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Archive for 31 mayo 2010

Manuel Cordero Álvarez es bien conocido en toda Extremadura como uno de sus mejores empresarios de hostelería. Junto al Hotel Las Lomas, en Mérida, regenta también el Hotel Emperatriz, bellísimo edificio en el centro de Mérida rebautizado en 2007 como Mérida Palace y muchas otras iniciativas.

Manolo Cordero, segundo por la izquierda, disfruta de un prestigio ganado merecidamente. Empresario pionero e innovador, y premiado como “Empresario del Año” por las autoridades extremeñas, es muy conocido por las “cenas romanas“, que todos los veranos, en la época del Festival Romano de Mérida, organiza en el Hotel Las Lomas. Manolo Cordero es su principal promotor e impulsor, lo que, unido a su encanto personal, hace que uno, cuando va a Mérida y disfruta de sus cenas, se sienta como en su propia casa.

Manolo Cordero, junto a algunos de sus invitados, preside una de las mesas en las que se degusta una cena elaborada exquisitamente y se puede disfrutar de un original espectáculo romano

 

Pepe, con dos de las actrices que actuaron en una de las cenas romanas ofrecidas por Manolo Cordero

El empresario Manolo Cordero apoya a Pepe Extremadura, por sus méritos más que sobrados, para que le sea concedida la Medalla de Extremadura.

Manolo Cordero es un gran anfitrión. En la foto, con Pepe Extremadura, preside una espléndida comida, en compañía de amigos, que tuvo lugar el verano pasado en el Hotel Emperatriz en Mérida. 

 

Su apoyo es muy relevante y significativo, que se une al respaldo popular y espontáneo expresado por muchísimas personas de Extremadura, Madrid, Valencia o País Vasco, que se refleja en este blog. 

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En el último número de la “Revista Española de Control Externo“, del Tribunal de Cuentas de España (vol. XI, núm. 33, septiembre 2009), Manuel Aznar López hace una crítica bibliográfica de mi libro “El control de las cuentas públicas” (publicado por Thomson-Reuters Civitas, dic. 2009, 756 páginas).

Portada del libro “El control de las cuentas públicas

Tras analizar el contenido, Manuel Aznar López considera que el libro, elaborado con un método predominantemente descriptivo, está desarrollado “con ejemplar rigor” que “tiene la ventaja de proporcionar una información de inestimable utilidad para quienes pretendan adentrarse por las sendas no siempre fáciles de la contabilidad pública y del control de las cuentas públicas“.

A su juicio, “el hecho de que la parte de la obra que está dedicada a dejar noticia de la bibliografía y de la documentación consultada representa nada menos que el 20 por 100 del total del libro“, “denota el esfuerzo para aportar al lector elementos de utilidad para conocer en toda su extensión el control de las cuentas públicas“.

Por mi parte, además de insertar aquí el texto completo (RECE RECENSION LIBRO CONTROL CUENTAS PUBLICAS), agradezco a Manuel Aznar López estos comentarios y el resto del contenido de su recensión, recogida, como he dicho al principio, en la Revista Española de Control Externo, dirigida por el ilustre profesor Velarde Fuertes.

http://www.youtube.com/v/ZpfPeIeS-uQ?fs=1&amp;hl=es_ES”></param><param

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Además de recibir apoyos desde todos los rincones de Extremadura, los Hogares y Centros Extremeños radicados en el País Vasco, de Bilbao, San Sebastián y Vitoria,  pasando por Bermeo, Zarautz, Mondragón, Renteria, Lasarte, Ermua, Irún, Erandio, Portugalete, Andoain, Barakaldo, Santurce, Sestao, Llodio o Durango, así como la inmensísima mayoría de sus socios y socias, e incluso amigos de otras ciudades y comunidades autónomas como Navarra, Madrid (Getafe, Carabanchel, Leganés, Arganda, Parla, Pinto, Valdemoro, Móstoles, Fuenlabrada…), Cataluña (Barcelona, Tarragona, Lérida, Salou, Cambrils, Santa Coloma de Gramanet, Rubí, Hospitalet…) o Valencia y hasta del Principado de Andorra y Jerez de la Frontera,  se vuelcan en apoyo a Pepe Extremadura, pidiendo, de manera unánime, que las autoridades extremeñas concedan a Pepe la Medalla de Extremadura.

Hasta el 14 de julio, son ya más de 5.300 las personas que se han acercado a este blog en apoyo del cantautor extremeño, de las que más de 1.000,  la mayoría de las cuales están escritas en nombre de familias enteras o asociaciones de diverso tipo, han dejado escrito un comentario-testimonio de las razones por las que defienden la concesión de tal galardón a Pepe.

Además de lo recogido expresamente en este blog, que se puede ver accediendo a los numerosos comentarios recibidos, muchos ayuntamientos de Extremadura y personalidades del mundo de la política (sean del PSOE, PP, PNV o IU, entre otros), del mundo de la canción, y representativas de la vida cultural, social o artística, están manifestando su apoyo a Pepe Extremadura, directamente ante las autoridades extremeñas.

¿Hay alguien que pueda acreditar más y mejores razones como para que, por fin, se reconozca el mérito de este extremeño de bien?

Pepe, con su padre, José Robledo, uno de sus cuñados (izquierda) y el autor de este blog

Pepe, con su familia, en las escalinatas del ayuntamiento de Bilbao en donde su padre (q.e.p.d.) recibiría un homenaje.

Vista de la ría de Bilbao, desde el balcón del ayuntamiento, en el que el padre de Pepe, por sus 40 años de trabajo en “Viviendas Municipales”, recibió un emotivo homenaje. En primer plano destaca una obra del gran escultor guipuzcoano Jorge Oteiza.

 Está claro que, en esta ocasión, las autoridades extremeñas lo tienen muy fácil; al menos, a mí así me lo parece.

http://www.youtube.com/v/sGiJZqGLkC8?fs=1&amp;hl=es_ES”></param><param

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 Una dimisión no surge espontáneamente. Hoy me levanto y digo: “Me voy“. 

Dimitir es algo muy duro. Un acto que supone un desgarramiento interno. Dimitir implica renunciar, resignarse, desistir,  entregar.  Lo más difícil, en política.

Un dato que me parece fundamental, para entender razones y ser objetivos en los análisis: dimití el 17 de diciembre de 1990, 6 meses antes de las siguientes elecciones, de mayo de 1991. Si hubiera pensado en algo ajeno al PNV, en seguir “dando guerra“, parece evidente que no hubiese dimitido entonces sino, en todo caso, poco antes de las elecciones. Con el poder en la mano, con el grupo dividido, pero desde dentro. Todos conocemos cómo se suelen hacer esas cosas, en las que el que está en el poder no lo deja, ni aunque le echen de su partido, ni cuando se va voluntariamente.

Dimití y, además, pedí a todos los concejales del partido que siguieran en sus puestos.

Creo que los hechos hablan por sí mismos. En el PNV ya había planteado la posibilidad de dimitir. No una, sino varias veces. Un año atrás, como ya he comentado. El 17 de diciembre de 1990, fecha de mi dimisión, no sabía nada del permiso para el vaciado de la Alhóndiga, ni de ninguno de los otros 21 proyectos que había presentado a Ardanza en la reunión de 7 de marzo de 1990.

Tras la reunión de 7 de Marzo, nosotros habíamos cumplido el programa establecido con el lehendakari.  Nos habíamos puesto en  contacto  con  los  arquitectos  de  la  Junta  Asesora  de Patrimonio, los que se oponían al Cubo. En la reunión estuve acompañado por Mikel Ortiz de Arratia y por Javier Rodríguez, arquitecto coordinador. Mikel demostró una gran capacidad de trabajo e imaginación durante toda la legislatura. Acudía en su calidad de teniente de alcalde, responsable de Cultura. Temple y coraje en situaciones difíciles con sus propios compañeros de partido, alguno de los cuales le trató injustamente, probablemente por el simple hecho de continuar relacionándose conmigo tras mi dimisión. ¡Protesto por ello!.

 Tras  varias  horas  en  el  restaurante  “Getaria”,  de Bilbao con los de la Junta Asesora, terminamos hacia las 9 de la noche, y nos levantamos de la mesa con un  dibujo en el que nos señalaron los cambios que teníamos que introducir en el diseño para que lo aprobaran. Todo se reducía a la altura del cubo.

Nos  parecía  incomprensible,  caprichoso,  que 20 ó 25 metros más o menos de altura pudiera ser decisivo para una idea de estas  características.  Pero  no  teníamos  más  remedio  que aceptarlo, si queríamos que saliese adelante.

 Tras tomar nota de las instrucciones, me esperaba la tarea más difícil: convencer a Paco Oiza que, por enésima vez, modificara el proyecto. No era nada fácil. 

Me dijo que no se sentía con ganas de continuar.  Dimos un paseo, los dos solos, por el parque de Echevarria. Oiza no era sólo un gran arquitecto y profesor de arquitectura, sino, también, una gran persona. Logré convencerle. Él, supongo, había perdido también la fe en que yo pudiese resolver los problemas de la autorización. Veía que no salíamos adelante.

 Recuerdo incluso que, en ocasiones anteriores, tanto a él como a Jorge, les había aplacado para que no entráramos en confrontación directa con el Gobierno. Oteiza tenía ganas de hacer declaraciones de denuncia por la tomadura de pelo que suponía la actitud de los de Cultura. Una de esas veces, nos vimos  en Algorta,  en los Tamarises.  Nos  acompañó Bergara, secretario del EBB del PNV, es decir, máxima representación del partido.  Nos garantizó que la licencia era cuestión de días, que ya estaba hecho. No ocurrió así. En estas circunstancias, y ante la desmoralización creciente, conseguí, no obstante, que Oiza se adaptara  a las instrucciones concretas que nos habían dado los arquitectos que más activamente se habían opuesto.

