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Archive for 8/04/10

Bilbao, Puerto antes que Villa

Que Bilbao se fundó sobre el hierro es, además de un antiguo alegato del concejo de la Villa, una hermosa frase. Parece comúnmente aceptado que es el hierro material noble y honrado, de honestidad inequívoca.

Pero queriendo dar rigor a la cita, mejor me parece acudir a unas palabras de Labayru, según las cuales, y a poco de fundada la Villa,

“acogióse a seguida en la nueva población buen número de comerciantes de la costa y aunque en pequeño recinto, como era el que ocupó el nuevo municipio extendido en tierras de aluvión y marisma, fue floreciendo por la actividad de los que llegaron a morar en él”.

Ocurrió hace setecientos diez años, que Bilbao nació a la vida con los papeles en regla. Porque existir por existir, ya existía de antiguo, sólo que entonces era “la puebla de Bilbao“, como cotidianos trajines de los Pirineos a Burgos, y en su rada buscaron gozoso acomodo los mareantes de costa. Algo hubo de especial, algo pasó de buenos siglos atrás, para que a los primitivos bilbainos se les fueran añadiendo progresivamente familias de otras procedencias, gentes libres con las que compartieron la libertad gratificadora que da el progreso.

Bilbao, que nació Villa desde el vientre de Begoña -con la Amatxu siempre alerta en su atalaya de Artagan-, reafirma ante su carta puebla que “a los pobladores deste lugar seades francos et libres“. Y es en esa independencia legítima que otorga la falta de cualquier sujeción cuando la tierra da fruto y el mineral sale a la luz, como ocurrió entonces, creando un modo especial de ser que, con el paso de los siglos y hasta con un atisbo de disculpable exaltación, denominamos “bilbaino“, “bilbaina”.

De la pretendida fanfarronería bilbaina se habla y no se acaba. Presumiblemente muchos la comprenderían si se les dijese que Bilbao es una ciudad con dos cartas fundacionales, la segunda de ellas firmada por María Díaz de Haro dos lustros después de la de Diego López de Haro.

Bilbao que, como dice la célebre y precisa frase, “fue Puerto antes que Villa”, en sus setecientos diez años de existencia, nos ha dejado una gran herencia. De hazañas de unos pocos, por supuesto, pero, sobre todo, como acertadamente afirma el historiador-foralista Adrián Celaya, “Bilbao y Bizkaia son obras colectivas. No las hicieron los héroes ni los grandes generales sino la labor conjunta y cooperativa de todo el pueblo”.

El espíritu empresarial/emprendedor de Victor Chávarri, el intelectual de Unamuno, el socialista de Prieto y el sentimiento de pertenencia al pueblo vasco de Sabino Arana (“Euskadi es la patria de los vascos”), ¿son compatibles?

Fijándonos en la historia reciente, desde las guerras carlistas hasta la actualidad, en lo social y político hay actitudes claramente identificadas por grandes personalidades vascas: Arana, Chávarri, Indalecio Prieto y Unamuno. Sabino Arana fue el fundador en 1893 del primer partido nacionalista vasco, el PNV, a través de la afirmación “Euskadi es la patria de los vascos”. Víctor Chávarri representa a los empresarios, a los emprendedores, -capitanes de empresa-, ejemplo que abundó en el País Vasco, principalmente en las épocas de finales del siglo pasado y principios del actual. Indalecio Prieto, el socialismo vizcaino. En un terreno más intelectual, Miguel de Unamuno.

Chávarri y Martínez de las Rivas encarnan la política monárquica, aunque fueran rivales entre ellos. Víctor Chávarri, representante del Partido Conservador, presidido por Cánovas del Castillo, construyó el ferrocarril de Bilbao a Santander y fundó “La Vizcaya”, después fusionada con Altos Hornos. Martínez de las Rivas del Partido Liberal, dirigido por Sagasta, era propietario de “San Francisco”, otra factoría siderúrgica y era persona ostentosa que disponía de un vagón-sala de propiedad particular en el que hacía sus viajes de Bilbao a Madrid. Chávarri era más austero y también más audaz.

