las instrucciones concretas que nos habían dado los arquitectos que más activamente se habían opuesto.

 Una vez aceptado el cambio, Oiza se tomó un par de meses para llevarlo  a los planos. El 1 de Julio de 1990, y tras varios meses en los que nos habíamos  impuesto  un  silencio  en  cuanto a  los  medios  de comunicación, Oiza se reunió con la Junta Asesora del Patrimonio, a la que presentó el proyecto rectificado, según lo que nos habían  sugerido. El beneplácito tan esperado para el comienzo de las obras estaba más cerca. Pasaron un par de meses y el permiso no llegaba. Insistí en que, si no había permiso, no iba a continuar, que no lo entendía ni lo aceptaba…

Un buen día, hacia octubre, poco antes de la campaña electoral para las elecciones autonómicas, me llamó, con cierta solemnidad, Josu Bergara. Quería reunirse conmigo,  solos los dos. Fuimos al restaurante “Gorrotxa“, en un lugar tranquilo. Su mensaje fue claro y conciso: 

“Tras duras sesiones, hemos conseguido que, por fin, Ardanza firme el permiso de vaciado”.

 Me confesó que no había sido nada fácil, ni con los de Cultura ni con Ardanza pero, al final, lo lograron. El acuerdo consistía en que lo iba a firmar ya, pero no lo anunciaríamos hasta después de  las  elecciones  autonómicas,  a  fin de  evitar eventuales reacciones contrarias de algún partido, en período electoral.

 Me llevé una gran alegría. Le creí, le agradecí por su apoyo y le dije que estuvieran tranquilos, que no pensaba hacer ninguna declaración pública, con o sin permiso. Al cabo de un par de días, me llamó de nuevo y me dijo que:

 Ardanza se ha cerrado en banda y no quiere saber nada de la Alhóndiga hasta después de las elecciones”.

 Le dije que no era aceptable, que después de las elecciones vendría el período de negociación de gobierno;  podía ocurrir que cedieran “Cultura“; que en todo caso, ya no quedaba tiempo suficiente  para iniciar la obra antes de los siguientes comicios municipales.

 Protesté. Protesté  enérgicamente, pero  sin  resultado. 

 El 30 de noviembre de 1990, envié una carta a la ejecutiva del PNV, recapitulando todas las diferencias que estaban en el aire.

“… en lo referente a nuestra propuesta para el Museo de Arte Contemporáneo, debo añadir que si el Gobierno vasco no está interesado en ubicarlo en la Alhóndiga, –aunque, en esta situación, incumplía el protocolo de intenciones ya mencionado–  ello no afecta a nuestra propuesta de acuerdo. En este sentido, lo que vemos realmente necesario es:

 1. Que el Gobierno vasco nos comunique oficialmente sus intereses en este punto.

2. Que asuma el compromiso de la inversión para Bilbao.

3. Que los estatutos de funcionamiento del Museo de Arte Contemporáneo se ubique donde se ubique en Bilbao, estén de acuerdo con la claúsula 6ª de la “Declaración de intenciones” que adjuntamos y sean idénticos a los propuestos para la incorporación del Gobierno al Museo de Bellas Artes.

 En todo caso debo añadir que con estas cuestiones no se resuelven más que algunos aspectos parciales de la problemática cultural de Bilbao. No debería quedar aparcado, en mi opinión, el tema de EITB, ni las grandes necesidades de infraestructura cultural y deportiva que tiene Bilbao y que el Ayuntamiento no puede abordar por falta de recursos suficientes. Y en otros campos de colaboración, aún está pendiente una respuesta concreta por parte del Gobierno al documento de 22 proyectos que entregué al lehendakari la pasada primavera.