 Una vez aceptado el cambio, Oiza se tomó un par de meses para llevarlo  a los planos. El 1 de Julio de 1990, y tras varios meses en los que nos habíamos  impuesto  un  silencio  en  cuanto a  los  medios  de comunicación, Oiza se reunió con la Junta Asesora del Patrimonio, a la que presentó el proyecto rectificado, según lo que nos habían  sugerido. El beneplácito tan esperado para el comienzo de las obras estaba más cerca. Pasaron un par de meses y el permiso no llegaba. Insistí en que, si no había permiso, no iba a continuar, que no lo entendía ni lo aceptaba…

Un buen día, hacia octubre, poco antes de la campaña electoral para las elecciones autonómicas, me llamó, con cierta solemnidad, Josu Bergara. Quería reunirse conmigo,  solos los dos. Fuimos al restaurante “Gorrotxa“, en un lugar tranquilo. Su mensaje fue claro y conciso: 

“Tras duras sesiones, hemos conseguido que, por fin, Ardanza firme el permiso de vaciado”.

 Me confesó que no había sido nada fácil, ni con los de Cultura ni con Ardanza pero, al final, lo lograron. El acuerdo consistía en que lo iba a firmar ya, pero no lo anunciaríamos hasta después de  las  elecciones  autonómicas,  a  fin de  evitar eventuales reacciones contrarias de algún partido, en período electoral.

 Me llevé una gran alegría. Le creí, le agradecí por su apoyo y le dije que estuvieran tranquilos, que no pensaba hacer ninguna declaración pública, con o sin permiso. Al cabo de un par de días, me llamó de nuevo y me dijo que:

 Ardanza se ha cerrado en banda y no quiere saber nada de la Alhóndiga hasta después de las elecciones”.

 Le dije que no era aceptable, que después de las elecciones vendría el período de negociación de gobierno;  podía ocurrir que cedieran “Cultura“; que en todo caso, ya no quedaba tiempo suficiente  para iniciar la obra antes de los siguientes comicios municipales.

 Protesté. Protesté  enérgicamente, pero  sin  resultado. 

 El 30 de noviembre de 1990, envié una carta a la ejecutiva del PNV, recapitulando todas las diferencias que estaban en el aire.

“… en lo referente a nuestra propuesta para el Museo de Arte Contemporáneo, debo añadir que si el Gobierno vasco no está interesado en ubicarlo en la Alhóndiga, –aunque, en esta situación, incumplía el protocolo de intenciones ya mencionado–  ello no afecta a nuestra propuesta de acuerdo. En este sentido, lo que vemos realmente necesario es:

 1. Que el Gobierno vasco nos comunique oficialmente sus intereses en este punto.

2. Que asuma el compromiso de la inversión para Bilbao.

3. Que los estatutos de funcionamiento del Museo de Arte Contemporáneo se ubique donde se ubique en Bilbao, estén de acuerdo con la claúsula 6ª de la “Declaración de intenciones” que adjuntamos y sean idénticos a los propuestos para la incorporación del Gobierno al Museo de Bellas Artes.

 En todo caso debo añadir que con estas cuestiones no se resuelven más que algunos aspectos parciales de la problemática cultural de Bilbao. No debería quedar aparcado, en mi opinión, el tema de EITB, ni las grandes necesidades de infraestructura cultural y deportiva que tiene Bilbao y que el Ayuntamiento no puede abordar por falta de recursos suficientes. Y en otros campos de colaboración, aún está pendiente una respuesta concreta por parte del Gobierno al documento de 22 proyectos que entregué al lehendakari la pasada primavera.

Asimismo, y como sabes, no hemos recibido aún autorización para desarrollar el nuevo proyecto de la Alhóndiga, que el arquitecto Sáez de Oiza presentó a la Junta Asesora del Patrimonio en julio de este año. El proyecto se ajusta a las necesidades técnicas requeridas y, nos consta asimismo, que no hay oposición técnica en el conjunto de la Junta. Por ello no debiera ser difícil el desbloqueo administrativo y el cumplimiento de los compromisos que el Gobierno vasco debe asumir para su participación activa, tanto económica como técnica, tal y como estaba previsto. En la confianza de que se pueda llegar a una solución satisfactoria para todos, aprovecho la ocasión para enviarte un cordial saludo, y reiterar mi disposición a colaborar activamente con otras Instituciones públicas, en beneficio de Bilbao”.

  Demasiadas cosas pendientes. Demasiadas diferencias. Demasiados obstáculos. No era extraño, por tanto, que a estas alturas, mis relaciones con la cúpula estuviesen totalmente deterioradas. Al día siguiente de las elecciones autonómicas, noviembre de 1990, Ardanza, eufórico, ya no quería hablar de otra cosa más que de la victoria, de sus pactos, de su Gobierno.

Me volvieron a engañar.

El  martes,  18  de  diciembre de 1990,  aparecía  en  los  medios  de comunicación mi último bando como alcalde de la Villa. Decía así:

 AL PUEBLO DE BILBAO 

  – “Cuando el 20 de Julio de 1987 tomé posesión de la muy honrosa condición de alcalde de Bilbao, estaba muy lejos de imaginar que hoy iba a presentar la dimisión y precisamente por las causas que, de acuerdo con mis principios y convicciones, me han obligado a hacerlo. Si algo tienen en común situaciones tan dispares, no es sino el apasionado entusiasmo que en todo momento he tenido de sacar a Bilbao del decaimiento que ha caracterizado sus últimas décadas y hacer de él un entorno, un colectivo humano capaz de los máximos niveles de prosperidad moral, cultural y material. Acepté la alcaldía por lo mucho que esperaba aportar a Bilbao. Hoy dejo la alcaldía, precisamente por lo mismo. Porque no deseo ser un obstáculo personal a que Bilbao reciba el trato a que tiene derecho.

Permitidme, que en esta especial circunstancia, no convierta esta intervención en un pliego de cargos y descargos contra nadie. El tiempo hará justicia para Bilbao. Soy consciente de que es una situación difícil y que no todos la interpretarán igual. Unos y otros, al menos, me aceptarán el derecho a ser leal conmigo mismo y con los compromisos públicos que contraje cuando fuí elegido miembro de este Ayuntamiento. Nunca he aceptado que los compromisos electorales sean algo vacío, que se olvide. De acuerdo con mis principios, nunca he concebido que el poder pueda ser entendido de una forma distinta a la idea de servicio a los ciudadanos.

 Creo  profundamente  en  las  reglas  que  inspiran  el  sistema democrático y en el valor de las Instituciones, como expresión legítima de la voluntad popular. Por último, en todos mis comportamientos he procurado siempre no romper los principios que configuran el ideario.  Por todo ello, cuando circunstancias externas a mi voluntad me impiden mantener esas fidelidades, lo que procede es dimitir y así lo hago en este momento. No quiero que nadie interprete mis reiteradas alusiones a Bilbao como un acto de chauvinismo y de ramplonería localista. He defendido a Bilbao porque ha sido la parte de responsabilidad que me ha correspondido gestionar, cuando a propuesta del Partido Nacionalista Vasco la voluntad de los ciudadanos me convirtió en alcalde de esta Villa. He nacido y vivido en Euskadi y de manera consciente y voluntaria asumí los postulados del nacionalismo vasco, como mejor forma de defender lo que era nuestro. Por ello me afilié en el Partido Nacionalista Vasco, cuyo ideario, por supuesto, sigo compartiendo. Pues bien, desde esta posición, quiero dejar claro, que ni he concebido un Bilbao de espaldas a las responsabilidades propias de ese gran proyecto que es hacer una Euskadi erguida, limpia, próspera y libre de tantas trabas y ataduras, ni he concebido a una Euskadi sin un Bilbao que ocupe el lugar que requiere el propio equilibrio de las cosas. Sé muy bien que no he hecho cuanto he deseado, pero espero que lo comprendáis. Aún así, ser alcalde de Bilbao ha sido una tarea apasionante.

 El contacto con los niños, hombres, mujeres y juventud de la Villa,  el conocer de cerca los barrios, los rincones y sus problemas, es algo que me ha enriquecido personalmente. Ya que no puedo hacerlo de otra forma, quiero corresponderles con mi agradecimiento. Sé que no siempre he estado acertado y que habré cometido errores. A todos los que hubieren sido afectados les pido perdón con sinceridad y cariño. Quiero  agradecer  a  los  funcionarios  de  esta  Casa  toda  la colaboración que me han prestado. Os pido a todos que no perdáis conciencia de todo lo que significáis para hacer ese Bilbao mejor que todos deseamos. Este agradecimiento hago extensivo a los grupos políticos de nuestro Ayuntamiento. Sé muy bien que hemos polemizado, discutido y hasta nos hemos enfadado.  Sin embargo,  creo que  todos  hemos  actuado desde nuestras propias y  legítimas convicciones y que lo hemos hecho procurando servir a los bilbainos y bilbainas. También hemos hecho muchas cosas juntos y hemos aprendido más. Todos podemos presumir, yo al menos presumo, de haber compartido la experiencia más importante hecha hasta ahora en Euskadi, de corresponsabilizar a todas las fuerzas políticas en la difícil gestión de este Ayuntamiento.  Quizás sea esto anuncio de mejores convivencias en el futuro.