Indalecio Prieto, socialista bilbaino ejemplar, nos dejó escritas una serie de charlas. La del 13 de octubre de 1946 y en el Colegio Madrid, de México, se puede considerar su pensamiento básico, publicado por Gráficas Ellacuría con el título Pasado y futuro de Bilbao. Considera a la Ría como la arteria principal de tal manera que, si no hubiese existido, Bilbao no hubiera prosperado como lo hizo, de manera prodigiosa. Contaba con 75.000 habitantes hacia 1891, año en el que Prieto comenzó a residir en Bilbao, frente a los 200.000 en el momento de su conferencia. Hablando de la Ría, Prieto destaca la labor de una eminente personalidad, Evaristo Churruca, quien, durante treinta y un años, a partir de 1877, fecha en la que se fundó la Junta de Obras del Puerto, hasta 1908, en que se jubiló, consagró todas sus energías a construir el puerto exterior.

Indalecio Prieto expuso sus ideas en unas Bases Generales del Plan de Ordenación Urbana de Bilbao, que consistían en el enlace dentro de la Villa de todos los ferrocarriles, estación única para el servicio de viajeros de todos los ferrocarriles y para igual servicio de todas las líneas de autobuses, estación única de mercancías para todos los ferrocarriles, aprovechamiento urbano de cuantos terrenos queden disponibles como consecuencia de dicha concentración ferroviaria y utilización dentro de la Villa, como líneas metropolitanas, de los ferrocarriles interurbanos, o sustitución parcial de algunos de ellos, de vía estrecha, mediante un tercer carril en las líneas de vía ancha, así como la urbanización del valle de Asúa como único holgado ensanche posible de la capital, simplificando la comunicación con él mediante perforaciones en la cordillera de Archanda.

En esas fechas surge un proyecto, denominado “Gran Bilbao”, que Indalecio Prieto critica con dureza.

“El proyecto estatal de que os quiero hablar ha surgido hace año y pico en las esferas franquistas. Para resolver lo que a Bilbao le conviene en el orden de accesos y desarrollo se han pedido arquitectos a Madrid, al Ministerio de la Gobernación. Enviar arquitectos a Bilbao equivale a enviar mineral de hierro a Triano, porque Bilbao, antes y ahora, ha tenido y tiene una pléyade de notabilísimos arquitectos a quienes no pueden suplir ventajosamente arquitectos forasteros, por mucha que sea su competencia, que no sobrepasará a la de sus colegas bilbainos y menos en materia tal, por cuanto éstos han de conocer mejor los problemas viarios de Bilbao.

“En el Plan titulado “Gran Bilbao”, hay cierta parte buena: la que comprende proyectos ya estudiados en Bilbao hace muchos años y contienen un acierto: la zonificación de la comarca, determinando previamente cuáles han de ser zonas industriales, zonas residenciales, espacios verdes, etc. Semejantes previsiones están bien, siempre que se cumplan, de lo cual dudo mucho, habida cuenta del largo plazo señalado para la realización. Grave defecto del Plan de la Dirección General de Arquitectura es el de comenzar por el tejado y el tejado, en este caso, son los accesos por carretera, pues lo que interesa previa y principalmente a Bilbao son los enlaces ferroviarios. Aunque ahora se abriera un túnel para el paso de peatones y de toda clase de vehículos a través de Archanda, el problema de la urbanización de Asúa no quedaría resuelto sin una comunicación ferroviaria rápida, porque, en el mundo moderno, no se miden las distancias por kilómetros, sino por tiempo… El Plan se basa en algo tan disparatado como fijar un plazo de sesenta años para realizarlo. Si la construcción del aeropuerto lleva diez años, pese a reducirse a trabajos de explanación y al tendido de pisas, calculad los siglos en que quedarían multiplicados esos sesenta años…”.