Asimismo, y como sabes, no hemos recibido aún autorización para desarrollar el nuevo proyecto de la Alhóndiga, que el arquitecto Sáez de Oiza presentó a la Junta Asesora del Patrimonio en julio de este año. El proyecto se ajusta a las necesidades técnicas requeridas y, nos consta asimismo, que no hay oposición técnica en el conjunto de la Junta. Por ello no debiera ser difícil el desbloqueo administrativo y el cumplimiento de los compromisos que el Gobierno vasco debe asumir para su participación activa, tanto económica como técnica, tal y como estaba previsto. En la confianza de que se pueda llegar a una solución satisfactoria para todos, aprovecho la ocasión para enviarte un cordial saludo, y reiterar mi disposición a colaborar activamente con otras Instituciones públicas, en beneficio de Bilbao”.

  Demasiadas cosas pendientes. Demasiadas diferencias. Demasiados obstáculos. No era extraño, por tanto, que a estas alturas, mis relaciones con la cúpula estuviesen totalmente deterioradas. Al día siguiente de las elecciones autonómicas, noviembre de 1990, Ardanza, eufórico, ya no quería hablar de otra cosa más que de la victoria, de sus pactos, de su Gobierno.

Me volvieron a engañar.

El  martes,  18  de  diciembre de 1990,  aparecía  en  los  medios  de comunicación mi último bando como alcalde de la Villa. Decía así:

 AL PUEBLO DE BILBAO 

  – “Cuando el 20 de Julio de 1987 tomé posesión de la muy honrosa condición de alcalde de Bilbao, estaba muy lejos de imaginar que hoy iba a presentar la dimisión y precisamente por las causas que, de acuerdo con mis principios y convicciones, me han obligado a hacerlo. Si algo tienen en común situaciones tan dispares, no es sino el apasionado entusiasmo que en todo momento he tenido de sacar a Bilbao del decaimiento que ha caracterizado sus últimas décadas y hacer de él un entorno, un colectivo humano capaz de los máximos niveles de prosperidad moral, cultural y material. Acepté la alcaldía por lo mucho que esperaba aportar a Bilbao. Hoy dejo la alcaldía, precisamente por lo mismo. Porque no deseo ser un obstáculo personal a que Bilbao reciba el trato a que tiene derecho.

Permitidme, que en esta especial circunstancia, no convierta esta intervención en un pliego de cargos y descargos contra nadie. El tiempo hará justicia para Bilbao. Soy consciente de que es una situación difícil y que no todos la interpretarán igual. Unos y otros, al menos, me aceptarán el derecho a ser leal conmigo mismo y con los compromisos públicos que contraje cuando fuí elegido miembro de este Ayuntamiento. Nunca he aceptado que los compromisos electorales sean algo vacío, que se olvide. De acuerdo con mis principios, nunca he concebido que el poder pueda ser entendido de una forma distinta a la idea de servicio a los ciudadanos.

 Creo  profundamente  en  las  reglas  que  inspiran  el  sistema democrático y en el valor de las Instituciones, como expresión legítima de la voluntad popular. Por último, en todos mis comportamientos he procurado siempre no romper los principios que configuran el ideario.  Por todo ello, cuando circunstancias externas a mi voluntad me impiden mantener esas fidelidades, lo que procede es dimitir y así lo hago en este momento. No quiero que nadie interprete mis reiteradas alusiones a Bilbao como un acto de chauvinismo y de ramplonería localista. He defendido a Bilbao porque ha sido la parte de responsabilidad que me ha correspondido gestionar, cuando a propuesta del Partido Nacionalista Vasco la voluntad de los ciudadanos me convirtió en alcalde de esta Villa. He nacido y vivido en Euskadi y de manera consciente y voluntaria asumí los postulados del nacionalismo vasco, como mejor forma de defender lo que era nuestro. Por ello me afilié en el Partido Nacionalista Vasco, cuyo ideario, por supuesto, sigo compartiendo. Pues bien, desde esta posición, quiero dejar claro, que ni he concebido un Bilbao de espaldas a las responsabilidades propias de ese gran proyecto que es hacer una Euskadi erguida, limpia, próspera y libre de tantas trabas y ataduras, ni he concebido a una Euskadi sin un Bilbao que ocupe el lugar que requiere el propio equilibrio de las cosas. Sé muy bien que no he hecho cuanto he deseado, pero espero que lo comprendáis. Aún así, ser alcalde de Bilbao ha sido una tarea apasionante.