 Al  tener  conocimiento  de mi voluntad  de  dimitir,  algunos concejales me  expresaron el deseo de compartir esta decisión. Les agradezco el gesto, pero les pido expresamente que no lo hagan. Tienen que seguir en sus puestos para que nuestra Villa no sufra más tensiones. Al próximo alcalde quiero decirle que estoy a su disposición y no como fórmula de cortesía, sino sinceramente y sin reservas. Dentro de pocos días va a ser Navidad. Deseo lo mejor para vosotros,  para Bilbao  y  para  toda  Euskadi. Eskerrik  asko. Zorionak eta urte berri on. Agur“.

(Extraido del libro “La política de otra manera”)

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 El ex lehendakari Ardanza se parapetó en lo que él denominaba “competencia técnica” para impedir, con su posición directa, que pudiéramos hacer nuestro proyecto, el cubo de la Alhóndiga.

Está claro que lo logró.

 Además de la reunión con los máximos dirigentes del PNV, expresada en el capítulo anterior, que terminó en un rotundo fracaso, intenté pedir el apoyo directo al entonces lehendakari Ardanza, solicitándole una reunión para discutir y encauzar todos los temas pendientes de Bilbao. Entre ellos, y como uno de los fundamentales, la solicitud del permiso administrativo para poner en marcha las obras de la Alhóndiga.

Ardanza no había querido que la reunión se celebrara. A mi petición, por escrito, contestó con una carta que dejaba clara su postura.

Por esos días, yo había estado “preparando el terreno” para la cita. Concretamente, el 28 de febrero de 1990, declaré a los medios de comunicación que iba a “pedir ayuda” al lehendakari.

 – “El alcalde de Bilbao está dispuesto a llegar hasta el lehendakari para defender uno de sus proyectos más apreciados de su legislatura: el cubo de la Alhóndiga. La decisión del departamento de Cultura de paralizar por segunda vez las obras del futuro Centro Cultural de la Villa, no le ha hecho desistir. La Dirección del Patrimonio Histórico-artístico mantiene su criterio de no conceder autorización, al resolver que sigue alterando gravemente el carácter monumental del edificio“.

 – “Al fin y al cabo la Junta Asesora -asegura Gorordo- son sólo personas y la Corporación Municipal es representante máximo de la soberanía de los bilbainos y bilbainas. El Centro Cultural es una propuesta de futuro, fundamental para que Bilbao se convierta en una ciudad moderna, abierta, al igual que otras europeas. Además esta oposición me parece normal y previsible. Siempre ha ocurrido lo mismo cuando se ha querido hacer algo innovador. Pero ha sido aprobado por el Pleno de la Corporación el pasado 29 de diciembre… “.

 La polémica había salpicado a otros sectores de la sociedad.

Un colectivo de 200 intelectuales, profesionales y artistas firmaron por aquellas fechas, un comunicado a favor de la Alhóndiga. En él rebatían la argumentación de la Junta Asesora del Patrimonio afirmando que,

 – “en nuestra opinión no existe agresión para con el actual edificio, ya que se mantienen casi en su totalidad las crujías perimetrales con sus fachadas. Hay quien, en vez de agresión hablaría de ampliación, o de restauración o de ambas cosas a la vez. Hablaría en definitiva de conseguir dar una nueva vida a un edificio muerto a través de unos nuevos usos”.

 –  “¿Se agrede al paciente cuando se le trasplanta un corazón?”.

 Los portavoces del Gobierno vasco, justificaban su rechazo diciendo que  “habían actuado con un doble respaldo:  el legal y el político“. Estas  afirmaciones  a los medios de comunicación,  ponían en entredicho la supuesta ayuda del partido.

También por esos días un periódico publicó un artículo que titulaba con la expresiva frase:

 “Gorordo se queda solo

 manifestando que había perdido el apoyo del PNV. En estas circunstancias, la reunión con el lehendakari tenía un interés especial.

Dije muchas veces, que por el Centro Cultural “no me importaría inmolarme si, como parecía, lo boicoteaban”. Muchos del partido, a quiénes anticipé mi propósito de dimitir, no me lo creyeron.  Supondrían, quizás que, por encima de todo, valoraría más mi  carrera  política, a la que no renunciaría, según ellos, por un traspiés de esta naturaleza.

 A pesar de todas las circunstancias, tenía que aprovechar la oportunidad. Sabía que la reunión era difícil, pues el lehendakari no tenía una especial simpatía hacia Bilbao, a juzgar por la experiencia de 3 años, en que yo no había tenido ni una sola ocasión de despachar con él, a fondo,  lejos del protocolo y de los actos oficiales. Quizás sea demasiado fácil analizar, así de sencillo, unos hechos. Alguien me podría decir que, yo en su lugar, hubiese actuado de la misma manera. Creo que no. El lehendakari debe tener tiempo para hablar, conversar, dialogar, con el alcalde de la primera ciudad del País Vasco.

 Ardanza no me había dado, en 3 años, ninguna oportunidad. Ahora  se presentaba una, a la desesperada, tras hablar con la dirección, de dimisión. Iba a aprovecharla.

 En efecto, el 27 de febrero, le había remitido la siguiente carta:

 – “Querido lehendakari y alderdikide” .

 Supongo que no le gustaría el comienzo. Le llamaba “alderdikide“, esto es, compañero de partido. Con ello le quería transmitir, desde el inicio, que estaba en juego un programa de partido que también le obligaba a él.

 – “Conoces que el Ayuntamiento de Bilbao que presido ha aprobado recientemente la construcción de un gran Centro Cultural para la Villa, dando luz verde al proyecto de Sáez de Oiza, Oteiza y Fullaondo. Permíteme a través de la presente, señalarte que dicho acuerdo  fue  tomado  con los  votos  de  los concejales del PNV, del PSOE, 2 de EE y 1 independiente. Es decir, 19 votos de un total de 24 emitidos”.

 Era importante remarcar que no se trataba de ningún capricho, que el apoyo político era plural, de fuerte mayoría, superior a la que respaldaba al propio Ardanza.

 – “En  este  proyecto  está  involucrada  activamente  la Diputación  Foral de Bizkaia, que se  ocupará de la Biblioteca  prevista y que ha presupuestado las correspondientes cantidades.  También, como sabes, participan las consejerías de Cultura y de Educación del Gobierno que presides, para el desarrollo del Museo de Arte Contemporáneo y del Conservatorio de Música, respectivamente. Es, por lo tanto, importante para Bilbao, Bizkaia y, lógicamente, para Euskadi entera. Conoces que el proyecto de la Alhóndiga fue un compromiso público que  adquirimos  como partido nacionalista vasco con  los bilbainos y bilbainas en las elecciones municipales de 1987, y que llevamos 3 años trabajando activamente en el mismo”.

 Y en esos 3 años Ardanza había estado plenamente informado de todos los pasos dados y no dados, a través de la consejería de Cultura, a  cuyos  máximos  responsables habíamos explicado  todos  los detalles, incluso en reuniones privadas en casa del arquitecto Sáez de Oiza, como hemos comentado ya.

 – “Conoces que el proyecto despierta opiniones favorables y desfavorables,  lo que es algo normal en una obra de estas características.  La  Junta Asesora del Patrimonio  acaba de volver a denegarnos el permiso del vaciado, ratificándose en su opinión, lo que no dejaba de ser previsible, ya que se trata del mismo órgano y de las mismas personas que lo analizaron el pasado año”.

 -“Dada la importancia del proyecto para Bilbao y por lo tanto para Euskadi entera, y dada la importancia del equipo redactor del mismo,  así como el compromiso público que adquirimos, por medio de la presente, te ruego y solicito, como lehendakari  que eres  y  primera  autoridad de la Comunidad Autónoma,  que  tengas  a bien recibirme junto con el equipo redactor del proyecto para que  podamos  tener  la  oportunidad  de  hablar  contigo y  transmitirte  nuestros  criterios al respecto”.

 Ardanza respondió el 1 de marzo, con una carta en la que, entre otras cosas, señalaba:

 – “No pretendo entrar a juzgar la validez del proyecto en cuestión, toda vez que existe para ello un organismo competente que ya se ha pronunciado“. “En este país se halla  establecida por ley una concreta distribución de responsabilidades y, en lo que nos ocupa, el departamento de Cultura ha cumplido con la suya en el ejercicio de sus atribuciones. Sobre este asunto tendríamos muy poco que avanzar en nuestra entrevista”.

 El conjunto de la carta era inaceptable. Él era el responsable máximo de los obstáculos que nos estaban poniendo para el inicio de la obra. Josu Bergara nos había puesto al corriente de los esfuerzos que desde el partido se estaba haciendo para que aceptaran  el proyecto. 

 Había contestado con otra carta a Oteiza, dando por zanjado el tema. No quería recibir ni a Oteiza ni a Oiza. ¡Parecía increíble!.  Por  lo visto yo tenía,  no  sólo que  aceptar su arbitraria decisión, sino, además, callarme. No lo podía entender. Pensaba:

 “¿En  qué ha quedado la tan prometida mediación e intervención de la dirección del partido, si Ardanza me está diciendo, de manera contundente, seca, casi autoritaria,  que me olvide de la Alhóndiga?”.

 Este es otro de los misterios, y clave de mi posterior dimisión. Para que no quedara ninguna duda de su opinión, hizo pública su carta, que apareció en los medios de comunicación  el 6 de Marzo, un día antes del encuentro.

 Por mi parte, haciendo de tripas corazón, respondí a su carta, en los siguientes términos, el 2 de marzo:

 – “Ayer recibí tu carta en respuesta a mi solicitud de entrevista para tratar del tema de la Alhóndiga, acompañado por el equipo redactor del proyecto, de cuyo contenido tomo nota y te agradezco la celeridad de la respuesta.