Expresiones tan rotundas como las de Prieto, de apoyo a lo local, se echa en falta hoy en día, de boca de muchos de los representantes de la política vasca.

En cualquier caso, no es nada desdeñable poner énfasis en la existencia de dos nacionalismos enfrentados, el nacionalismo vasco y el nacionalismo español, que han producido consecuencias evidentes y serias en los ámbitos cultural, sociológico y político a lo largo del siglo XX (recogido por numerosos autores en lo que se refiere a lo político o,  más específicamente en el ámbito cultural,  menos estudiado, pero con bastantes trabajos, como, por ejemplo, por Olabarri Gortazar, I., “Un conflicto entre nacionalismos: La “cuestión regional” en España, 1808-1939″, en la obra colectiva La España de las Autonomías, Instituto de Estudios de Administración Local, IEAL, Madrid, 1985, ó Álvaro Chapa, La vida cultural de la Villa de Bilbao, 1917-1936, obra editada por el ayuntamiento de Bilbao, 1989), y que sigue sin atisbarse una solución definitiva en 2010. 

El Bilbao de José de Orueta

Siempre he oído decir a Jorge Oteiza eso de que Bilbao “es una ciudad bellísima en su fealdad”. No sé tampoco si todos los lectores han escuchado alguna vez la historia de Jado, ese bilbaino jactancioso de principios de siglo que, con bastante probabilidad, es el que mejor define al farol bilbaino. Allá por los primeros años de este siglo, Jado, célebre personaje, paseaba por el Campo Volantín, a la altura de lo que hoy es el Puente de la Salve. Por esa zona, en Deusto mismo, un barco. A bordo, el capitán amigo suyo, que le saluda. Escuchemos la conversación que mantienen, tan breve como trascendental y bilbaina.

– ¡Qué hay! , Juan, ¿qué tal estás?. Dice Jado a su amigo.

– Pues, nada, hombre, preparando el barco para zarpar. Limpiando y poniendo a punto los motores…

Jado sube a bordo y tras animada conversación, en una de éstas, el capitán Juan le espeta a Jado:

– ¿Quieres venir?.

– A dónde vais?.

– Vamos a Chile, replica Juan sin inmutarse, ante la expectativa de una travesía que podía durar meses…

Jado, tras pensárselo unos instantes, expresa:

– Hombre, ya me gustaría, pero no he dicho nada en casa…

El capitán responde:

– Ahí está un marinero que puede ir a tu casa y decirlo.

Con esta posibilidad, Jado ya lo tiene más fácil, por lo que, dirigiéndose con naturalidad al joven que le iba a hacer el recado, tras indicarle su domicilio, exclama:

– Oye, vete a mi casa y diles que hoy no voy a comer…

Esta es una bellísima historia contada por José de Orueta en su libro Memorias de un bilbaino donde proyecta el Bilbao de principios de siglo, en el que “bajaba el hierro” y se cultivaban las artes y el espíritu. El Bilbao de los escritorios, de los capitanes de empresa de la época, de los balnearios y las corridas de toros; el Bilbao de la burguesía pujante, del  de las factorías, los talleres, los barcos, los Bancos…

Ese Bilbao que describe Orueta de principios de siglo, que coincide con los tiempos en los que, en París, se inaugura la célebre Exposición de 1898. A esta Feria acude Orueta, tal y como nos cuenta en una simpática anécdota, a propósito de su viaje. Tenía que llevarse las navajas de afeitar, por lo que se dirige a casa del cuchillero, el conocido Zamacois. Mientras se provee de las cuchillas, comenta su plan. Zamacois, en su ingenuidad, le señala:

– “¿Cómo va Vd. a esa ciudad del infierno donde acaban de construir una torre de hierro, alta, altísima, solamente para desafiar a Dios?”.