 El contacto con los niños, hombres, mujeres y juventud de la Villa,  el conocer de cerca los barrios, los rincones y sus problemas, es algo que me ha enriquecido personalmente. Ya que no puedo hacerlo de otra forma, quiero corresponderles con mi agradecimiento. Sé que no siempre he estado acertado y que habré cometido errores. A todos los que hubieren sido afectados les pido perdón con sinceridad y cariño. Quiero  agradecer  a  los  funcionarios  de  esta  Casa  toda  la colaboración que me han prestado. Os pido a todos que no perdáis conciencia de todo lo que significáis para hacer ese Bilbao mejor que todos deseamos. Este agradecimiento hago extensivo a los grupos políticos de nuestro Ayuntamiento. Sé muy bien que hemos polemizado, discutido y hasta nos hemos enfadado.  Sin embargo,  creo que  todos  hemos  actuado desde nuestras propias y  legítimas convicciones y que lo hemos hecho procurando servir a los bilbainos y bilbainas. También hemos hecho muchas cosas juntos y hemos aprendido más. Todos podemos presumir, yo al menos presumo, de haber compartido la experiencia más importante hecha hasta ahora en Euskadi, de corresponsabilizar a todas las fuerzas políticas en la difícil gestión de este Ayuntamiento.  Quizás sea esto anuncio de mejores convivencias en el futuro.

 Al  tener  conocimiento  de mi voluntad  de  dimitir,  algunos concejales me  expresaron el deseo de compartir esta decisión. Les agradezco el gesto, pero les pido expresamente que no lo hagan. Tienen que seguir en sus puestos para que nuestra Villa no sufra más tensiones. Al próximo alcalde quiero decirle que estoy a su disposición y no como fórmula de cortesía, sino sinceramente y sin reservas. Dentro de pocos días va a ser Navidad. Deseo lo mejor para vosotros,  para Bilbao  y  para  toda  Euskadi. Eskerrik  asko. Zorionak eta urte berri on. Agur“.

(Extraido del libro “La política de otra manera”)

Read Full Post »

 El ex lehendakari Ardanza se parapetó en lo que él denominaba “competencia técnica” para impedir, con su posición directa, que pudiéramos hacer nuestro proyecto, el cubo de la Alhóndiga.

Está claro que lo logró.

 Además de la reunión con los máximos dirigentes del PNV, expresada en el capítulo anterior, que terminó en un rotundo fracaso, intenté pedir el apoyo directo al entonces lehendakari Ardanza, solicitándole una reunión para discutir y encauzar todos los temas pendientes de Bilbao. Entre ellos, y como uno de los fundamentales, la solicitud del permiso administrativo para poner en marcha las obras de la Alhóndiga.

Ardanza no había querido que la reunión se celebrara. A mi petición, por escrito, contestó con una carta que dejaba clara su postura.

Por esos días, yo había estado “preparando el terreno” para la cita. Concretamente, el 28 de febrero de 1990, declaré a los medios de comunicación que iba a “pedir ayuda” al lehendakari.

 – “El alcalde de Bilbao está dispuesto a llegar hasta el lehendakari para defender uno de sus proyectos más apreciados de su legislatura: el cubo de la Alhóndiga. La decisión del departamento de Cultura de paralizar por segunda vez las obras del futuro Centro Cultural de la Villa, no le ha hecho desistir. La Dirección del Patrimonio Histórico-artístico mantiene su criterio de no conceder autorización, al resolver que sigue alterando gravemente el carácter monumental del edificio“.

 – “Al fin y al cabo la Junta Asesora -asegura Gorordo- son sólo personas y la Corporación Municipal es representante máximo de la soberanía de los bilbainos y bilbainas. El Centro Cultural es una propuesta de futuro, fundamental para que Bilbao se convierta en una ciudad moderna, abierta, al igual que otras europeas. Además esta oposición me parece normal y previsible. Siempre ha ocurrido lo mismo cuando se ha querido hacer algo innovador. Pero ha sido aprobado por el Pleno de la Corporación el pasado 29 de diciembre… “.