– También quiero decirte que, por otra parte, valoro muy positivamente  tus  manifestaciones  textuales  referentes a “articular la necesaria colaboración interinstitucional para alcanzar el objetivo común de encontrar soluciones adecuadas a las justas demandas que plantea el pueblo de Bilbao, incluídas  las del área cultural”.

 – En virtud de lo señalado en los párrafos anteriores y para hablar  de  todo ello,  en las próximas semanas te solicitaré nueva petición de entrevista al efecto. Hasta tanto recibe un cordial saludo de tu compañero de partido y alcalde de Bilbao”.

 Se puede imaginar mi estado de ánimo, viendo como el lehendakari del Gobierno vasco me echaba un jarro de agua fría contradiciendo, por otra parte, las promesas de solución al conflicto por parte del responsable del  partido, Bergara. El lehendakari respaldaba una actuación de su Gobierno contraria a los intereses de Bilbao y a los del PNV en la Villa.

 LA REUNION EN AJURIA ENEA

 Durante la larga reunión, de cerca de 4 horas, le fui desgranando las cuestiones. Ardanza, parecía receptivo. Y digo “parecía“, a juzgar por su actuación posterior, de la más absoluta inhibición. Tras varios puntos de tanteo, abordamos la cuestión de la Alhóndiga, que él había querido rehuir, como lo expresaba en su carta, pero a la que dedicamos una gran parte del tiempo de la reunión.

 Me confesó que no se oponía a la construcción del edificio, que la denegación del permiso se basaba en razones técnicas de una Junta Asesora en el ejercicio de unas competencias.

   Le respondí que no veía tan clara esa actitud, sobre todo, teniendo en cuenta que nuestra aspiración era muy importante para Bilbao y para el propio partido; que habiendo sido, junto con el parque de Echevarria, nuestra principal promesa electoral en las municipales de 1987, estaba así, tres años más tarde, siendo él la primera autoridad del país.

Le hice ver que su Junta Asesora, nombrada a dedo por su Gobierno, estaba frenando el proyecto basándose en argumentos cuando menos muy discutibles, por ser subjetivos.

 Le recordé, porque él ya lo sabía, que me había opuesto al Decreto sobre Cajas de Ahorros, en el que recortaron la presencia en el Consejo a las Entidades Fundadoras. Pero se nos había impuesto la disciplina de partido, que la acatamos, aunque fuera una cuestión que no afectaba a los principios ideológicos ni estaba recogida en los compromisos electorales, al contrario que en este caso, que el Centro Cultural de la Alhóndiga sí figuraba en el programa.

 Le dije, asimismo, que Cultura inició el expediente de calificación del edificio después de que se aprobara el proyecto por el Ayuntamiento, lo cual decía muy poco de la buena voluntad del Gobierno.

 No obstante, me mostré realista y le dije que no nos quedaba más remedio que aceptar la decisión de su gobierno, aunque no la compartiéramos.

 Le pedí, que si él no se oponía, como me estaba diciendo, y como la razón del “no” era, según me decía, estrictamente técnica, me diera una oportunidad para que hablara con la Junta Asesora y conociera directamente cuáles serían las condiciones técnicas que consideraban imprescindibles para dar luz verde.

 No dió la impresión de parecerle mal y dijo:

 – “Entiendo. Tú lo que quieres es que si no puedes lograr el 100%, por lo menos quieres alcanzar el 60 ó el 70%”.

 No tuve más remedio que asentir, puesto que la capacidad de decidir estaba en su lado, aún cuando no estaba de acuerdo con lo que estaba ocurriendo, porque era absurdo que en una cuestión estética, como ésta, se impusiera un criterio tan estrecho.

 Le dejé en su mesa de trabajo undocumento, que me había servido de base para la entrevista. Por lo que se refiere a la Alhóndiga, se decía:

8.- Alhóndiga. Período de reflexión. No recurso. Reconocimiento de los errores cometidos por todas las partes. Tomarnos un breve tiempo -1 ó 2 meses-, con inicio de contactos técnicos entre ambas administraciones, Gobierno vasco y Ayuntamiento, que desbloquee la situación del proyecto y se empiece a avanzar.

 Terminamos la reunión y  repetí  mi  petición más  perentoria.

 “Pido tu apoyo para poder ejecutar alguno de los 22 proyectos que te acabo de presentar, con una ayuda adicional para Bilbao y lograr el permiso de vaciado de la Alhóndiga

 En relación con la Alhóndiga, nosotros hablaríamos con los técnicos de Patrimonio y trataríamos de acomodarnos a sus exigencias, ya que, por su parte, decía el lehendakari, “no había nada en contra“. De las otras cuestiones, trataría con los departamentos correspondientes para ver lo que se podía hacer.

Al hilo de esta situación, me preguntaba qué clase de gestiones habían hecho en el partido, desde enero de l988 hasta ese 7 de marzo de l990, ya que no habían conseguido para Bilbao ninguno de los 4  grandes  proyectos, ya citados: Alhóndiga, saneamiento financiero, cubrición de las vías de ferrocarril y habilitación  del parque de Echevarria. Parecía que Ardanza estaba oyendo todo ello por primera vez, lo cual era desesperante…

Señaló, eso sí, que dar dinero de manera directa a un ayuntamiento, aunque fuese el de Bilbao, era muy complicado. Le repliqué que había fórmulas para financiar lo que les proponíamos: financiación de algunas de las peticiones -gas, agua-; compra de activos municipales, etc. Había fórmulas. Hacía falta voluntad para ayudarnos.

¿Era mucho pedir por parte del alcalde de una villa maltratada en el franquismo, golpeada en los 12 años de democracia, por la crisis económica, por el cierre de fábricas como Echevarria y Euskalduna, por la falta de interés y apoyopolítico en 12 años de poder?.

 Tras la reunión, hice unas declaraciones de autocrítica, reconociendo que por nuestra parte se habían cometido errores y que en el futuro las cosas las íbamos a llevar por el camino de la colaboración.

 ARGUMENTOS PARA LA PETICION DE APOYO

 Desde luego, los argumentos expuestos hasta aquí, los habíamos planteado de una u otra manera, dentro del partido, por cauces internos. Como hemos visto en la entrada anterior.

El 10 de Marzo apareció en un medio de comunicación una “carta al director” de J. R. Insunza, -leí con posterioridad algunos artículos suyos que me parecen  acertados- que se identificaba con nuestras posiciones.  Decía así:

 – “Si alguien necesita apoyo en este momento es nuestro alcalde,  el señor Gorordo.  Si alguien ha defendido con entereza  a  nuestro  Bilbao,  anteponiéndolo  a  cualquier cálculo  personal  de  promoción  política  en  saludable contraste con este piélago de ataques, medias palabras, silencios que no vinculan, ese es el señor Gorordo.

 – Y hete aquí que cuando llega el momento, tras el dinero y largo tiempo invertido, de la realización de un proyecto, el de la Alhóndiga, surge a modo de colofón la prohibición de nuestro Gobierno vasco que ciertamente se ha distinguido por su parquedad ante las necesidades perentorias de la Villa en estos diez largos años.  Y todo por una cuestión de estética,  tema intrínsecamente opinable,  si los hay. Nos han impartido una lección en esta disciplina, tanto al profesional y al artista autores del diseño como a nuestro Ayuntamiento democráticamente constituido.

 – Sin embargo, si algo es salvable de la Alhóndiga es su recuerdo y no hay más; ni su arquitectura ni su factura aportan aval alguno de entidad. Y el recuerdo se perpetúa íntegro en el proyecto.

 – Para colmo, los socialistas que apoyaron su construcción se desligan de su compromiso en esta hora triste, para mayor orfandad. Quizá, buscando una justificación a tal comportamiento,  hayan considerado que es el momento de pasar cierta factura. Da lo mismo”.

 Me pareció una bellísima carta de defensa que además, en lo que  se refería a la cuestión de fondo, daba en la diana.

 Aún hoy es el día en que no he recibido ninguna contestación a los asuntos presentados al lehendakari del Gobierno vasco. Ni al permiso de la Alhóndiga, ni a ninguno de los demás planes que, al 7 de Marzo de 1990, habíamos valorado en 270.000 millones de pesetas.

 El documento que le entregué, había sido previamente aprobado por el Pleno, por unanimidad, lo que le daba una especial significación, en lo que tiene de consenso de todas las fuerzas políticas en el inventario de necesidades y sus prioridades que no podía ser ignorado por  el máximo responsable político de la Comunidad Autónoma vasca.

   (Extraido del libro “La política de otra manera”)

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7. REUNION “CLANDESTINA” (?) EN EL INTERIOR DE LA ALHONDIGA

La reunión sería muy tensa. Quedamos en que la íbamos a grabar, lo que denota el grado de desconfianza. Acudíamos a la cita después de haber soportado una intensa campaña en contra, tanto por parte de un grupo de arquitectos y ciertos colectivos, como por el Gobierno vasco.

No podía comprender, ni aceptar, la actitud aparentemente neutral que estaba tomando el PNV puesto que el asunto les afectaba e involucraba, al ser un compromiso electoral, el más sobresaliente, conocido e importante. Se estaban lavando las manos, permitiendo al Gobierno una oposición frontal al plan y, encima, querían aparecer ahora como mediadores. ¡Era el colmo!.

La reunión comenzó con dureza. Acudieron de la dirección del PNV, el secretario y el presidente -en adelante DIR-, el arquitecto de la Junta que se oponía a la intervención -ARQ- y Mitxel Unzueta. Por nuestra parte, estábamos Paco Oiza, Intxaustegui y yo. Reproduzco a continuación la transcripción literal de la reunión.