El Bilbao de principios del siglo XX, ¿en qué se parece y en qué es distinto al Bilbao de 2010?. Al Bilbao de los atascos mañaneros, de la Ría que no termina de limpiarse del todo, del Metro, al Bilbao de los parques que han sustituido a las industrias, al Bilbao del Guggenheim y del turismo. ¿Es ese mismo Bilbao que narra Orueta o que describen ilustres bilbainos como Julio Ortega, Manuel Basas, K-Toño Frade, Patxuko Abrisketa o el que cuentan Emiliano Arriaga, Antonio de Trueba, el de los “cantares”, Elías Amezaga, Teófilo Guiard y tanta gente que se ha dedicado a escribir sobre la Villa?.

¿Es ese Bilbao el mismo del año 1300, año en el que Don Diego López de Haro fundara nuestra Villa?.

Bilbao, hoy

Bilbao, recuérdese, es una ciudad de dimensión media. El informe DATAR publicado en 1990, clasificó a Bilbao en el sexto nivel entre las ciudades europeas, concretamente en el puesto 54, después de analizar 64 ciudades de “talla o dimensión europea”. El ranking se basaba en un estudio exhaustivo que tomaba en consideración 16 indicadores: población, crecimiento de la misma, infraestructura cultural, universidades, tecnología, medios de comunicación, aeropuertos, puertos, ciudad de congresos, ferias, empresas multinacionales.

Londres y París encabezan el ranking. En el siguiente nivel, Milán; en el tercero, varias ciudades, entre ellas, Madrid y Barcelona; en el quinto, entre otras, Sevilla y Valencia; y Bilbao se sitúa en el sexto nivel, en el mismo que ciudades como Oporto y Burdeos, entre otras. Este dato puede considerarse como positivo en el sentido que las tres ciudades citadas pueden ser los pivotes del Eje Atlántico.

El contexto europeo y la pertenencia a la fachada atlántica producen indudables efectos en Bilbao, en el País Vasco. Esto es evidente. Está aumentando nuestra dependencia exterior europea, desde el punto de vista de la toma de decisiones. Las inversiones extranjeras también está jugando un papel decisivo en este contexto. Otro aspecto a considerar es la política de fondos estructurales que han tenido un impacto cada vez más destacado en algunas economías regionales.

En conclusión, debemos tratar de enmarcar en ideas el Bilbao de toda la vida, el de ayer, hoy y mañana. El Bilbao del futuro, porque para saber a dónde vamos es preciso conocer de dónde venimos, o en bella expresión en euskara: “Izan zirelako, gara; izan garelako izango dira” (Porque fueron somos; porque somos  serán).

 

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El sector público, que representa en torno al 50% del conjunto de la economía de los países en el mundo occidental, debe satisfacer un abanico muy amplio y diverso de necesidades sociales en materias como sanidad, educación, infraestructuras, medio ambiente, desempleo, pensiones, etc., para lo que debe proveer a los ciudadanos de servicios públicos a los que actualmente se aplica una creciente exigencia de calidad. 

Como es sabido, la Administración cuenta para ello con recursos públicos limitados, que provienen tanto de los impuestos y tasas como de la venta de determinados servicios, bien en competencia con el sector privado, bien en regímenes especiales (monopolios, cuasi-monopolios, concesiones, consorcios, etc.) y dispone, asimismo, de autoridad, al ser titular de poderes coercitivos que le sirven para obligar a los ciudadanos, en su caso, al cumplimiento de sus deberes con la sociedad. 

Las decisiones económicas de la Administración están sujetas al régimen presupuestario, conjunto de obligaciones entre las que destaca la rendición de cuentas, exigencia consustancial al Estado de Derecho y al principio de legalidad. 

 En los últimos años se ha producido un fuerte impulso de la eficiencia, economía y eficacia, de la Nueva Gestión Pública como fórmula organizativa y ejecutiva de las Administraciones públicas . 

Debe ponerse énfasis en los límites a la eficiencia y eficacia del sector público, que vienen dados por el logro del equilibrio entre la eficacia y las garantías de los ciudadanos. 