 La polémica había salpicado a otros sectores de la sociedad.

Un colectivo de 200 intelectuales, profesionales y artistas firmaron por aquellas fechas, un comunicado a favor de la Alhóndiga. En él rebatían la argumentación de la Junta Asesora del Patrimonio afirmando que,

 – “en nuestra opinión no existe agresión para con el actual edificio, ya que se mantienen casi en su totalidad las crujías perimetrales con sus fachadas. Hay quien, en vez de agresión hablaría de ampliación, o de restauración o de ambas cosas a la vez. Hablaría en definitiva de conseguir dar una nueva vida a un edificio muerto a través de unos nuevos usos”.

 –  “¿Se agrede al paciente cuando se le trasplanta un corazón?”.

 Los portavoces del Gobierno vasco, justificaban su rechazo diciendo que  “habían actuado con un doble respaldo:  el legal y el político“. Estas  afirmaciones  a los medios de comunicación,  ponían en entredicho la supuesta ayuda del partido.

También por esos días un periódico publicó un artículo que titulaba con la expresiva frase:

 “Gorordo se queda solo

 manifestando que había perdido el apoyo del PNV. En estas circunstancias, la reunión con el lehendakari tenía un interés especial.

Dije muchas veces, que por el Centro Cultural “no me importaría inmolarme si, como parecía, lo boicoteaban”. Muchos del partido, a quiénes anticipé mi propósito de dimitir, no me lo creyeron.  Supondrían, quizás que, por encima de todo, valoraría más mi  carrera  política, a la que no renunciaría, según ellos, por un traspiés de esta naturaleza.

 A pesar de todas las circunstancias, tenía que aprovechar la oportunidad. Sabía que la reunión era difícil, pues el lehendakari no tenía una especial simpatía hacia Bilbao, a juzgar por la experiencia de 3 años, en que yo no había tenido ni una sola ocasión de despachar con él, a fondo,  lejos del protocolo y de los actos oficiales. Quizás sea demasiado fácil analizar, así de sencillo, unos hechos. Alguien me podría decir que, yo en su lugar, hubiese actuado de la misma manera. Creo que no. El lehendakari debe tener tiempo para hablar, conversar, dialogar, con el alcalde de la primera ciudad del País Vasco.

 Ardanza no me había dado, en 3 años, ninguna oportunidad. Ahora  se presentaba una, a la desesperada, tras hablar con la dirección, de dimisión. Iba a aprovecharla.

 En efecto, el 27 de febrero, le había remitido la siguiente carta:

 – “Querido lehendakari y alderdikide” .

 Supongo que no le gustaría el comienzo. Le llamaba “alderdikide“, esto es, compañero de partido. Con ello le quería transmitir, desde el inicio, que estaba en juego un programa de partido que también le obligaba a él.

 – “Conoces que el Ayuntamiento de Bilbao que presido ha aprobado recientemente la construcción de un gran Centro Cultural para la Villa, dando luz verde al proyecto de Sáez de Oiza, Oteiza y Fullaondo. Permíteme a través de la presente, señalarte que dicho acuerdo  fue  tomado  con los  votos  de  los concejales del PNV, del PSOE, 2 de EE y 1 independiente. Es decir, 19 votos de un total de 24 emitidos”.

 Era importante remarcar que no se trataba de ningún capricho, que el apoyo político era plural, de fuerte mayoría, superior a la que respaldaba al propio Ardanza.

 – “En  este  proyecto  está  involucrada  activamente  la Diputación  Foral de Bizkaia, que se  ocupará de la Biblioteca  prevista y que ha presupuestado las correspondientes cantidades.  También, como sabes, participan las consejerías de Cultura y de Educación del Gobierno que presides, para el desarrollo del Museo de Arte Contemporáneo y del Conservatorio de Música, respectivamente. Es, por lo tanto, importante para Bilbao, Bizkaia y, lógicamente, para Euskadi entera. Conoces que el proyecto de la Alhóndiga fue un compromiso público que  adquirimos  como partido nacionalista vasco con  los bilbainos y bilbainas en las elecciones municipales de 1987, y que llevamos 3 años trabajando activamente en el mismo”.