Empezaron a hablar los de la dirección del PNV:

– Dirección del PNV -en adelante, DIR-, acercándose a la grabadora:

Mandaremos un saludo a Jorge. Si nos está oyendo, estoy seguro que ya está despotricando a este punto de la cuestión pero yo apelo a Itziar para que le vuelva a moderar”.

 – Arquitecto de la Junta Asesora -ARQ- :

Yo, además, soy tan sólo un miembro de la Junta, de más gente, pero tal y como están las cosas en este momento, quizás, se me ocurre, si se lograra un punto en el que el edificio tenga suficiente masa, suficiente entidad como para que quede de alguna manera para el público y para la gente y para Cultura, y en su interior dejando una serie de crujías libres surgiría otro elemento, pues quizás ése pudiera ser un punto, se me ocurre, lo pongo un poco como hipótesis, porque yo no paso de emitir una opinión personal. Pero un poco dándole vueltas al tema sobre un hipotético punto de equilibrio, que es difícil, yo pienso, que por ahí, quizás pudiera buscarse una salida. Es decir cuando uno la ve, está entera, tiene una serie de crujías en el perímetro que todavía conservan, el perímetro que es la zona más aprovechable por luz, etc; se pueden dejar 5 crujías por ejemplo, y en el interior podría emerger el cubo que tendría, no lo sé, lo hablo a bulto, 50 metros, no sé, ó 60 metros; es decir, surgiría del interior un nuevo edificio. Y no digo esto porque ésta sea la opción, sino… Esto sería razonable partiendo desde cero, porque de hecho ha habido otras propuestas, y se han visto…; sino más que nada, como punto de equilibrio posible, digo, posible, porque evidentemente no está en mi mano; yo no soy sino una opinión entre otras muchas, no sólo en la Junta sino en cantidad de opiniones que han circulado en Bilbao, que siguen circulando etc. En la medida en que, pienso yo, tenga masa suficiente y la gente la vea entera, vamos a decir entera entre comillas, y en su interior surgiera otro edificio, se me ocurre pensar, puestos a pensar sobre una salida”.

– DIR:

“éstas, ¿podrían ser 3?”.

 – ARQ:

“Esto ya es una cuestión…”

– José María Gorordo -JMG-:

“¿Qué es eso de 3 crujías?”

– COMENTARIO: En este punto me parecía evidente que los de la cúpula y el arquitecto habían hablado entre ellos antes de la reunión. Pregunté por las crujías, sobre todo al ver que el arquitecto hablaba de 5, y ellos, de 3. Yo no sabía lo que significaba una crujía en sentido técnico, por lo que deducía que los de la dirección tampoco.

– ARQ:

“¿Crujías?. La distancia entre pilar y pilar, digamos los pasillos. Yo veo un poco una posición de conciliación en ese sentido porque, claro, hay mucha gente, yo, personalmente, no me considero una persona conservacionista. Hay gente que considera que habría que conservarla entera, intacta; y, últimamente, sobre todo últimamente, han surgido muchas voces en este sentido en Bilbao. Que ¡qué maravilla que quede entera en Bilbao y tal y cual!”.

– COMENTARIO. No era fácil tragar la supuesta tan maravillosa disposición a ayudarnos por parte de quienes habían dirigido y estimulado, precisamente, la campaña en contra, dentro y fuera de la Junta con actuaciones concretas y declaraciones en los medios de comunicación, muy hostiles con el proyecto.

– JMG:

Y en sentido contrario, también”.

– COMENTARIO. El Ayuntamiento había aprobado el esquema Oteiza-Oiza. Este técnico que hablaba no exponía más que su opinión particular, sin derecho a representar a nadie. Además habíamos hecho una encuesta con una empresa especializada. El 70% de los bilbainos se mostraba a favor del proyecto, un 20% en contra y el 10% restante no tenía criterio formado. En ningún caso se podía admitir, por tanto, esas afirmaciones tan poco contrastadas, que no eran lo que opinaban los bilbainos. Si hablaba en nombre de técnicos, tendría que decir de cuántos y de quiénes, y aportar los currículos de cada uno de ellos. Cualquier otro intento de erigirse en representante de otros estaba fuera de lugar. La única legitimidad era la de ser miembro, elegido a dedo, de la Junta Asesora del Patrimonio, como cargo administrativo, de confianza de la consejería de Cultura.

– ARQ:

Sí, es una opinión subjetiva, por supuesto. En la medida en que, en Cultura, quieren velar por el patrimonio y consideran que, de momento, por lo que parece, es mejor mantener el edificio actual y hacer una intervención que sea de otra manera. Las cosas están así, y entonces, ¿cómo se podría conciliar?. Es una pregunta muy difícil, pero…”

– COMENTARIO. Admite que es un tema subjetivo. Y revela sus verdaderas intenciones de no dejar que se haga el proyecto presentado.

– JMG:

“La Junta Asesora es nombrada a dedo por la Consejería de Cultura, esto que quede claro, en principio. Segundo, esta Junta dice que el trazado agrede no sé qué. A mí me parece que 20 metros más o menos, no es de recibo que sean definitorios para considerar que uno agrede y otro no. Son todos ellos conceptos subjetivos, opiniones muy respetables, pero opiniones, al fin y al cabo. Hay muchas otras personas que opinamos justamente lo contrario, que el cubo mejora el edificio de Bastida, respeta el pasado y proyecta el futuro. Nosotros creemos que esta Junta no representa todas las corrientes de opinión de la arquitectura que existen en este momento. Por todo ello, nos parece que es un asunto político”.

– ARQ:

“Sí, estamos nombrados por el Consejero…también puedes poner en tela de juicio el Parlamento u otras Instituciones…”.

– JMG:

“No es que dude de nada, sólo afirmo lo que es, un órgano político, de asesoramiento de una consejería”.

– ARQ:

“Y a mí me ha tocado colaborar en ese sentido”.

– JMG:

“Y frente a ese órgano, hay una Institución elegida por los ciudadanos, que es el Ayuntamiento de Bilbao”.

– DIR:

Estamos en el país que estamos y como todo país se organiza mal que bien. Estamos organizados como estamos organizados. Tu estás en una organización municipal y luego en el gobierno hay otros con otras funciones y concretamente hay un sector que se llama Cultura. Entonces, ahí, evidentemente, confluyen; esos no han hecho la auditoría en función de la Alhóndiga; la han hecho en virtud de unos determinados criterios, buenos o malos, para poder juzgar aquellos problemas que les vienen, respecto para la función para la que están creados. Tú pides una decisión política”.

– COMENTARIO. No es lógico que el representante de la dirección del PNV, concretamente su presidente, pase por alto la teoría, por otra parte elemental en cualquier partido, especialmente en el PNV, de la disciplina de partido y los compromisos electorales. Estaba aún muy reciente el momento en que ellos mismos me habían pedido disciplina y no me dejaron defender los intereses que nosotros estimábamos legítimos, de Bilbao, contra un Decreto de las Cajas de Ahorros. Ante el conflicto, el Partido se había erigido en árbitro entre dos Instituciones. Yo había defendido, y defendía, que la decisión, antes de arbitrarse, tenía que tratarse de ejecutar, según el compromiso electoral. Si el hecho que genera la disputa es algo no contemplado por el programa, es cuando se debe acudir al arbitraje. La escisión también fue un caso típico de arbitraje del partido entre Gobierno y Diputaciones. En esos y otros casos, el partido ejerció de árbitro para resolver la cuestión. El arbitraje de partido, siempre que el juez sea neutral, es una necesidad de la práctica, en los casos en que surgen conflictos entre personas del mismo partido que se encuentran en diferentes Instituciones, cuya solución no esté prevista en el programa electoral.

– DIR:

“Yo no me atrevería a una decisión política en un tema difícil, como uno estético, fuera de los órganos tal como están organizados”.

  COMENTARIO. Se estaban descubriendo. ¿Pero es que el partido no apoyaba el proyecto? ¿Cómo tenía que interpretar estas manifestaciones cuando llevaba más de dos años peleando por la Alhóndiga, con el apoyo aparente del secretario de la ejecutiva del partido, Bergara, allí presente, que había estado plenamente informado durante todo el proceso?. Ahora, tenía que dar por buena la inhibición política, olvidando que el Centro Cultural en la Alhóndiga había sido la promesa electoral más importante del PNV. Me sentía engañado.

Bergara no hizo ningún comentario.

– DIR:

“Yo no soy partidario de un decisión política”.

– COMENTARIO. Ya se descubrieron. No eran partidarios de una decisión política. Cuando nos hicieron perder el control de la Caja, sí eran partidarios de una decisión política. Para decidir el trazado de la autovía, también. Ahora, no. Ellos son quienes determinan cuándo hay que tomar una decisión política y cuándo hay que dejar que actúen los correspondientes órganos, en función de sus competencias.

Y el programa electoral, ¿qué?. De ahí a la arbitrariedad no hay más que un paso.

Continúa hablando el arquitecto, apoyado por la reciente manifestación de la dirección del partido; el arquitecto explica cómo les habían elegido, casi suplicando, porque hay cantidad de edificios sin catalogar, y dice:

– ARQ:

“Yo te puedo decir de edificios en Bilbao que están sin protegerse y te quedarías asustado, y había que ponerlos en la…”

 – JMG:

“El Depósito Franco, por ejemplo”.

– COMENTARIO. El conjunto de la argumentación se basa en medias verdades. Decir que hay cantidad de edificios sin catalogar y que a ellos les han pedido que echen una mano etc., sería algo muy loable y de agradecer, si no fuera porque dejan de decir algo tan clave como estas dos cosas:

1. La catalogación de la Alhóndiga se inicia por la Junta después de la aprobación del proyecto por parte del Ayuntamiento, lo que pone de manifiesto las auténticas intenciones del Gobierno vasco al iniciar el procedimiento.