Una empresa privada puede contratar con la empresa que, a su juicio, le ofrezca mejores condiciones de precio, calidad de producto u otras razones que, libremente juzgue interesantes. Para ello, el comprador privado es libre de establecer los mecanismos de negociación abierta con los proveedores que considere más adecuados a sus objetivos últimos (maximización del beneficio, incremento cuota de mercado, etc.), todos ellos fácilmente medibles desde el punto de vista cuantitativo. 

Los políticos, gestores públicos (auténticos “jefes de compras” de las diversas Administraciones públicas), que administran los recursos de todos, están sujetos a una serie de principios legales y garantías, como son la igualdad y no discriminación, la racionalidad, transparencia, publicidad, concurrencia y buena administración y, en general, a los procedimientos tasados para las compras, propios de una Administración democrática. 

Pero en la actualidad, en el procedimiento (establecimiento del pliego de condiciones, generales y particulares, técnicas y administrativas, bases de licitación, apertura de plicas, propuesta de resolución…) sólo participan, además de los funcionarios, los representantes del gobierno (municipal, provincial o de otras administraciones públicas). La oposición sólo está presente al final del procedimiento, en los Plenos, Asambleas o Parlamentos, de una manera deslabazada, distante, con poco tiempo. Esta lejanía es más patente en el Gobierno del Estado y en el de las Comunidades Autónomas, en donde la oposición sólo habla en la discusión presupuestaria. El segundo debate, que debería ser incluso más importante que el primero, el del análisis de la Cuenta General, de la ejecución del presupuesto, pasa de puntillas, casi invisible, ante la  oposición, los medios de comunicación y la sociedad, con lo que el análisis de desviaciones es prácticamente inexistente

Si se introdujera la presencia de un miembro de la oposición en todo el procedimiento de compras, desde el establecimiento de las condiciones de contratación, liego de condiciones, bases de licitación, hasta la apertura de plicas y propuestas de decisión, su mera presencia y participación, en igualdad de condiciones con el representante del gobierno, debe servir, si no para erradicar toda irregularidad, ilegalidad o corrupción, pero sí para coadyuvar de manera muy relevante a una mayor vigilancia y transparencia en la contratación pública. 

Igualmente debe suceder en los Tribunales Calificadores para la selección de personal y en el conjunto de empresas, consorcios y demás organismos públicos, en los que no se suele permitir la presencia activa y directa en el proceso de la decisión. 

Esta es la idea de la “transparencia” que propugno y esto es, a mi juicio, la interpretación que debe darse al derecho a participar, en igualdad de condiciones, de todos los cargos públicos, lo que esta establecido en el art. 23 de la Constitución, pero mal desarrollado por las leyes. 

En el libro “El control de las cuentas públicas” propugno una serie de indicadores para emitir, por parte de los Tribunales de Cuentas, un juicio de objetividad, transparencia y atención al ciudadano, principalmente en los ayuntamientos, que puede ser extensible al resto de administraciones públicas. 

La propuesta se basa en una encuesta realizada al conjunto de los consejeros responsables de las entidades locales tanto en el Tribunal de Cuentas de España como en los diferentes órganos autonómicos de control externo (Tribunal vasco, Cámaras, Sindicaturas, Consejos o Audiencia de Cuentas), que cuenta con un diagnóstico específico de la situación actual de las entidades locales, elaborado a partir de un estudio empírico, relativo a las auditorías operativas, la objetividad y la transparencia, así como a cuestiones atinentes a la organización interna y al proceso de toma de decisiones en la gestión pública. 

Como colofón, se propone un listado abierto de indicadores que puedan medir, cualitativa y cuantitativamente, el grado de transparencia interna de los ayuntamientos.

Esta propuesta, junto  con la reforma de la ley de financiación de los partidos políticos y reforzamiento legal de los informes de los tribunales de cuentas para que sus recomendaciones y pronunciamientos  sean efectivos, pretende abrir un debate que conduzca a decisiones clave para la minimización de los riesgos de corrupción.

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