 Y en esos 3 años Ardanza había estado plenamente informado de todos los pasos dados y no dados, a través de la consejería de Cultura, a  cuyos  máximos  responsables habíamos explicado  todos  los detalles, incluso en reuniones privadas en casa del arquitecto Sáez de Oiza, como hemos comentado ya.

 – “Conoces que el proyecto despierta opiniones favorables y desfavorables,  lo que es algo normal en una obra de estas características.  La  Junta Asesora del Patrimonio  acaba de volver a denegarnos el permiso del vaciado, ratificándose en su opinión, lo que no dejaba de ser previsible, ya que se trata del mismo órgano y de las mismas personas que lo analizaron el pasado año”.

 -“Dada la importancia del proyecto para Bilbao y por lo tanto para Euskadi entera, y dada la importancia del equipo redactor del mismo,  así como el compromiso público que adquirimos, por medio de la presente, te ruego y solicito, como lehendakari  que eres  y  primera  autoridad de la Comunidad Autónoma,  que  tengas  a bien recibirme junto con el equipo redactor del proyecto para que  podamos  tener  la  oportunidad  de  hablar  contigo y  transmitirte  nuestros  criterios al respecto”.

 Ardanza respondió el 1 de marzo, con una carta en la que, entre otras cosas, señalaba:

 – “No pretendo entrar a juzgar la validez del proyecto en cuestión, toda vez que existe para ello un organismo competente que ya se ha pronunciado“. “En este país se halla  establecida por ley una concreta distribución de responsabilidades y, en lo que nos ocupa, el departamento de Cultura ha cumplido con la suya en el ejercicio de sus atribuciones. Sobre este asunto tendríamos muy poco que avanzar en nuestra entrevista”.

 El conjunto de la carta era inaceptable. Él era el responsable máximo de los obstáculos que nos estaban poniendo para el inicio de la obra. Josu Bergara nos había puesto al corriente de los esfuerzos que desde el partido se estaba haciendo para que aceptaran  el proyecto. 

 Había contestado con otra carta a Oteiza, dando por zanjado el tema. No quería recibir ni a Oteiza ni a Oiza. ¡Parecía increíble!.  Por  lo visto yo tenía,  no  sólo que  aceptar su arbitraria decisión, sino, además, callarme. No lo podía entender. Pensaba:

 “¿En  qué ha quedado la tan prometida mediación e intervención de la dirección del partido, si Ardanza me está diciendo, de manera contundente, seca, casi autoritaria,  que me olvide de la Alhóndiga?”.

 Este es otro de los misterios, y clave de mi posterior dimisión. Para que no quedara ninguna duda de su opinión, hizo pública su carta, que apareció en los medios de comunicación  el 6 de Marzo, un día antes del encuentro.

 Por mi parte, haciendo de tripas corazón, respondí a su carta, en los siguientes términos, el 2 de marzo:

 – “Ayer recibí tu carta en respuesta a mi solicitud de entrevista para tratar del tema de la Alhóndiga, acompañado por el equipo redactor del proyecto, de cuyo contenido tomo nota y te agradezco la celeridad de la respuesta.

– También quiero decirte que, por otra parte, valoro muy positivamente  tus  manifestaciones  textuales  referentes a “articular la necesaria colaboración interinstitucional para alcanzar el objetivo común de encontrar soluciones adecuadas a las justas demandas que plantea el pueblo de Bilbao, incluídas  las del área cultural”.

 – En virtud de lo señalado en los párrafos anteriores y para hablar  de  todo ello,  en las próximas semanas te solicitaré nueva petición de entrevista al efecto. Hasta tanto recibe un cordial saludo de tu compañero de partido y alcalde de Bilbao”.