2. El edificio del “Depósito Franco“, más conocido como el de “Uribitarte“, es de características estéticas y técnicas muy similares a las de la Alhóndiga, pero, sin embargo, obtiene el permiso del vaciado en unos pocos días, sin que en ningún sitio conste ninguna traba, ni por parte de Cultura del Gobierno, ni por la Junta del Patrimonio. ¿Puede alguien explicar por qué?. La única respuesta que allí obtuve fue la siguiente:

– ARQ:

“Pues sí, pero ese tema, no; a nosotros nos convocan a debatir ciertos edificios. Ellos preparan…”

– COMENTARIO. Los de la dirección del partido no hicieron ningún comentario en este punto importante de la cuestión. Sigue pendiente la aclaración, si es que tiene alguna explicación, de por qué consintieron el vaciado del “Depósito Franco“, negocio privado, e impidieron el de la Alhóndiga, iniciativa pública. En todo caso, el arquitecto tendría que haber añadido, para evitar que se pudiera pensar que pretendía engañarnos, que fue él uno de los principales inspiradores y patrocinadores de la campaña en contra, sin que dijera ni una sola palabra, en idéntico sentido, de Uribitarte. Los criterios estéticos deberían haberse aplicado en ambas situaciones de manera similar, supongo.

A estas alturas, no había forma de ver ninguna posibilidad de arreglo.

– DIR:

“Esta reunión ha sido un poco iniciativa mía. Coger un miembro de la Junta, cualificado, de buena voluntad, que quiere que salga el tema adelante, que aporte aquí el ambiente de esa Junta y que cree que hay un punto del que se debió partir para llevar adelante el proyecto de…”

– JMG:

“Dudo que quiera..dudo, no de lo que estás diciendo, sino de que el miembro de la Junta quiera que este proyecto salga adelante”.

– COMENTARIO. Les hubiese bastado leerse las actas de las reuniones de la Junta para darse cuenta de que la persona que decían participaba en la reunión de buena voluntad era la que más radicalmente se oponía al proyecto. No entiendo por qué se decían esas cosas tan alegremente, cuando no respondían a la realidad.

– DIR:

“Pues éste es el caso”.

– JMG:

“Te voy a decir por qué dudo. Porque ha hecho declaraciones públicas en contra, de manera expresa y clara; y podemos traer todos los artículos..; luego por lo tanto no creo que pueda venir…”

– DIR:

“Más mérito todavía, más mérito todavía”.

– JMG:

“Tengo manifestaciones públicas de este señor que dice que está en contra de la intervención; luego no cabe que ahora nos diga otra cosa”.

– DIR:

“Pues me parece mucho más abierto de lo que tú dices”.

– ARQ:

“Pero vamos a matizar un poco”.

– JMG:

“A ver si es verdad que dice que quiere que el proyecto salga adelante”.

– DIR:

“No te quepa duda”.

– COMENTARIO. No lo dijo.

Tenían al parecer, confianza absoluta en lo que les había dicho el arquitecto, a pesar de que era el que más se oponía en las reuniones de la Junta, como consta en las actas correspondientes. A nada que nos hubiesen hecho algo de caso y les hubiera entrado la duda, lo habrían descubierto fácilmente. Pero no lo hicieron…

Y tendrían que leer, asimismo, el acta de la reunión de julio de 1990 que, todavía en 1992, no habían hecho oficial.

———————

La conversación discurría por cauces cada vez más preocupantes. Aún no había iniciado Paco Oiza su exposición y lo único que se veía claro era que los de la cúpula tenían más en cuenta la opinión del arquitecto de la Junta, que la nuestra.

La Junta había denegado el permiso. Por ello, la manera de resolver la cuestión era que, desde la autoridad, gobierno o responsables políticos, nos ayudaran a resolverlo. Para no desautorizar a la Junta, se podía designar un Tribunal Especial, que analizara de nuevo el proyecto.

Estaba claro que los miembros de la Junta más significados respondían a una concepción conservacionista de la arquitectura que, si bien es una corriente respetable, no es la única ni mucho menos. No podía dejar de pensar en lo paradójico de la situación. Cultura había firmado, tiempo atrás, un acuerdo de intenciones con el Ayuntamiento, para instalar en la Alhóndiga un Museo de Arte Contemporáneo. Por el contrario nos acababan de rechazar el proyecto; y no era la primera vez. Sentíamos la presión, no sólo de sus decisiones administrativas, sino de algo más sutil y difícil de asumir: de una campaña orquestada, de recogida de firmas, declaraciones de prensa, conferencias de arquitectos de cierto reconocimiento internacional; todo ello en pro de la línea más conservacionista. Nos parecía una estrategia extraña. Quedaba claro que el Gobierno, en su oposición, se estaba aprovechando de algunos arquitectos y gente de la cultura y, lo que resulta más incomprensible, de los otros partidos políticos.

La secuencia de actuaciones era compleja, pero había una cosa clara: en el Ayuntamiento, el proyecto contaba con el apoyo del PNV, PSOE, EE y un concejal independiente, Jesús Echevarria. Cualquier oposición, fuera por razones estéticas, de impacto en la zona o políticas, era aprovechada por el Gobierno vasco -Cultura y Presidencia, esto es, PNV- para impedirnos avanzar.

En el verano de 1989, creímos por un momento que por fin, podríamos iniciar el vaciado del edificio. Así nos lo prometieron desde Cultura, tanto a Bergara como a nosotros:

“Antes de irnos de vacaciones, tendréis el permiso firmado”.

Lo incumplieron. Nos engañarían ésta y todas las veces posteriores. Por eso no veíamos nada claro el papel de los presentes en la reunión, queriendo lavarse las manos…

Para mí la cuestión era sencilla, en clave política. Teníamos el compromiso del Centro Cultural. Habíamos conseguido apoyo inicial de la Diputación y del Gobierno. Habíamos tenido la suerte de lograr el mejor equipo posible de arquitectos y escultores vascos, con un currículum de primerísima línea, muy por encima de los “examinadores de cultura“. Unos arquitectos -a quienes no se les conocía ninguna obra comparable con, por ejemplo, la torre del BBV, en el Paseo de la Castellana de Madrid, o la Basílica de Aránzazu, entre otras muchísimas realizaciones, a lo largo de unas dilatadas carreras- que estaban sometiendo a Paco Oiza a uno de los exámenes más duros de su carrera profesional.

Oiza, con más de 70 años y sin necesidad de demostrar su categoría ante nadie, podría cansarse y abandonar. Me parecía que tentaban demasiado a la suerte.

Algunos miembros de la Junta Directiva del Colegio de Arquitectos tampoco actuaron correctamente. Me reuní varias veces con ellos, les informé detalladamente de nuestros planes y por eso no entendí el comportamiento de varios de ellos. No es fácil explicar que, como Junta, intervinieran ante la opinión pública de manera tan distinta, a como lo hicieron con el tema de la Alhóndiga, en otras actuaciones que se desarrollaban por las mismas fechas, como la construcción de 1.000 viviendas en la Mina del Morro o el vaciado del Depósito Franco.

En ninguno de estos proyectos se observó ni una campaña, ni la proliferación orquestada de opiniones en los periódicos, de arquitectos o colectivos profesionales, como en el caso de la Alhóndiga. Aunque este silencio pueda admitirse en el ejercicio de la libertad de cada cual, que no voy a discutir, sin embargo, sí quiero dejar constancia expresa del dato.

—————

 Paco Oiza estuvo brillante en su intervención. Fue, con mucho, lo mejor de una reunión de triste recuerdo. De lo que dijo voy a entresacar las partes más significativas:

– “Yo no sé qué voy a exponer. Es muy difícil, muy polémico y muy violento. Yo soy tan violento como Oteiza; hasta ahora no he tenido la pureza esa que tiene Jorge de actuar, que me permite hacer obra que a él casi se le niega por su manera, dijéramos, personal, de ir contra sí mismo…la defensa de un situación casi visionaria, utópica de la realidad que es inalcanzable y por tanto siempre es hermosa. Yo me implico más con obras que hago y por tanto confieso que no soy tan puro ni tan perfecto, ni tan …”

Con esta introducción, Oiza justificaba nuestra presencia allí. Dejaba clara nuestra voluntad de consenso y pragmatismo y, en cierta manera, respondía a Oteiza que ese mismo día por la mañana había defendido en Madrid que no teníamos que ir a la reunión, que sería una trampa.  Como antes he comentado, decidimos acudir porque queríamos que se hiciese el proyecto y estábamos dispuestos a aceptar nuevas condiciones.

– “Y en este orden de cosas yo diría, de entrada, le voy a decir, de entrada violenta: yo, es que cuando le guste a la Junta, no lo voy a hacer. Eso lo veo evidente, lo veo evidente y el día que a Chueca le guste -que no sé si Chueca aparece en todo esto- es que ese día no lo hago para nada. Es decir, tengo mi sentido de la responsabilidad y del prestigio y de lo que es la buena arquitectura que se merece un pueblo, como el pueblo vasco, y entonces no estoy dispuesto a hacer aquello que a otros les guste cuando a mí me parece que no es posible, ni viable, ni factible, ni humanamente realizable”.

  COMENTARIO. Si de verdad querían resolver el litigio, tenían que haber suspendido la reunión en ese momento y apoyar el proyecto, así de sencillo. Si Paco Oiza era quien era, con todo su prestigio, sus concursos ganados, sus premios, etc., ¿quiénes eran ellos para dar el capricho a un amigo suyo, que aún no ha puesto encima de la mesa nada comparable a la obra de Oiza?.