 Se puede imaginar mi estado de ánimo, viendo como el lehendakari del Gobierno vasco me echaba un jarro de agua fría contradiciendo, por otra parte, las promesas de solución al conflicto por parte del responsable del  partido, Bergara. El lehendakari respaldaba una actuación de su Gobierno contraria a los intereses de Bilbao y a los del PNV en la Villa.

 LA REUNION EN AJURIA ENEA

 Durante la larga reunión, de cerca de 4 horas, le fui desgranando las cuestiones. Ardanza, parecía receptivo. Y digo “parecía“, a juzgar por su actuación posterior, de la más absoluta inhibición. Tras varios puntos de tanteo, abordamos la cuestión de la Alhóndiga, que él había querido rehuir, como lo expresaba en su carta, pero a la que dedicamos una gran parte del tiempo de la reunión.

 Me confesó que no se oponía a la construcción del edificio, que la denegación del permiso se basaba en razones técnicas de una Junta Asesora en el ejercicio de unas competencias.

   Le respondí que no veía tan clara esa actitud, sobre todo, teniendo en cuenta que nuestra aspiración era muy importante para Bilbao y para el propio partido; que habiendo sido, junto con el parque de Echevarria, nuestra principal promesa electoral en las municipales de 1987, estaba así, tres años más tarde, siendo él la primera autoridad del país.

Le hice ver que su Junta Asesora, nombrada a dedo por su Gobierno, estaba frenando el proyecto basándose en argumentos cuando menos muy discutibles, por ser subjetivos.

 Le recordé, porque él ya lo sabía, que me había opuesto al Decreto sobre Cajas de Ahorros, en el que recortaron la presencia en el Consejo a las Entidades Fundadoras. Pero se nos había impuesto la disciplina de partido, que la acatamos, aunque fuera una cuestión que no afectaba a los principios ideológicos ni estaba recogida en los compromisos electorales, al contrario que en este caso, que el Centro Cultural de la Alhóndiga sí figuraba en el programa.

 Le dije, asimismo, que Cultura inició el expediente de calificación del edificio después de que se aprobara el proyecto por el Ayuntamiento, lo cual decía muy poco de la buena voluntad del Gobierno.

 No obstante, me mostré realista y le dije que no nos quedaba más remedio que aceptar la decisión de su gobierno, aunque no la compartiéramos.

 Le pedí, que si él no se oponía, como me estaba diciendo, y como la razón del “no” era, según me decía, estrictamente técnica, me diera una oportunidad para que hablara con la Junta Asesora y conociera directamente cuáles serían las condiciones técnicas que consideraban imprescindibles para dar luz verde.

 No dió la impresión de parecerle mal y dijo:

 – “Entiendo. Tú lo que quieres es que si no puedes lograr el 100%, por lo menos quieres alcanzar el 60 ó el 70%”.

 No tuve más remedio que asentir, puesto que la capacidad de decidir estaba en su lado, aún cuando no estaba de acuerdo con lo que estaba ocurriendo, porque era absurdo que en una cuestión estética, como ésta, se impusiera un criterio tan estrecho.

 Le dejé en su mesa de trabajo undocumento, que me había servido de base para la entrevista. Por lo que se refiere a la Alhóndiga, se decía:

8.- Alhóndiga. Período de reflexión. No recurso. Reconocimiento de los errores cometidos por todas las partes. Tomarnos un breve tiempo -1 ó 2 meses-, con inicio de contactos técnicos entre ambas administraciones, Gobierno vasco y Ayuntamiento, que desbloquee la situación del proyecto y se empiece a avanzar.

 Terminamos la reunión y  repetí  mi  petición más  perentoria.

 “Pido tu apoyo para poder ejecutar alguno de los 22 proyectos que te acabo de presentar, con una ayuda adicional para Bilbao y lograr el permiso de vaciado de la Alhóndiga

 En relación con la Alhóndiga, nosotros hablaríamos con los técnicos de Patrimonio y trataríamos de acomodarnos a sus exigencias, ya que, por su parte, decía el lehendakari, “no había nada en contra“. De las otras cuestiones, trataría con los departamentos correspondientes para ver lo que se podía hacer.