No es fácil imaginarse qué estarían pensando, mientras Oiza hacía unas manifestaciones tan contundentes.

– “Me han dicho que agrede”, dijo, con cierto aire de ofendido, ” y yo no sé a qué agrede..”

– “He preparado unas notas…”.

Empezó hablando de la torre Eiffel. Luego pasó a temas de fondo:

“En la cuestión de la restauración en que hay mucho que hablar, tengo claro que hay que preservar el legado del pasado pero hay que hacer posible también la visión del futuro y la transformación de Bilbao desde la alameda ésa que hay al otro lado de la ría hasta lo que es el Bilbao actual. La Alhóndiga es un edificio menor, de segunda clase, que se podría derruir olímpicamente; yo estaría dispuesto. Ustedes me dicen: oiga, ¿usted firmaría tirarla?. Cuando quieran se lo firmo. Oteiza, por supuesto, a lo mejor Moneo también y muchísimos arquitectos”.

– COMENTARIO. Había puesto el dedo en la llaga. Un edificio, que, ni es el mejor de Bilbao, ni el mejor de Bastida, con todos los respetos para el ilustre arquitecto bilbaino. Que se puede tirar, a juicio de muchos arquitectos y artistas, que el cubo respetaba sus fachadas y, aún así, teníamos que ver cómo otros estaban intentando cargarse la idea misma.

 – “Pero si la memoria del pueblo vasco y las gentes de Bilbao, lo tienen tan arraigado….”  –lo que no estaba nada claro, a juzgar por la encuesta mencionada, pues sólo eran un escaso 20% de los bilbainos los que se oponían al proyecto-…

  “…Si esto es así, se puede aceptar, yo lo acepto, que se preserve parte de ese material, sobre todo, porque en la memoria de Bilbao tiene un cierto peso. Pues perfecto, se puede salvar. Ahora, lo que se puede hacer en la Alhóndiga, pensando en el amor que tengo al pueblo vasco, es algo esplendoroso, y esplendoroso es mirar al futuro y ver lo que puede ser Bilbao dentro de unos pocos años a partir de un gobierno como hay ahora, más nacionalista, más vasco, más propio”.

– “¿Qué podemos hacer?. ¿Qué es salvar la Alhóndiga?”. Bueno, pues salvar la Alhóndiga es destruirla, o sea, salvarla con sentido de futuro es destruirla y montar sobre ese solar esplendoroso, que no tienen vecinos, que se puede fácilmente limpiar, montar un centro cívico, si se quiere, para la ciudad. Un centro cívico impresionante. Para eso no hay que usar muchas piedras de la Alhóndiga, que tiene muy pocas por cierto, pues casi todo es revoco y ladrillo, o sea que tampoco tiene materiales muy nobles que salvar…  Pretender, como dice algún miembro de la Junta, salvar 3 crujías ó 5; además para colocar como un patio de manzana en el interior para ventilar un poco…  Pero, ¡si este edificio no tiene interior!. Si esto no hay quien lo suscriba, que este interior de columnas, cada 4,5 metros ó 5, todas degradadas, sin resistencia física. ¡Si no tiene interior!. Y el exterior es discutible…”

 – “Mi punto de vista es clarísimo. O sea, que no se trata de un caso de difícil actuación, sino fácil. Se podría limpiar, como está el solar de Santiago Apóstol, convocar un concurso internacional y decir: ¿Qué se merece el pueblo vasco ahora, si quiere construir un centro cultural, que sea más que un hipermercado, que un centro comercial, que un lugar de éstos dijéramos, de economía dineraria, que tenga más un fundamento cultural?. Muy fácil, pues muy fácil, mirar poco al pasado..”

En ese momento Oiza pasa revista al pasado y al concepto de  transformación de las ciudades:

– “..Los planos tienen que llevar fecha. El Bilbao de hoy no es el de ayer. Paseando por la historia, uno descubre que la ciudad es un objeto en continua transformación y hay casos singulares como Venecia que son esplendorosos, pero que son verdaderas momias, verdaderos cadáveres. Como ha dicho algún autor, Venecia es de las pocas ciudades que no tienen futuro, porque su futuro es su presente, que también es su pasado”.

Continuó hablando del Partenón, Brunelleschi, Paladio, Hernán Ruiz el joven, el Obradoiro de Santiago de Compostela…

 – “De manera que siguiendo esta alegación, diría ¿qué tengo que hacer con este material que se me entrega para seguir adelante, proyectarme sobre el futuro y entregar a Bilbao una arquitectura que yo mismo no sabría hacerla si no hubiese tenido la Alhóndiga?.  Pero, a lo mejor, la Alhóndiga, como le pasó a Paladio, puede morir en la batalla. La Alhóndiga sólo me permite a mí ser mejor para hacer una solución vasca esplendorosa como no pueden tener los de París”.

– COMENTARIO. Alguno podría pensar que Oiza se estaba poniendo a la altura de los mejores. Es cierto. Pero lo que no cabe ninguna duda es que su prestigio, sus obras, le sitúan en un nivel muy alto, muy por encima de la inmensísima mayoría de los que le cuestionaban.

– “Porque todos estos hechos son históricos, es decir, oiga, la Alhóndiga puede morir, pero, desde luego, no morirá si ha sido la causa de que se genere ese paso trascendental en la arquitectura vasca, que ha permitido hacer una plaza cubierta en los días malos, cerrada, con un diedro, especie de frontón simbólico, sobre el que desarrolla un museo, un centro de investigaciones estéticas. Pero ya le digo mi punto de vista en las alegaciones. Yo quiero ser tan histórico como los arqueólogos, pero no sólo arqueólogos, porque terminan su misión preservando los edificios, y la función de la ciudad no es preservar  los  edificios que tiene. Uno de sus parámetros es la conservación de los edificios que tiene y, otro, es mirar hacia el futuro, ver sus políticos, sus gobernantes y saber a dónde va ese pueblo, porque ese pueblo no puede estar donde estaba, camina como todos los pueblos de la tierra. Entonces mi misión es decir: recibo la Alhóndiga, me planteo el problema y sé que tiene que morir gran parte. Oteiza, y tiene razón, yo les digo, tiene razón, está molesto conmigo, porque  conservamos tres fachadas, no debiéramos conservar ninguna. Él, con mucha más sabiduría dice: sólo hay que conservar como reliquia tres fragmentos de la fachada en un determinado sitio”.

– COMENTARIO. A esta altura de su intervención, que nadie se atrevía a interrumpir, se veía claro que se estaba dirigiendo al partido que gobernaba en Euskadi, con apoyaturas contundentes. Y estaba hablando desde su autoridad que, en el mundo de la arquitectura, no es nada pequeña. !Qué poco se imaginaba Oiza, en esos momentos, el ínfimo impacto que causaría en la cúpula del PNV.

Oiza continuaba:

 – “Claro que la misión de un conservador es conservar.

Pero una ciudad, usted que es un político de altura, que gobierna las ciudades desde todos los ángulos, pues dirá: tengo que oír al conservador para ver cómo se debe conservar lo que se debe conservar de aquí, y tengo que mirar al hombre del futuro, al visionario, cuando me dice cómo va a ser Euskadi dentro de 20 años, no vaya a ser que nos quedemos atrás y otros pueblos mucho menos dotados, estén por delante de nosotros. En nombre de la Historia, tomaré el material del pasado, un mercado de vinos de Bastida, para por sugestión de la ciudad, hacer una propuesta de un Centro Cultural vivo, en un punto neurálgico como es éste. Porque el Centro Cultural no se puede colocar en otros sitios, sino en lugar céntrico, para montar algo que sea fundamentalmente plaza y cubierta”.

 – “No hay más solución que la que hemos propuesto, es decir, utilizar este material del pasado para proyectar sobre él, el futuro. Si no tuviéramos este material, posiblemente no sabíamos ni lo que hacer”.

Continuó con algún comentario sobre la pirámide del Louvre, o el “Arco de la Defensa“; y por último, mencionó la gran habilidad política de Mitterrand con todo lo que está haciendo; y pasó a referirse al arquitecto de la Junta Asesora, allí presente:

“Vosotros, gran parte de la Comisión, estoy seguro que sois gente que estáis cumpliendo una función muy agradable y muy interesante de preservar el pasado, pero !no os paséis!, porque no se vive sobre el Madrid de los Austrias, ni se vive sobre una ciudad medieval. Se vive hoy y lo que pasa es que si vivimos hoy tenemos que tener amor a nuestros padres y antepasados y conservar y preservar esos castillos, esas villas, esos recintos maravillosos que tiene el País Vasco, pero, no solamente preservándolo, conservamos lo que es el pueblo vasco. Es como navegar. Navegar es conocer las estrellas, es decir, tener puntos fijos, sin puntos fijos a los que anclarte no puedes proyectarte hacia más adelante”.

Aquí terminó su turno. El arquitecto de la Junta quiso decir algo, a lo que Oiza replicó que no merecía la pena porque no se iban a entender. Y él lo que pedía era una decisión política, como yo había hecho, al principio de la reunión:

Les pedimos a los políticos que busquen personas que enriquezcan la Comisión y que sean menos preservadoras y más abiertas a un futuro esplendoroso para esta hermosa ciudad”.

 Aún volvió a emplazar a la dirección del PNV cuando dijo:

“Pero yo sé, yo sé, le digo la verdad, que cuando digan:  Esto, adelante, el País Vasco va para adelante”.

“Nada más. Hay que saltarse a la Comisión. Habrá que saltársela”.

No pudieron rebatir ninguno de los argumentos, se quedaron mudos. No así el arquitecto de la Junta, que tuvo que acabar en el insulto, calificando el proyecto de disparate, olvidándose en aquél momento del tono de moderación, de la supuesta buena voluntad que decían que tenía. Y como vieron que se estaba desenmascarando, terciaron en la conversación:

“Esta reunión que hemos hecho, para ver si llegamos a algún punto que, después, allí pudiéramos. No lo hemos conseguido, no lo hemos conseguido”.

Oiza, replicó inmediatamente:

 “Sí, yo estoy convencido de que está convencido. Ustedes se merecen este proyecto y ustedes deben salvarlo”.

Habían empezado a eludir sus responsabilidades, desde el preciso momento en que Oiza les atribuyó la capacidad para decidir. Ya no quisieron saber nada y siguieron con evasivas. “Este país está lleno de vergüenzas”, – admitiendo que una más no importaría -; “es igual lo que diga Jorge”, olvidándose de la broma con que se inició esta grabación.

Paco Oiza no se daba por vencido y en los últimos minutos de la reunión seguía aún esperanzado.

Se escabullían. Cuando les interesa, aplican la filosofía de “esperar y ver“, para apuntarse a cualquiera de las situaciones futuras.

Así, ocurra lo que ocurra, ellos no han tomado partido previamente, no han apostado, no se han desgastado.

Paco Oiza, añadió:

“Sí, sí, se hace, se debe hacer. Voy a hacer la Alhóndiga porque creo que es usted inteligente y sabe medir lo que hay de verdad en una postura, que es muy defendible, y en la otra mía y al final dirá: pues algo de razón tiene Oiza, hay que mirar para adelante”.

La última intervención de Oiza no dejaba lugar a dudas acerca de la responsabilidad que en la toma de la decisión, atribuía a los políticos. Afirmó, dirigiéndose al arquitecto:

 – “Tenemos posturas encontradas pero, para eso están estos señores, los políticos, por encima de nosotros, y ellos son los que tienen que resolver.  Habrá que buscar una comisión especial, un segundo informe que resuelva, un asesoramiento de un extranjero o simplemente decir: esto se para, se hace un concurso internacional y se resuelve. Cualquier camino es bueno, menos el empecinarse y decir que hay que salvar la Alhóndiga. Seriamente, honestamente, no deberíamos salvarla. Eso lo digo de verdad y alguna vez se me ha escapado. Cuando he venido por aquí y la he visto, me digo a mí mismo: esto se podría tirar todo. El edificio ese que hay enfrente, ese garaje, –el garaje del RAG– vale más, desde el punto de vista de la arquitectura”.

Me ha parecido imprescindible recoger todo el contenido de la reunión, transcrita literalmente, para que el visitante del blog pueda llegar a entender el proceso posterior, así como formarse una idea cabal de los responsables de que aquel proyecto no se haya hecho.

No quisieron volver a saber nada de la Alhóndiga.

Su conciencia quedaba tranquila y lo demás, a lo que saliese. Y así salió. Pero tengo que decir que en esta inhibición, está la clave de los conflictos posteriores. Ellos se creían con derecho a no intervenir, ni apoyar, sin importarles que me fuera, que no pudiésemos sacar adelante el gran proyecto, que tan brillantemente había defendido Oiza en esta ocasión.

Ahora, que lo estoy recordando, siento orgullo de haber elegido a este tándem tan potente, luchador, eternamente joven, como Oteiza-Oiza, y haberles dado la máxima libertad de creación, en mi condición de alcalde de Bilbao.  Ha sido una maravillosa experiencia y la memoria del Cubo persiste en los hombres y mujeres no sólo de Bilbao, sino de otros lugares.

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4. EL CALVARIO, PASO A PASO

 El desenlace del proyecto del cubo fue una de las claves que explica mi dimisión como alcalde de Bilbao. Lo había dicho en reiteradas ocasiones, dentro del partido. Insistía en su importancia para dinamizar el área metropolitana de Bilbao y no comprendía los innumerables obstáculos del Gobierno Vasco. Ni podía justificar la ineficacia de la cúpula del PNV para hacer efectivo un compromiso electoral de esta envergadura.

En la ejecutiva decían que estaban de acuerdo con la idea pero no conseguíamos los permisos para iniciar las obras. Bergara, a la sazón secretario de la ejecutiva del partido (luego sería Diputado General de Bizkaia), intentaba hacer de puente entre el Ayuntamiento y Vitoria. Le teníamos plenamente informado de todo. Acudió con nosotros a casa del arquitecto Sáez de Oiza, en Madrid, a conocer de primera mano el trazado, la maqueta y detalles del diseño antes que se diera a conocer a la opinión pública. Todos, ejecutiva y gobierno, tuvieron la oportunidad de dar su opinión, aportar sugerencias, cambios, modificaciones. Nada dijeron. Se mostraron plenamente satisfechos de lo que vieron en Madrid.

Bergara fue testigo directo, actor él mismo en ocasiones, y sujeto paciente, del incalificable comportamiento de los representantes del Gobierno Vasco, Presidencia y responsables de Cultura.  Se convirtió en un auténtico calvario.

 Ya en el comienzo, desde lo más alto de la cúpula del partido, se habían hecho unas desafortunadas declaraciones, en plena campaña electoral, allá por marzo de 1987, cuando se dijo que:

 eso de hacer un centro cultural en la Alhóndiga no es más que una manifestación hecha por Gorordo a un periodista a las ocho de la mañana, tras pasar una mala noche“.

 COMENTARIO: ¿qué diría ahora, ayer, esa misma persona, cuando, 20 años más tarde, se ha hecho realidad el centro cultural?, ¿acaso que el “mal sueño” de Gorordo ha tardado 20 años en realizarse?

Con esta declaración textual, está claro que no gustaba mucho la idea dentro de la dirección del PNV. Tuve que soportar la injusta paradoja de que algunos de los que más se habían significado en la escisión y más habían dudado de seguir en el PNV, fueran los principales opositores al cubo de la Alhóndiga.

Personas concretas de Presidencia y Cultura, con nombres y apellidos, a las que nadie les ha abierto ningún expediente, algunos que, con el tiempo, se han ido del PNV por su propia voluntad y otros que siguen.

Utilizaron todos los procedimientos a su alcance para boicotear el proyecto; y al final lo consiguieron.

 

5. APOYO POPULAR HACIA EL PROYECTO

 El entorno social y ciudadano de la época, era abiertamente favorable  a las iniciativas que tomábamos desde el Ayuntamiento de Bilbao, considerándolas algo heterodoxas, quizás, pero positivas, y que mejoraban la tradicional imagen de Bilbao y, por ende, del partido que regía los destinos de la Villa, el PNV.

 Periodistas como José Antonio Zarzalejos, cronistas habituales de la prensa local, como Luciano Rincón y muchos otros, apoyaban y valoraban muy positivamente la mayoría de nuestros proyectos y actuaciones, especialmente en esa primera etapa, con artículos laudatorios que se pueden encontrar muy abundantes en las hemerotecas.

Y, lo que es más relevante, una encuesta que se encargó hablaba de un apoyo popular al proyecto del Cubo de la Alhóndiga de más del 70% de los bilbainos.

 

6. INTERVENCIÓN POLÍTICA EN EL PROCESO

 Resultó especialmente lamentable la intervención de algún político de la parte más alta de la cúpula del PNV en el proceso. Por algunas de sus acciones y, sobre todo, por las omisiones.

Empezaron, ya en la campaña, con la impertinente declaración que antes he comentado.

Su calculada y limitadísima actuación, su inhibición en definitiva, fue decisiva para el desenlace final. Sabían perfectamente que en Cultura y Presidencia del Gobierno se oponían. Pero hicieron muy pocos esfuerzos para que se arreglara la situación. Su única y tardía aportación, como luego veremos, parece mas bien dirigida a salvar su propia responsabilidad que a resolver el conflicto.

 Nunca entendí sus planteamientos huidizos para con Jorge Oteiza. Les llamé varias veces invitándoles a un encuentro con el escultor para que trataran de reconciliarse y aprovecharan su prestigio y su fuerza creadora para inyectar nueva savia en la política cultural.

Sospecho que tenían mala conciencia de que no nos apoyaban lo suficiente, porque un buen día, con el proyecto torcido por las sucesivas maniobras de rechazo de Cultura, la dirección del PNV me envió un mensaje diciendo que se ofrecían a organizar una reunión con el arquitecto de la Junta que se oponía a la intervención en la Alhóndiga.

Era una proposición difícil de entender, extraña. Ignorábamos la intención y el alcance de la propuesta. No sabíamos si la querían hacer a espaldas del Gobierno, del Lehendakari y de Cultura o, por el contrario, contaban con su beneplácito.

 Era un sábado por la mañana. Me encontraba en Madrid en casa de Paco Sáez de Oiza, junto a Jorge Oteiza y Jon Intxaustegui. Debatimos la cuestión. ¿Qué pintaba en aquella circunstancia la cúpula del PNV mediando en un conflicto del que ellos eran uno de los causantes directos, por no apoyarlo en los momentos clave anteriores? .

Oteiza no quería acudir y propugnó que no teníamos que negociar nada con nadie. Acceder a ello era una muestra de debilidad por nuestra parte. Paco Sáez de Oiza y yo, tras dudas, debate y vacilaciones, optamos por lo más pragmático, opinando que había que acudir, que había que intentarlo.

En este ambiente se celebró esa importante reunión -que no trascendió a los medios de comunicación-, entre miembros de la dirección del PNV, junto a uno de los arquitectos que más se oponía a nuestro proyecto.

En la siguiente entrega, transcribiré en su literalidad la reunión mencionada.

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