Al hilo de esta situación, me preguntaba qué clase de gestiones habían hecho en el partido, desde enero de l988 hasta ese 7 de marzo de l990, ya que no habían conseguido para Bilbao ninguno de los 4  grandes  proyectos, ya citados: Alhóndiga, saneamiento financiero, cubrición de las vías de ferrocarril y habilitación  del parque de Echevarria. Parecía que Ardanza estaba oyendo todo ello por primera vez, lo cual era desesperante…

Señaló, eso sí, que dar dinero de manera directa a un ayuntamiento, aunque fuese el de Bilbao, era muy complicado. Le repliqué que había fórmulas para financiar lo que les proponíamos: financiación de algunas de las peticiones -gas, agua-; compra de activos municipales, etc. Había fórmulas. Hacía falta voluntad para ayudarnos.

¿Era mucho pedir por parte del alcalde de una villa maltratada en el franquismo, golpeada en los 12 años de democracia, por la crisis económica, por el cierre de fábricas como Echevarria y Euskalduna, por la falta de interés y apoyopolítico en 12 años de poder?.

 Tras la reunión, hice unas declaraciones de autocrítica, reconociendo que por nuestra parte se habían cometido errores y que en el futuro las cosas las íbamos a llevar por el camino de la colaboración.

 ARGUMENTOS PARA LA PETICION DE APOYO

 Desde luego, los argumentos expuestos hasta aquí, los habíamos planteado de una u otra manera, dentro del partido, por cauces internos. Como hemos visto en la entrada anterior.

El 10 de Marzo apareció en un medio de comunicación una “carta al director” de J. R. Insunza, -leí con posterioridad algunos artículos suyos que me parecen  acertados- que se identificaba con nuestras posiciones.  Decía así:

 – “Si alguien necesita apoyo en este momento es nuestro alcalde,  el señor Gorordo.  Si alguien ha defendido con entereza  a  nuestro  Bilbao,  anteponiéndolo  a  cualquier cálculo  personal  de  promoción  política  en  saludable contraste con este piélago de ataques, medias palabras, silencios que no vinculan, ese es el señor Gorordo.

 – Y hete aquí que cuando llega el momento, tras el dinero y largo tiempo invertido, de la realización de un proyecto, el de la Alhóndiga, surge a modo de colofón la prohibición de nuestro Gobierno vasco que ciertamente se ha distinguido por su parquedad ante las necesidades perentorias de la Villa en estos diez largos años.  Y todo por una cuestión de estética,  tema intrínsecamente opinable,  si los hay. Nos han impartido una lección en esta disciplina, tanto al profesional y al artista autores del diseño como a nuestro Ayuntamiento democráticamente constituido.

 – Sin embargo, si algo es salvable de la Alhóndiga es su recuerdo y no hay más; ni su arquitectura ni su factura aportan aval alguno de entidad. Y el recuerdo se perpetúa íntegro en el proyecto.

 – Para colmo, los socialistas que apoyaron su construcción se desligan de su compromiso en esta hora triste, para mayor orfandad. Quizá, buscando una justificación a tal comportamiento,  hayan considerado que es el momento de pasar cierta factura. Da lo mismo”.

 Me pareció una bellísima carta de defensa que además, en lo que  se refería a la cuestión de fondo, daba en la diana.

 Aún hoy es el día en que no he recibido ninguna contestación a los asuntos presentados al lehendakari del Gobierno vasco. Ni al permiso de la Alhóndiga, ni a ninguno de los demás planes que, al 7 de Marzo de 1990, habíamos valorado en 270.000 millones de pesetas.

 El documento que le entregué, había sido previamente aprobado por el Pleno, por unanimidad, lo que le daba una especial significación, en lo que tiene de consenso de todas las fuerzas políticas en el inventario de necesidades y sus prioridades que no podía ser ignorado por  el máximo responsable político de la Comunidad Autónoma vasca.

   (Extraido del libro “La política de otra manera”)

Read Full Post »

Older Posts »